lunes, 12 de diciembre de 2005

Tensión Superficial

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

Desde mediados de los ochenta se habla con insistencia del fenómeno de la multiculturalidad. Se podría decir sin miedo a equivocarse que hoy diversidad, multiculturalidad e interculturalidad son términos que rebotan en muchas conversaciones sobre la realidad social.

Definirlos adecuadamente exigiría una tesis doctoral, pero a los efectos de esta nota, pivoteamos sobre la idea de multiculturalidad como la combinación de una pluralidad de culturas que mantienen permanentes vínculos entre sí, en un territorio dado, y con una unidad social (Zubiría Samper).

Lo fantástico del término son los temas que instala: el respeto, reconocimiento y diálogo de las culturales entre las que convivimos, su calidad de iguales, y la imposibilidad de otorgarles diferentes estatus. Asumiendo esta perspectiva, perime la idea de subculturas, paraculturas, y culturas subdesarrolladas, en especial a la hora de vincularse.

Córdoba tiene un motor de esta multiculturalidad, y son sus universidades: una verdadera amalgama de personas provenientes de diferentes lugares, realidades sociales, económicas, educativas y sociales confluyen como un mar humano todos los días en la infinita lista de carreras de grado, post grado, y cursos varios de las cuatro universidades, como así también institutos locales. Allí los docentes, con sus diversos puntos de vista irradiarán, a su vez, nuevas disidencias.

De hecho, se habla de más de un diez por ciento de la población de la ciudad, estudiando o cursando, lo que representa una verdadera usina de expectativas, talento, trasgresión, creatividad, y por sobre todas las cosas, conformación de idiosincrasias.

Lo bizarro e indescifrable de los hábitos culturales y gustos artísticos del perfil resultante, justifica la variedad de propuestas que conviven en la grilla de espectáculos de La Voz del Interior: chacareras, cuartetos, música de cámara, cumbias, techno-house, boleros, free-jazz, minimal, música del altiplano, rolinguismo. . . recorrer estos espectáculos es un viaje transcultural, que emana y salpica mutua influencia.

Finalmente es fascinante que Córdoba sea una palabra tensionada permanentemente por culturas e ideologías tan diferentes: ¿Cuál es la horma de Córdoba?, ¿la de las estancias jesuíticas y su legado? ; ¿la pequeña Bristol de Sudamérica? ; ¿la de la reforma Universitaria? ; ¿la ciudad de iglesias y campanas?, ¿la docta? ; ¿ la de las fábricas y los sindicatos?

Bristol si, Londres no

Ralf Dahrendorf describe a Londres, sobre la idea de “una esfera común compartida por todos y un grado considerable de separación cultural en la esfera privada ... o ...un espacio público multicultural en términos de los orígenes de las personas, y vidas privadas transformándose en guetos ”. Estos conceptos no parecen aplicables para esta ciudad, sobre todo si repasamos como nos hemos comportado este año.

Néstor García Canclini dice que tal vez es la deuda pública lo que nos identifica como latinoamericanos, y Gilberto Gil asume la diversidad, como factor identitario del Brasil.

Pareciera ser que estamos condenados, no al éxito, sino al camino más largo y difícil. Estamos obligados al dialogo permanente, a ofrecer intercambio y mixtura para, con un poco de suerte recibir lo mismo.

Debemos ocuparnos, con nuestras acciones y con nuestro apoyo como ciudadanos, de ser permeables y menos absolutos, de apostar por lo heterogéneo, de lo contrario la intolerancia se nutre de la intransigencia, y Córdoba como sustantivo se rompe porque no aguanta tanta tensión.-

martes, 1 de noviembre de 2005

Mapa genético de la cultura argentina

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

Marco Stanley Fogg es el personaje que Paul Auster crea para superar una serie de acontecimientos tan destinados como casuales en El Palacio de la Luna. Fogg busca sin saberlo, su origen y sus propias certezas, para confeccionar una definición de si mismo.

No es casual que la búsqueda de la identidad propulse la narración de una de las piezas claves del rompecabezas literario de los ´90s y que la obsesión por la propia definición de quienes somos, inclusive como estado, y como paradigma cultural, tenga tantas respuestas como habitantes hay.

Un grupo de especialistas ha trabajado desde mediados del 2003, como una escuadra austeriana, en aportar elementos para el análisis de este adn nacional, y los resultados están a un clic de distancia.

En www.cultura.gov.ar hay un cambio de los tiempos de Di Tella a esta parte, y es un cambio que se percibe en la manera de hacer y comunicar lo hecho. En el sitio oficial de la secretaria de cultura de la nación hay noticias, proyectos, programas, convocatorias para subsidios y becas, pero fundamentalmente hay información.

El apartado “Mapa Cultural de Argentina, sistema de información sobre instituciones y producción cultural” contempla los resultados de un relevamiento que realizó un equipo de diez técnicos de primer nivel, confeccionado en las regiones que aglutinan a todas la provincias.

