martes, 4 de abril de 2006

Como se desparrama lo que escupen las industrias culturales

(Publicado por La Voz del Interior. 2006)

Las industrias culturales son un monstruo grande y pisan fuerte. Además son una elegante dupla de palabras en boca de todos, que toman cuerpo cuando Néstor García Canclini las define como un conjunto de actividades de producción, comercialización y comunicación en gran escala, de mensajes y bienes culturales que favorecen la difusión masiva, nacional e internacional, de la información y el entretenimiento. Una manera conceptual de enumerar la industria editorial, los medios de comunicación -gráficos o audiovisuales-, el cine, el dvd, la televisión, la radio, el obsoleto aparato fonográfico, y lo concerniente a la internet.

Si tomamos café con una persona cuyo flujo de endorfinas es alto, diría “¡buenísimo! gracias a las industrias culturales o creativas, desde los países menos desarrollados podemos emitir un mensaje a nivel global y, a la vez, disfrutar de toda la diversidad cultural que flota on-line”; “Las industrias culturales son la democratización de la cultura.”

Con las endorfinas a nivel de vertedero se llega a otra conclusión: la democracia, en términos de consumo de bienes culturales, es un derecho que se ejerce como consecuencia de una buena dosis de publicidad. Nadie quiere leer, ver, y por consiguiente comprar lo que no impone el marketing. Si vas al cyber, o disfrutas del adsl en la oficina, buscarás noticias en CNN, o en ESPN. Y para ello usaras un programa Microsoft.

El norte sigue llenando a borbotones el embudo que hincha las panzas del hemisferio sur. Conectada al pico, Argentina es uno de los países con mayor penetración (¡vaya término!) de la tv por cable. Pero los EEUU, la UE y Japón acumulan casi el 90% de las ganancias fruto de las industrias culturales. Por ejemplo, los dividendos de los contenidos televisivos. Somos muchos los países que debemos compartir el 10% restante.

No todo es culpa del tío Sam. El negocio de lo cultural es un ámbito fuertemente polarizado desde un hemisferio hacia el otro, pero también dentro de nuestro país. Estamos juntado del piso los papelitos que dejó la 32va feria del libro de Buenos Aires con 1.2 millones de asistentes y más cantidad de ventas –fundamentalmente autores de cepa comercial- que años anteriores; o estamos viendo como el Código da Vinci inunda hegemónicamente las salas de cine con 208 copias (que en muchos multicines representan varias salas más). Aunque esto no es nada, pronto su tv latinoamericano le ofrecerá la versión en teleserie. Gentileza de Sony Pictures.


Matemática africana

En este panorama, lo editorial es una pata del monstruo llamado industrias culturales. Un monstruo que escupe símbolos que se clavan en nuestras cabezas como estrellitas ninjas.

Mientras Dan Brown, las grandes editoriales y las distribuidoras cinematográficas siguen moviendo el facturero, en un seminario de Industrias Culturales hablaba Leopoldo Kulesz, un editor independiente (Libros del Zorzal) cuyo capital inicial constaba de dos mochilas para distribuir ejemplares. Leopoldo, con frescura, reivindica un sistema matemático arcaico todavía usado en pocas tribus africanas, que define los números en: uno, dos y muchos. En esa lógica, se siente orgulloso de editar muchos libros de muchos autores.

Así se está componiendo el imaginario colectivo, con las megaproducciones hollywoodenses brillando unánimemente en las pantallas de cine de todo el mundo, mientras en el otro extremo del arco, el arco de Córdoba, las artesanales producciones locales son víctimas de políticas de comercialización y distribución perversas. Por consiguiente, resulta más fácil hacerse de un bestseller cualquiera, en la cola del supermercado, que comprar un libro de Federico Falco o Luciano Lamberti. Autores que viven en la otra cuadra y van al mismo súper, pero cuya obra sólo se encuentra en los estantes de Rubén libros y una o dos ferias intermitentes de la Casa 13.-

sábado, 1 de abril de 2006

La muerte y las ferias de arte

(Publicado por La Voz del Interior 05.04.2006)

Si el lector de esta columna es un artista reconocido y muerto, el autor debe comenzar recomendándole enfáticamente que resucite. Y es que en una sociedad capitalista como la nuestra, un cuadro de Malanca cotiza más que uno similar de Cuello o Alonso. Siempre se sopesan estos factores. De hecho, en el cielo de los artistas muertos, se lee con mucha atención La Voz del Interior en busca de tantear la cotización de sus propias obras. Además sólo tienen acceso a una licencia anual en la tierra, que suele ser utilizada para seguir las ferias de arte que se realizan en diferentes lugares.

