miércoles, 1 de junio de 2005

En defensa de la ecología cultural

(Publicado por la Revista Escenario. 2005)

Hace algunas semanas que se celebró el IV Campus Euroamericano de Cooperación Cultural. El autor de esta columna tuvo oportunidad de asistir, e independientemente del grosor -en este caso debería llevar doble s porque todos eran grossos - de los expositores, brilló el Ministro de Cultura de Brasil, Gilberto Gil.

Todo comenzó con Gil apareciéndose con un negrote cinematográfico, Carlinhos Brown. Look de Carlinhos : jeans deteriorados, chaleco de taje tres piezas sobre su piel, gafas Ray Ban adheridas al rostro y una bola de rastas envueltas en un turbante verde loro. En todo caso su aspecto fue tan atípico como su lucidez para simplificar el problema de la cooperación cultural de la siguiente forma “la cooperación internacional siempre fue un sueño que seguimos esperando que llegue. Hoy queremos despertarnos y formar parte de los acontecimientos”.

A su turno, Gil no se anduvo con titubeos: para quienes trabajamos en Brasil, y el MERCOSUR, la tarea es hacer de la cultura una estrategia de gobierno. Está de por medio la semiodivesidad cultural y, así como con cuidado del medio ambiente, la protección de la diversidad cultural es un problema que se traduce en deterioro y empobrecimiento de grandes zonas del planeta.

Para el Ministro (en este caso Ministro lleva una merecida mayúscula) gran parte del problema radica en la desigualdad a la hora de interactuar con el norte. Los Estados Unidos han torcido los vectores globales de las industrias creativas y culturales de muchas regiones del globo. De hecho, lo que fueron zonas ricas (en términos culturales) están inundadas de fenómenos transculturales, con el consiguiente naufragio de muchos proyectos ciudadanos. Empezando por el cine y la TV, la polución de los ecosistemas culturales es una problemática que requiere acciones enérgicas y fundamentalmente espacios públicos de trabajo, defensa y reivindicación sostenida.

Casualmente el papel de éste, nuestro teatro. Una suerte de safari por la reserva zoológica (y no lo digo por las características de algunos de los habitúes del Libertador) donde muchos accedemos, en cada función, a experiencias que de otra manera se hubiera extinguido: expresiones culturales únicas, irrepetibles, producidas en casa, o sobrevivientes del exterminio.

En defensa de nuestra diversidad cultural, del derecho a la identidad y él de toda la provincia, se erige el Teatro que trabaja para la producción y no para la reducción de nuestra biosfera vital. Un teatro que produce arte y cultura viva, para no cederle el lugar a un mausoleo que exhiba momias.-

Una fábrica de artistas

(Publicado por La Voz del Interior. 2005)

Hace un buen puñado de años, tu día estaba impregnado de arte. Por la mañana estudiabas fotografía en la Lino Eneas Spilimbergo, “la Spili”. La tarde y su noche eran para proyectar las películas del Cineclub El Ángel Azul. Con las imágenes que te habían regalado Bergman, Truffaut, o el maestro de turno en la cabeza, tomabas Colón hacia el este, girabas por Salta y entrabas a visitar a tus colegas de la Escuela Figueroa Alcorta.

El turno noche de la Figueroa tenía un tufo pesado, como corresponde al ambiente de una movida que esperaba su momento de hacerse conocer.

Alguien bajaba tarde, antes que el portero empiece a cerrar el edificio, y volvía con una cerveza clandestina en la mochila. Esta era la manera de evitar la deshidratación en verano y de hacer que los dientes no castañeen en invierno (En la escuela hacía tanto frío en invierno, que te abrigabas para entrar).

De esas noches con quienes constituirían las futuras vanguardias, te quedan recuerdos de panfletos en contra de todos, los fanzines sin periodicidad, una lista de amigos entrañables y otra igual de personas que probablemente no vuelvan a saludarte.

Tumbas una pilita de años en el almanaque y entras a la Ciudad de las Artes, el mega proyecto de impolutas paredes, que aúna en un solo predio al conservatorio, y a las escuelas de artes aplicadas, cerámica, bellas artes, y teatro.

Hay muchos recorridos posibles, pero si sencillamente elegís ir hacia la derecha, entras al conservatorio, y box tras box irás escuchando los ensayos de violín, de piano, o de la flauta. Parece una propaganda, pero es real: esos alumnos/músicos que el año pasado ensayaban en el baño, están protegidos. Cruzas un lobby y de nuevo la sorpresa de una sala de exposiciones, que es más que digna. Está erguida y se despunta como una articulación de museos.

Por caso, la exposición actual que cogestionada con la Agencia Córdoba Cultura, describe un relato histórico con obras casi desconocidas de la colección del Museo Caraffa, asumiendo así un rol importante: dar a conocer y estudiar el patrimonio provincial.

Luego de una serie de importantes mejoras a realizarse en las salas de exposición, entre las que cuenta la implementación de un sistema de refrigeración y calefacción adecuado, la programación del espacio que ocupó la ex-sastrería militar revisará la obra de Hugo Bastos, y más adelante la enseñanza del desnudo, siempre sobre la línea de docentes o egresados de la escuela.

Hay que decir que en un predio de 5 hectáreas no todo lo que crece son flores. En la escuela de fotografía algunos docentes señalan la falta de diálogo como la razón que conduce a sets con ventanas cuya luz es imposible de controlar. A laboratorios sin equipamiento aún, y computadoras con vida interior, o muerte exterior según el caso.

Apoyando el oído sobre los muros de cemento hay más comentarios, pero el hecho es que la Ciudad de las Artes es inclusiva para las personas con capacidad diferentes, una sofisticación para los edificios que han quedado atrás. Y lo que pesa por sobre todas las cosas: está destinada a construir el diálogo interdisciplinario, haciendo converger lo diferente. De esta manera podrá devolverle a la sociedad, más y mejor calidad artística. Más Malancas, más Pedones, otra Olimpia Payer. O más cerca en la historia, artistas de la trascendencia de Sahade, Alievi o Berra.

Cuando salís del predio es de noche y se te ocurre un deseo: me gustaría ser guardia de seguridad una sola noche para dejar pasar alguna mochila sospechosa.-