Mientras el secretario de cultura Num se enfunda el pijama, el resto de los argentinos gozamos de la tarifa económica del teléfono y nos enteramos de cómo es donde vivimos. El mapa, primer intento de sistematización de todo el ámbito cultural y artístico, dibuja las dificultades de gestionar desde los miniestados neoliberales que siguieron a los ochenta, y su cartografía se ciñe a factores materiales como la concentración de medios, la caída de los ingresos y consecuentemente los consumos culturales de la población, además de factores subjetivos y simbólicos.

La primer sorpresa del mapa es la compleja historia de la producción cultural argentina. Aunque sintética, esta herramienta recorre en capítulos la producción cultural del país desde el siglo XVI a la fecha, poniendo énfasis en tópicos de la historia virreinal, o la consolidación de la vida cultural y el periodismo de comienzos del siglo pasado, a partir del centenario de la Independencia. Se menciona también la primavera cultural que acompañó la presidencia del Dr. Alfonsín, con su explosión de las libertades individuales, y la recuperación del espacio público.

Además de la reseña histórica, el perfil del país, y la descripción de las estructuras orgánicas de los diferentes niveles gubernamentales, el proyecto cuenta con una completa introducción a la legislación del sector donde se concreta los escurridizos conceptos de derechos culturales. Situándolos en la Constitución, partir de la reforma de 1994, se consolidan como derechos esenciales a la persona humana tanto en sus rasgos identitarios como en sus necesidades plurales.

Luego de un trabajo sobre patrimonio (siempre en sintonía con la propuesta de UNESCO de tomar el patrimonio cultural como memoria, motor fundamental de la creatividad) y de un detallado análisis de la situación de las industrias del libro, disco, cine, video y multimedia, el mapa y concretamente la Secretaría de Cultura hace foco sobre sí misma ya que comunica su deber: apostar al desarrollo espontáneo, desde políticas culturales consensuadas, corrigiendo las distorsiones causadas por un mercado “groseramente concentrado”.

Allí mismo la Secretaría enumera sus prioridades: Fortalecimiento de la identidad nacional en un contexto latinoamericano; Valorización de las formas populares; Descentralización geográfica; Mantenimiento y actualización de las instituciones culturales clásicas; obtención de fondos adicionales; Uso de los medios de comunicación para la difusión cultural.

Saldo deudor

El trabajo del mapa cultural no es para intelectuales. Es una herramienta para ciudadanos, un arma para los docentes, y un machete para los alumnos, particularmente de nivel medio y superior. Pero la seriedad con que ha sido desarrollado, así como la contundencia y especificidad de los indicadores generados, no hace más que dejar al descubierto una vez más que las prioridades con las que los gobiernos se embanderan son tragicómicas. Presupuestos insignificantes para megaestructuras, abandono de muchas de las instituciones que no solo se disponen a conservar sino que se actualizarían. Y si queremos hablar de lo que más duele, hablemos de descentralización geográfica.

Buenos Aires provincia y Capital Federal tienen 563 bibliotecas populares, más que la sumatoria de todas las bibliotecas de la Patagonia y la Región NOA. La Ciudad Capital tiene más bibliotecas que varias provincias, inclusive cuenta el doble que la correctísima Santa Cruz, (tal vez alimenten a los corderos con libros). En materia de gasto público –debería hablarse de inversión- por habitante, hay una sorpresa: la provincia que más dinero desembolsa es San Luis ($ 55), inclusive más que Capital Federal ($52) . Mientras la duda sobre las extravagancias en las que se invierten estos fondos implota en la imaginación colectiva, el mapa se completa: El gasto en cultura por habitante de Santiago del Estero es de $ 0.34 (162 veces menos que lo que le toca a un puntano), y en Formosa es $0.42. Esta provincia, para emprender una actividad artística de $ 1000, debe utilizar el presupuesto anual que corresponde a 2.381 ciudadanos. Según este mismo estudio, la antes mencionada provincia de Formosa tiene solo una sala de cine, San Juan 3 y Santa Cruz 4. La Capital Federal hace gala de su nombre con 196. Museos hay muchos, pero no así leyes provinciales de cultura. Sin dudar de la capacidad de síntesis de los legisladores entrerrianos y formoseños, una sola ley parece poco... La Pampa tiene 16.

El mapa cordobés:

Siempre en función de lo publicado, Córdoba cuenta 188 bibliotecas populares, nada mal frente a provincias con 50 o 60 establecimientos. Cuenta con 4 leyes provinciales de cultura, al igual que Buenos Aires. Nuestra provincia tiene 106 salas cinematográficas inclusive restando las que no funcionan, está primera, después de los grandes del puerto. Parecen suficientes, sobre todo si se confronta con la Rioja, 6 salas pero 3 están cerradas, o Santa Cruz con 4. En cuanto al gasto público por habitante, según este estudio se invirtió $ 4.62 en el 2003. El doble que Santa Fé, y la mitad que Santa Cruz. En el caso de la inversión cultural, hay muchos factores a considerar: características de la estructura y los recursos humanos (hay provincias que cuentas con teatros y otras que no) o casos de plantas de personal poco eficientes, en términos de productividad.

En realidad, lo que debería contar es la relación entre el presupuesto del gobierno y presupuesto cultural, impacto de la actividad en el producto regional, o volumen de la actividad independiente y comercial. Prueba de ello es que a pesar de nuestra mayor inversión, Santa Fe posee indicadores más favorables.