Se ofrece, a continuación, un registro de una conversación entre los huéspedes del cielo de los artistas muertos, que no podrá ser utilizada en contra del matutino de tirada celestial o del autor, por la imposibilidad para testificar de los involucrados:

Jorge Bonino> Les digo una cosa: me gasté todas mis vacaciones entre los vivos para ir a las ferias Arco –Las de arte contemporaneo de Madrid y no me arrepiento. Cumplian 25 años, despedian directora y había que estar...

Federico Klemm> ¡Y claro queridooo!... Todo muy moderno, como me gustaba a mí. Yo vengo acumulando francos, (tengo poca antiguedad acá, viste) y no me quiero perder las Arteba 2006

José Malanca> Yo fui al cabildo de acá, (a mi edad no quiero andar tomando aviones) y quería averiguar sobre la feria de arte local. Nunca pierdo las esperanzas...

Bonino> Las Arco me impresionaron. Independientemente de las críticas que se hagan sobre el empalagoso poder demostrado por la convergencia coleccionismo-mercado-mecenazgo, las ferias dieron un espacio, y varios premios, a nuevos fenómenos de arte y electrónica. Se incrementaron las ventas sifnificativamente, más de un 13%, y aunque no puedan creerlo, la gente pagaba sin problema la entrada de 30 euros. Se decía que el mercado del arte volverá a explotar.

Malanca> ¡Sorprendete! en las ediciones de nuestra feria de galerías, la gente se negaba a pagar un peso. Inclusive muchas personas garroneaban las entradas y otros enarbolaban el derecho ciudadano a acceder a los espacios públicos, siempre con la esperanza de no pagar. Para gastar está Buenos Aires, cuchicheaban las señoras.

Klemm> Córdoba no tiene mercado. Nunca consiguió subierse al tren las ferias de arte contemporaneo, mientras que Arteba ya se integra a la escena intenacional ganado espacio en Latinoamérica y el calendario anual. Inclusive su carater contemporáneo se consolida, igual que su taquilla. Además cumple 15 años. Por cierto, Malanca, quedate tranquilo que los cordobeses no tendrán feria propia, pero estarán bien representados con dos de los ocho ganadores del Premio arteBA-Petrobras de Artes Visuales: Leticia El Halli Obeid y las siempre polémicas Pequeño Bambi.

Malanca> ¿Pero cómo puede ser que teniendo tanta producción desde nsotros hasta los pibes de hoy, y calidad, no se sostenga? Aunque es cierto que las galerias de córdoba siempre están corriendo la liebre, una feria acotada no tiene porque ser cara...

Bonino> Hay una cuestión de maduración, que va más allá de la situación económica imperante. En esta ciudad se deben vender muchas más camionetas de lujo, que obras. En cambio, en España -y para seguir el ejemplo de las Arco- la tercer inversión, después de vivienda, o las finanzas, es el arte.

Malanca> insisto en que es una pena, con la capitalidad cultural de este año, se podría haber aprovechado toda esa difusión. Además una feria de arte motoriza el mercado artístico, y también un tipo de turismo muy interesante.

Bonino> Va a cambiar. Los nuevos coleccionistas, en todo el mundo, no son los ricachones. Se trata de gente común que tiene un estilo de vida normal y entre 35 y 55 años. El cambio es inminente, como en mucho otros ámbitos de la cultura.

En eso irrumpe Lino Eneas Spilimbergo que se suma tarde, pero trayendo unos tragos tipo daiquiris. Todos se ponen de pies y se aprestan a brindar: por lo cambios.

Salud.-