En realidad, lo que cuenta es la cultura en la que queremos vivir.-

martes, 30 de agosto de 2005

La desigualdad: Un derecho

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, fue aprobada en una Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 1948.

A pesar de su más de medio siglo en vigor, hoy no se cumplen muchas de su proclamas, no sólo en países periféricos, sino también en potencias. De hecho, durante la visita que hiciera el Nobel José Saramago a la Argentina el pasado año, el escritor portugués planteó que no sólo los estados desconocen el contenido de la declaración, sino que han relegado sistemáticamente la difusión de su contenido, esto a pesar del pedido de la propia Asamblea: que el texto de la declaración fuera <>.

Con esta catástrofe como escenario, cabe señalar que la declaración incluye una serie de reflexiones que aspiran a proteger los fenómenos culturales. Tan es así, que durante el mítico mayo francés del ´68 La UNESCO propició la reunión de los principales referentes intelectuales de diversas regiones del mundo para realizar la declaración de los derechos culturales como derechos humanos. Las propias discusiones, las ponencias y los puntos de encuentro fueron publicados en un libro cuya edición en español data del año 1970. Sus aportes son tan valiosos que deberían estar en todas las bibliotecas, o cuando menos debería ser aprendidos de memoria para ser empleado de la secretaria de cultura.

Han pasado más de 35 años de esos debates e independientemente de la polisemia de la palabra cultura (que ahora lleva “s” final de manera casi permanente) los derechos culturales siguen siendo una categoría subdesarrollada, inclusive en países desarrollados.

Así todo hablar de derechos culturales, y particularmente de derechos culturales como humanos responden a una necesidad de jerarquizarlos por encima del renglón folclórico o étnico. Desde esta perspectiva y enmarcados en un proceso de globalización donde la aparición de las redes de comunicación y el desarrollo de la llamada sociedad de la información ha quebrado de manera violenta las formas de vincularse, el derecho a acceder a la pluralidad de las culturas es un tema de una actualidad acuciante.

Derecho al disfrute de las culturas, a su desarrollo, conocimiento y mutuo respeto. Convivencia con los diferentes grupos que, por encima de las tradiciones, aspira a generar un patrimonio más variado, diverso y complejo.

En una publicación reciente de la exposición ¿Cultura (s)? Alternativas, diversidad, derechos se plantea una fabulosa contradicción < viene a ser completada por una expresión más rica que lo incluye “Los derechos de las culturas”. >>

Esta nueva acepción del término derechos culturales, se aparta de la vieja tradición de respeto y conservación (en formol) de lo tribal para redimensionarlo a la realidad actual, sencillamente ofreciendo una mayor riqueza de opciones. Opciones sobre las cuales elegiremos, lamentable e indefectiblemente, lo mismo una y otra vez como un robot ideado por Matt Groening para la serie Futurama.-

lunes, 1 de agosto de 2005

Independientes, autogestionados y periféricos

(Publicado en córdoba en 2005)

La feria periférica

El domingo 4 de diciembre terminó Periférica (www.periferica.com.ar), la feria / encuentro de espacios de arte, editoriales y sellos independientes que se realizó en Capital Federal. Con el sugestivo eslogan de arte de base, esta primera experiencia organizada por popes “anti-mercado” como Fernanda Laguna (Belleza y Felicidad), Gustavo López (espacio Vox), y Gustavo Crivilone entre otros, y consiguió reunir a cerca de 100 proyectos.

El Centro Cultural Borges –que históricamente no ha hecho buena letra con los independientes- de las Galerías Pacífico se vio invadido, literalmente, por una importante muestra de la producción artística emergente de todo el país.

Un usuario habitual esperaría encontrar a los porteños postpunks de siempre, pero Periférica demandaba más tiempo (y menos glamour en el aspecto del visitante) para su recorrido que la última feria de galerías Arteba.

Periférica fue un gesto de apertura de sus organizadores, que plasmó con eficacia la diversidad y heterogeneidad de la producción reciente. Un sueño hecho realidad donde el asistente, como Homero Simpson en el planeta de las rosquillas, pasaba de los originales de Max Cachimba a la venta en el Club del Dibujo, a las obras de Antonio Becerro (perros embalsamados y posteriormente intervenidos). El hecho que las obras plásticas, aunque estuvieran a la venta, no hubieran sido concebidas con expectativas comerciales ni con criterios museísticos, sumado al diálogo en el espacio con las lo musicales y editorial, completaba un paseo caleidoscópico. Así los proyectos de Tucumán, Chubut, Neuquén, Salta, Entre Ríos, Santa Fé, y obviamente Córdoba, ofertaban con precios a la altura de los bolsillos de un ciudadano clase media, y probablemente buenas posibilidades de entrar en la carteras de las señoras enchapadas en oro de calle Florida.

Las producciones

En cuanto a lo expuesto, cabe destacar, la copiosa exhibición de dibujo (evidentemente la economía de su producción es una explicación) algunos de ellos a lapicera. Abundancia, también, del collage y de otras obras de factura manual, inclusive, con materiales reciclados o recogidos de la calle. Por caso, los libros a mano de Eloisa Cartonera. Las pequeñas ediciones, menos ampulosas que las comerciales, pero delicadas e inhallables movieron el talonario de recibos con eficacia.

En el ámbito pictórico, y contrariamente a las suposiciones, había mucho para ver de casi todas las provincias, y si algo quedaba claro en este campo es la disparidad de búsquedas: hiperrealismo, abstracto, figurativo, todo vale. Todo con calidad y, por cierto, con ventas. La fotografía y el vídeo tuvieron un lugar de privilegio, con una reivindicación de la figura humana, hacia la temática sexual en algún caso, hacia la belleza de los cuerpos comunes en otros.

Los Cordobeses que dijeron presente fueron los Casa 13; Arreboles de Mequetrefe, de Ana Volonté y Julia Tamagnini; Lucas di Pascuale con su “I love my car”; Loba Producciones donde se entregaban pequeñas obras de Cuqui a los afortunados curiosos y los videastas Arte Proteico que montaron un cubo con bolas en su interior, donde los espectadores se recostaban para viajar al universo de sus audiovisuales. También, dentro de proyectos nacionales, estaban Dolores Esteve con sus autorretratos, Leticia El Halli Obeid, Cristian Román, Julia Romano, y los Dialogo Beat, compartiendo bateas, entre otros.

Independientes y autogestionados siempre de la mano

El aguante que representó la feria en el Borges puede ayudar a trazar un paralelo con lo local. La escena contemporánea independiente es, sin margen para la duda, la huerta cuyos frutos alimentan los circuitos comerciales y el oficial. Sin tener presente la glotonería de ambos ámbitos, nadie regó la huerta lo suficiente, y en estos momentos se la riega poco. Fruto de la escasez de recursos, y del espíritu de supervivencia –que los artistas han desarrollado con una capacidad sólo comparable a las cucarachas de Nagasaki- la escena ha profesionalizado una costumbre de autogestión y de colectivización cuyos resultados se ven a diario. También cabría decir que se ven en el diario.

El intercambio multidisciplinario entre los artistas, gracias a cierta conciencia de “o nos salvamos todos, o ninguno” sumado a las posibilidades de información que ofrece la internet y –hay que decirlo- un creciente interés de algunas instituciones por interactuar con los artífices de la producción “alternativa” (las comillas deberían ser enormes, pero cabe el término) ha configurado un escenario que sobrevive y no sólo genera obra cargadas de experimentación, sino que se gestionan espacios y fondos. Fruto de la posibilidad cierta de construir espacios y para-instituciones, aparece una capacidad legitimadora con peso específico propio.

Así como cualquier conductor intenta reparar su auto, si este se detuvo en el medio de un paraje desértico, en términos de políticas culturales, queda delimitada una fractura histórica en la realidad artística y creativa. Lo independiente, y su capacidad de autogestión ha subsistido, ha persistido, por ausencia del estado. Si los grupos y espacios se están organizando y están produciendo, es el momento de ayudarlos. Ahora.

Por eso, empresas y fundamentalmente un Estado que quiera merece su E mayúscula debería prodigar vida y recursos a los que no tienen ni presupuesto públicos, ni posibilidades comerciales.

Si se propone definir independiente, se habla de autonomía o de no pertenencia a supraestructuras. Pero de independiente, a abandonado hay un trecho que se acorta o alarga en función de la voluntad de dialogo de los representantes del Estado. Con o sin mayúsculas.

Noche con premio para la escena independiente local

Noche del 7 de Diciembre, una parte del mundillo independiente cordobés celebra un año más en la cuenta. Es un poco tarde y la variedad de bebidas se restringe a cerveza. Marcelo Massa baila a un costado, mientras todo el grupo del teatro minúsculo arenga a un Gonzalo Marull ataviado como un play boy. Están todos los integrantes del Cineclub El Corto. Andrés Oddone y Jorge Castro intercambian datos de sus respectivas giras. Ricardo Cabral se deja rodear por las chicas y cada uno celebra un año que demostró que Córdoba también es un lugar de emisión de señales y símbolos.

Así como la Cochera, tal vez el arquetipo de lo independiente, marcó el aniversario número 20 en su propia contabilidad, esta ciudad tiene un año más de perdón. Pero ese perdón conseguido durante el 2005, no proviene de las instituciones -aunque estás han estado y han hecho- sino de los artistas, grupos, colectivos, francotiradores, espacios, micro-editoriales, trincheras, y cooperativas que son el combustible que enciende el motor cultural de la parte de la ciudad, que no se hace cargo de ser “la docta”. Lo independiente en Córdoba tiene poder y tufillo, a fuerza de trabajo y de producir mucho del arte que está más cerca de la gente de a pié. El arte del esténcil, de las intervenciones urbanas. El de la pista de baile, y el del recital en la plaza.

Volviendo a la fiesta, mientras cada uno de los asistentes (casi en su totalidad bailarines en ese momento de la noche) saca su propias cuentas anuales, de proyectos concretados y por concretar, el destino les hace regalo una sorpresa. Dos tipos de doscientos centímetros entran a la fiesta, acompañando a una persona de baja estatura y campera rojo Marlboro. Manu Chao, salido de una reunión cumbre con la Mona, vio luz y entró sin invitación.

Una hora después, el rey de lo independiente está al volante de la cabina del djay, con todo el mundo bailando las ocurrencias del gurú. Una conclusión: permanentemente, en el ámbito independiente hay sorpresas, y la cerveza, del pico, sabe mejor.-

viernes, 1 de julio de 2005

En que gastamos cuando gastamos en cultura

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

Naciones Unidas da a conocer su informe del desarrollo humano, correspondiente al año 2003, y la Argentina posa orgullosa en el concierto de las naciones, como el país con mejores indicadores de América Latina. Esta panorámica global de NU, al igual que la foto de egresados en Bariloche que cuelga de alguna pared, nos recuerda cuanto crecimos y quienes eran, o son, nuestros compañeros de banco. (Note el lector la sutileza: banco escolar /banco de acreencias internacionales)

En términos culturales, las búsqueda de indicadores y variables es más compleja, de hecho, es difícil contar con recursos para generar estas investigaciones. Sin embargo un magnífico informe de indicadores culturales, correspondiente al 2003, lleva la firma de UNTREF, Universidad Nacional de Tres de Febrero, Buenos Aires. Institución pionera en la formación para la gestión cultural, presencial y virtual, que –aunque Ud. no lo crea- es publica.

El informe, en sintónica con trabajos parciales publicados por observatorios culturales, refleja la trascendencia de la actividad cultural conjuntamente con su innegable (no por ello menos polémico) carácter productivo.

Un primer dato relevante señala que las industrias culturales en su conjunto, con u monto de 7.363 millones de pesos, son más importantes que la industria automotriz, que ostenta 5.000 millones anuales. Con esa perspectiva, este conjunto de actividades económicas representaba, en el momento de la muestra, el 2,8 del PBI. Hoy en día ha superado la barrera del 3 %.

Estas cifras ofrecen una realidad auspiciosa, pero a la vez edulcorada. Las industrias culturales son una gran bolsa que se desinfla en un 33% si quitamos lo que corresponde a la inversión publicitaria en medios: casi 2.700 millones de pesos son propaganda. (Con este dato, no le parecen largos los cortes comerciales).

A los efectos de tomar dimensión de la importancia de la cifra, hay que tener en cuenta que en la Argentina se venden medios gráficos por 818 millones, libros por 650, entradas de cine por 154 y de teatro por 70 millones. Parecen números deprimentes si se los compara con el negocio de la televisión por cable, que junto con la satelital mueven más de 2.000 millones. No es un error, ya que según este informe, la televisión por cable es, después de la actividad publicitaria el mayor negocio de la bolsa cultural.

El ranking de los consumos argentinos

El estudio de la Tres de Febrero no sólo ha tomado en cuenta las declaraciones de quienes comercializan bienes culturales, sino que para su realización se ha cruzado todo tipo de datos. Cruzado o no, la actividad más modesta en su volumen es el mercado del arte. En un año se concretan operaciones por 13.2 millones de pesos, lo que supondría su desaparición visual en cualquier tipo de gráfico que le solicitemos al programa Excel.

Uno de los negocios más voluminosos es la venta de prensa gráfica, diarios y revistas. Con un 70% para los primeros y 30% en el ítem de las segundas.

Los libros, representan la tercer gran tajada de la torta de la economía cultural. Triplican el negocio del alquiler de videos y contemplaban, al momento de la crisis, un gasto anual por habitante de $18. Las rentas de videos, suponían en el 2002 actividad para 2.550 videoclubes, y el gasto promedio del país se situaba en $5.9. El cine llena sus salas con más de 30 millones de espectadores al año. Se cuenta un promedio de inversión individual de $4,28. El volumen de la actividad teatral es menor a la mitad de la cinematográfica y supone una inversión por habitante de $1.95. Pero si se tiene en cuenta que el promedio de entrada es de $15 (tres veces la del cine), la afluencia de público es sensiblemente menor: 4,74 millones espectadores agrupados de la siguiente manera: 1 millón acuden a teatros oficiales, otro tanto a salas independientes, y 2,75 a comerciales. Debemos presumir que muchos de ellos lo hacen en la porteña calle Corrientes.

Entre la facturación de los cines y la teatral está la venta de material en distintos soportes: videos, cds, cassettes y más recientemente dvds. La Cámara Argentina de Fonogramas y Videogramas, CAPIF, estima que los argentinos gastamos $3,12 por año en estas compras. Por cierto, esta es una de las industrias más polarizadas: sólo 18 empresas venden el 90% del total, y nada menos que 80 empresas venden las unidades restantes, que son las más económicas.

La pantalla no tan chica.

El segundo gran negocio cultural, después de la publicidad, es la televisión por cable. Contaba, en el año 2002 –plena crisis- con 4.7 millones de suscriptores, cantidad que había bajado sensiblemente después del 2001. El dato de que quienes reciben el servicio pagan más de $ 500 anuales, ayuda a comprender como una cosa tan chica alimenta a más de 1.500 operadores distribuidos en 1.100 ciudades, muchas de las cuales no tienen ni un cine, ni un teatro.

Esto sin tener en cuenta la televisión satelital, con tarifas anuales de más de $800 y una creciente cantidad de abonados.

En la vida publica, cuando la inversión estatal para cultura es pequeña, todos nos quejamos hasta ver correr la cabeza del Secretario de Cultura de la Nación. Pero cuando volvemos a casa, no paramos en ninguna librería. No vaya a ser cosa que no alcance para la cuenta del cable.

miércoles, 1 de junio de 2005

En defensa de la ecología cultural

(Publicado por la Revista Escenario. 2005)

Hace algunas semanas que se celebró el IV Campus Euroamericano de Cooperación Cultural. El autor de esta columna tuvo oportunidad de asistir, e independientemente del grosor -en este caso debería llevar doble s porque todos eran grossos - de los expositores, brilló el Ministro de Cultura de Brasil, Gilberto Gil.

Todo comenzó con Gil apareciéndose con un negrote cinematográfico, Carlinhos Brown. Look de Carlinhos : jeans deteriorados, chaleco de taje tres piezas sobre su piel, gafas Ray Ban adheridas al rostro y una bola de rastas envueltas en un turbante verde loro. En todo caso su aspecto fue tan atípico como su lucidez para simplificar el problema de la cooperación cultural de la siguiente forma “la cooperación internacional siempre fue un sueño que seguimos esperando que llegue. Hoy queremos despertarnos y formar parte de los acontecimientos”.

A su turno, Gil no se anduvo con titubeos: para quienes trabajamos en Brasil, y el MERCOSUR, la tarea es hacer de la cultura una estrategia de gobierno. Está de por medio la semiodivesidad cultural y, así como con cuidado del medio ambiente, la protección de la diversidad cultural es un problema que se traduce en deterioro y empobrecimiento de grandes zonas del planeta.

Para el Ministro (en este caso Ministro lleva una merecida mayúscula) gran parte del problema radica en la desigualdad a la hora de interactuar con el norte. Los Estados Unidos han torcido los vectores globales de las industrias creativas y culturales de muchas regiones del globo. De hecho, lo que fueron zonas ricas (en términos culturales) están inundadas de fenómenos transculturales, con el consiguiente naufragio de muchos proyectos ciudadanos. Empezando por el cine y la TV, la polución de los ecosistemas culturales es una problemática que requiere acciones enérgicas y fundamentalmente espacios públicos de trabajo, defensa y reivindicación sostenida.

Casualmente el papel de éste, nuestro teatro. Una suerte de safari por la reserva zoológica (y no lo digo por las características de algunos de los habitúes del Libertador) donde muchos accedemos, en cada función, a experiencias que de otra manera se hubiera extinguido: expresiones culturales únicas, irrepetibles, producidas en casa, o sobrevivientes del exterminio.

En defensa de nuestra diversidad cultural, del derecho a la identidad y él de toda la provincia, se erige el Teatro que trabaja para la producción y no para la reducción de nuestra biosfera vital. Un teatro que produce arte y cultura viva, para no cederle el lugar a un mausoleo que exhiba momias.-

Una fábrica de artistas

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

Hace un buen puñado de años, tu día estaba impregnado de arte. Por la mañana estudiabas fotografía en la Lino Eneas Spilimbergo, “la Spili”. La tarde y su noche eran para proyectar las películas del Cineclub El Ángel Azul. Con las imágenes que te habían regalado Bergman, Truffaut, o el maestro de turno en la cabeza, tomabas Colón hacia el este, girabas por Salta y entrabas a visitar a tus colegas de la Escuela Figueroa Alcorta.

El turno noche de la Figueroa tenía un tufo pesado, como corresponde al ambiente de una movida que esperaba su momento de hacerse conocer.

Alguien bajaba tarde, antes que el portero empiece a cerrar el edificio, y volvía con una cerveza clandestina en la mochila. Esta era la manera de evitar la deshidratación en verano y de hacer que los dientes no castañeen en invierno (En la escuela hacía tanto frío en invierno, que te abrigabas para entrar).

De esas noches con quienes constituirían las futuras vanguardias, te quedan recuerdos de panfletos en contra de todos, los fanzines sin periodicidad, una lista de amigos entrañables y otra igual de personas que probablemente no vuelvan a saludarte.

Tumbas una pilita de años en el almanaque y entras a la Ciudad de las Artes, el mega proyecto de impolutas paredes, que aúna en un solo predio al conservatorio, y a las escuelas de artes aplicadas, cerámica, bellas artes, y teatro.

Hay muchos recorridos posibles, pero si sencillamente elegís ir hacia la derecha, entras al conservatorio, y box tras box irás escuchando los ensayos de violín, de piano, o de la flauta. Parece una propaganda, pero es real: esos alumnos/músicos que el año pasado ensayaban en el baño, están protegidos. Cruzas un lobby y de nuevo la sorpresa de una sala de exposiciones, que es más que digna. Está erguida y se despunta como una articulación de museos.

Por caso, la exposición actual que cogestionada con la Agencia Córdoba Cultura, describe un relato histórico con obras casi desconocidas de la colección del Museo Caraffa, asumiendo así un rol importante: dar a conocer y estudiar el patrimonio provincial.

Luego de una serie de importantes mejoras a realizarse en las salas de exposición, entre las que cuenta la implementación de un sistema de refrigeración y calefacción adecuado, la programación del espacio que ocupó la ex-sastrería militar revisará la obra de Hugo Bastos, y más adelante la enseñanza del desnudo, siempre sobre la línea de docentes o egresados de la escuela.

Hay que decir que en un predio de 5 hectáreas no todo lo que crece son flores. En la escuela de fotografía algunos docentes señalan la falta de diálogo como la razón que conduce a sets con ventanas cuya luz es imposible de controlar. A laboratorios sin equipamiento aún, y computadoras con vida interior, o muerte exterior según el caso.

Apoyando el oído sobre los muros de cemento hay más comentarios, pero el hecho es que la Ciudad de las Artes es inclusiva para las personas con capacidad diferentes, una sofisticación para los edificios que han quedado atrás. Y lo que pesa por sobre todas las cosas: está destinada a construir el diálogo interdisciplinario, haciendo converger lo diferente. De esta manera podrá devolverle a la sociedad, más y mejor calidad artística. Más Malancas, más Pedones, otra Olimpia Payer. O más cerca en la historia, artistas de la trascendencia de Sahade, Alievi o Berra.

Cuando salís del predio es de noche y se te ocurre un deseo: me gustaría ser guardia de seguridad una sola noche para dejar pasar alguna mochila sospechosa.-

domingo, 1 de mayo de 2005

Una de piratas y discográficas

Señor X baja música de Internet. Todos le conocemos hace mucho tiempo, y sinceramente, no parece un delincuente ni un pirata de esos que tan bien se retratan en las colillas de los DVDS. Sí, los protagonistas de esas tandas que no se pueden adelantar, ni pulsando mil veces el fast forward de la reproductora.

Efectivamente este señor gana poco más de mil mensuales, y sin llegar a ser un melómano, gusta de llegar a su casa el viernes con 2 o 3 discos succionados mediante alguno de los programas que, a juicio de las multinacionales, diseñó el demonio en persona. Más allá de las tristes campaña publicitarias de los sellos, este buen vecino que no debe ningún impuesto, abre el diario un día y se entera que se vienen las multas. El lector pensará que no vivimos en un país pionero en capacidad de respuesta ante el delito, y menos de tal grado de sofisticación, pero Argentina será el orgulloso primer estado en sancionar a los que no quieran o no puedan pagar más de un dólar por canción.

Una gran comunidad

El caso de este cordobés es uno entre decenas de millones de usuarios de programas de intercambio de archivos. Inclusive muchos músicos independientes creen que los ingresos de este siglo provendrán de las giras y no de la venta de discos.

Más flexibles, en la feria de música Popkomm realizada en Berlín hace pocas semanas, numerosos sellos discográficos de estéticas o perfiles acotados, consideraron la internet como un escaparte en términos de difusión. Aunque partidarios de cobrar pequeños montos por las descargas, corroboran el aumento exponencial del consumo musical, que “ya se puede percibir en la vida cotidiana”.

Cabe preguntarnos: ¿Con los discos “bajados” de la web hemos impedido que Michael Jackson compre regularmente nuevas sábanas de seda? ¿Hemos perjudicado a los Rolling Stones hasta el punto de obligarlos a viajar en el E4? ¿O sencillamente los gerentes de dos o tres gigacompañías no podrán cambiar el yate este año? En esta segunda mitad de década, los independientes y asociativos que gustosos navegan el mar de la red desde hace mucho, ya están trabajando en netlabels (sellos que funcionan desde la web como soporte).

En defensa del Señor X y sus discos mal habidos también se puede decir que este año, los partidarios de la libre circulación de ideas se reunieron en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona y bajo el titulo de copyfight discutieron varios días la peligrosidad del paraguas de los derechos de autor, donde se refugian más contadores que artistas. Contadores y empresas que han sido juzgados y condenados con sentencias millonarias por inflar precios de los discos en EEUU.

Castigar a señor X, o reclamarle 15 dólares norteamericanos por un disco es un gesto obsceno de las compañías discográficas. Y en gran parte debido a que son monstruos saúricos que sistemáticamente taponaron las posibilidades de crecimiento de los creadores que no entraban en planillas de cálculo e intentan retener contenidos que hoy, fluyen a borbotones.

Aunque no se conoce una respuesta justa, se puede empezar con los conceptos de la Declaración de Independencia del Ciberespacio, de Barlow.

“Googleeló” que todavía es gratis.-

viernes, 1 de abril de 2005

ABC de la Diversidad cultural

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

21 de Mayo día mundial de la diversidad Cultural

Un día para reflexionar

El día mundial de la diversidad cultural para el diálogo y el desarrollo, es una propuesta que surge en noviembre de 2001, a partir de la adopción de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural.

A pocos meses del atentado de las Torres Gemelas, un verdadero paradigma de la indiferencia ante la multiculturalidad, la Asamblea General de las Naciones Unidas con sus 185 estados miembros estableció el 21 de Mayo como el día para invitar a todos los hombres a buscar ideas, y valores destinados a aprender a vivir mejor juntos. Juntos en una era marcada por el contraste entre, el auge tecnológico comunicacional, y situaciones de pobreza extrema.

La próxima jornada del 21 es una celebración que alienta a valorar y reconocer nuestras deudas para con otras culturas, su unicidad, y el valor de los aportes inter-cambiados en una realidad histórica marcada por la interconexión y la aceleración de las dinámicas sociales.

Más que un día, el estudio de lo diverso en términos culturales, fue uno de los ejes temáticos del Forum Barcelona 2004. Desde la Organización, se sostienen otros programas como que accionan sobre la misma problemática: el libro como factor decisivo en la proyección de identidades múltiples, el Multilingüalismo para la diversidad cultural y la participación de todos en el ciberespacio, y Todos distintos, todos únicos, destinado a jóvenes.

¿Qué es la UNESCO y cuáles son sus lineamientos?

UNESCO es una Organización de las Naciones Unidas, dedicada a la Educación, la Ciencia y la Cultura. Trabaja desde hace casi sesenta años con metas que van más allá de la cooperación con países en vías de desarrollo, y la protección del patrimonio mundial. De hecho, tiene un objetivo ambicioso y complejo: aportar a la construcción de la paz entre los hombres mediante herramientas como la comunicación, las industrias culturales, la educación primaria universal, la supresión de la disparidad genérica, la preservación de los recursos medioambientales, y la generación de un proceso de convergencia de voluntades basado en el respeto y dignidad de las diferencias.

A criterio de la UNESCO, propiciar la paz no solo es evitar la guerra entre estados. La paz es una idea fuerza que motoriza y justifica los presupuestos para la construcción y mantenimiento de servicios públicos, prodigando, en propias palabras de la organización “poblaciones que realicen proyectos de futuro; mentes liberadas de los traumas de la violencia y de las ideas de venganza, mentes receptivas a las ideas solidarias”.

Aspectos extraídos de la Declaración Universal sobre la Diversidad Cultural

Desde el primer artículo de la proclama, (que puede encontrarse en español y de manera íntegra en www.unesco.org ), se plantea el concepto de la diversidad cultural como un factor trascendental para los hombres, equiparándolo a la importancia de la biodiversidad entre todos los organismos vivos.

Por consiguiente, los estados partes se comprometen a garantizar el trazado de líneas de acción claras, para la armoniosa convivencia de personas y grupos en un tiempo vertiginoso, cargado de identidades plurales, variadas y dinámicas. El pluralismo cultural, pasa a ser una respuesta política para ampliar las posibilidades de expresión y elección, generando acceso a una existencia intelectual, afectiva, y espiritual satisfactoria.

La defensa de la diversidad cultural supone así, el compromiso de respeto a los derechos humanos, la libre circulación de las ideas, y la igualdad de oportunidades frente al saber, lo científico y lo tecnológico.

En términos de tradiciones culturales, la Declaración hace hincapié en la preservación, valorización y transmisión entre generaciones del patrimonio, fuente inagotable para nutrir la creatividad futura.

En los últimos artículos, también se reflexiona sobre el papel del sector publico, su diálogo con el sector privado y la sociedad civil. En este caso, contrarrestando las fuerzas del mercado, existe el compromiso de viabilizar las diferentes industrias culturales, la diversificación de los servicios culturales, y la recategorización de los bienes culturales, por encima de las demás mercancías u objetos de consumo..

Y por casa?

Recorrer la web institucional de la Unesco es tranquilizador, particularmente si quien lo hace no vive en Kosovo. Además, si el cibernauta es cordobés, se sentirá diversamente correcto al observar con tolerancia las imágenes de aborígenes (unas 350 millones de personas repartidas en más de 70 países del mundo, y con más de 5.000 lenguas y culturas) ilustrando la pantalla.

Las imágenes de las más variadas culturas del globo, no incluyen fotos de punks en la zona del abasto, cuarteteros en el estadio del centro, o artistas graffitis. Sin embargo estas son las expresiones de diversidad y alternativas de la ciudad en la que vivimos.

En “La Docta”, vecinos y mandatarios no tenemos por costumbre incorporar las diversas formas que adquieren las expresiones artísticas y culturales a través del tiempo y el espacio. Muy por el contrario la originalidad, más que agradar, incomoda.

En ocasiones, al bajar de la platea de un teatro, despreciamos el ruido electrónico de los pubs nocturnos. En otras ocasiones, despreciamos a lo viejo por rancio, cuando en realidad es generosa experiencia. También, desde las editoriales independientes, aborrecemos cualquier publicación cuyo diseño e impresión sea oneroso, independientemente de las ideas que contenga.

La definición de diversidad cultural que reza, “la diversidad se manifiesta en el lenguaje, las creencias religiosas, en el arte, en la música, en la estructura social, en la dieta y en todo número concebible de otros atributos…” es la mejor manera de darnos cuenta que, mucho del mutuo descrédito que caracteriza a Córdoba, lleva al desprecio de la corbata del señor bien, y a la cresta del pibe mal. La irresolución de estos conflictos culturales radicaliza posiciones que inciden en más brutalidad social.

Tal vez sea momento de darnos cuenta que estamos frente a diferencias sociales, generacionales, y en definitiva, estamos sumidos en la absoluta diversidad domestica.-