miércoles, 7 de junio de 2006

Las certezas de estar en pelotas

(Publicado por la Revista Escenario. 2006)

Según informa Le Monde Diplomatique [1], uno de los medios más respetados y prestigiosos de la prensa internacional, en un texto escrito por el director general, llamado Planeta Fútbol (la columna, no el director) el día 9 de Julio 2 mil millones de personas en todo el planeta habrán visto la final del actual campeonato del mundo FIFA 2006.

Es mucha gente. Tanta, que si esta columna fuera parte de una conversación de chat, teclearíamos muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucha gente, seguida de un rostro amarillento con los ojos desorbitados.

Pero no. Es una opinión en un medio de comunicación, de un teatro serio, y basta con decir que 2.000.000.000 de almas es uno de cada tres habitantes del mundo entero. Sí, tienen almas. Y no, no es necesario agregar emoticones que complicarían la vida de la diagramadora de la Escenario.

Según estas presunciones, es probable que nada, nunca, haya sido tan popular en la historia de la humanidad. Convendría agregar un ¡shit! para tirármela de global, pero tampoco corresponde.

Aunque la cifra es parecida al sueldo de mi papá en australes, allá por los tiempos alfonsinistas, y por ello pueda sonarnos familiar, se trata de una polaridad comunicacional monumental donde coinciden todas las miradas. Una convergencia fuera de nuestro ámbito de incidencia como pobladores de cualquier ciudad o pueblo. Hay que tener en cuenta que 213 países formarán parte de la fiesta de rayos catódicos de noventa minutos, mientras que sólo 191 forman parte de la ONU.

Entre los papelitos y las reverencias hacia el Patio Olmos, en el marco de fortísimos atractivos masivos que se exhiben para ser teleconsumidos en la comodidad de cada hogar, los trabajadores de las áreas vinculadas con la cultura, las artes, y los espectáculos, deben enfrentar esta adicción al control remoto desarrollando nuevas estrategias de gestión e innovadoras maneras de abordar el trabajo de todos los días. De esta manera, y con herramientas cada vez más profesionales, tendrán mejores chances de hacer oír su voz y la de los artistas bajo su cuidado.

De lo contrario, se resignarán las salas que otrora eran una fiesta de encuentro social, a la costumbre de un diez por ciento de capacidad ocupada. Y se abandonará toda esperanza -hablando de medios de comunicación y de voces cada vez más débiles- de encontrar a Carlitos Julio o Pablo Ramos en el infernal ruido blanco del dial de las radios fms.

Inclusive, o actuamos en la esfera de lo cultural, o deberemos acostumbrarnos a que, frente a una situación indignante, un país subdesarrollado solo llegue a mover la cola frente las cadenas de tv majors, consiguiendo así, sus cinco warholianos minutos de fama.

Pareciera ser que un globo marca adidas ha conquistado otro globo marca Tierra. No pareciera ser un negocio redondo.-



[1] -Planeta fútbol, por Ignacio Ramonet. Edición Cono Sur, Junio 2006.

Hable con ellas

(Publicado por La Voz del Interior. 2006)

No sólo Almodóvar está rodeado de mujeres.

El mundo de las artes, y el cultural están colmados de obreras, profesionales y directivas.

Hipercapacitadas, o vocacionales, rubias, morochas, distendidas, malas, ejecutivas, maternales, sexuales o asexuadas, en su día –con todas sus polémicas asociadas- las mujeres instalan nuevamente la cuestión de la cuota de género. Cuota que no nació completa en el ámbito de la cultura, pero que hoy pareciera cubierta en las administraciones o dependencias públicas. El déficit pareciera estar en la historia del arte, inclusive reciente.

Lo interesante de la relación feminidad-cultura, en este nuevo siglo radica en que muchas mujeres están saltando desde los despachos bajos o las asociaciones de amigos hacia puestos directivos. Tal vez con ese largo salto, se pueda aspirar a un equilibrio difícil de conseguir debido a la gran ventaja que ostenta el género masculino en términos de producción artística. Hay que tener en cuenta que las mujeres, ejercen como artistas desde hace poco, considerando tiempos históricos. Así lo señala un trabajo de Susana Pérez Tort publicado en www.rosarioarte.com.ar, donde se indica que recién en el S XVI aparece una mujer como retratista de la corte de Felipe II, y con Luis XVI, bastante más adelante, la presencia de mujeres en la esfera de la pintura y la escultura comienza a existir. Acelerando en la máquina del tiempo hasta la revolución industrial, y con el comienzo de la equiparación laboral entre géneros, aparecen más nombres que sería imposible listar, aunque el autor se muere de ganas de citarlos.

De la evolución a la reivindicación, en las décadas recientes, los movimientos de artivismo y feminismo han proliferado. Se destacan los proyectos de las Guerrilla Girls. Este colectivo trabajó en 1989 el siguiente concepto: “¿Tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Metropolitan Museum? Menos del 5% de los artistas de la sección de arte moderno son mujeres, pero el 85% de los desnudos son femeninos”.

Para ilustrar esta columna, va un ejemplo: España cuenta con Ministra de Cultura. Dio el salto en términos de mujeres al poder. Sin embargo España, en el Museo del Prado, tiene 7.623 cuadros, 6.240 dibujos y 2.100 grabados en su colección. De ellos 12 obras pertenecen a artistas mujeres. –Los varones vamos ganando 15.963 a 12-. No se trata de martirizar a nadie, pero parece que de esas doce obras, sólo una está expuesta.

Más cerca en el tiempo (histórico, nuevamente) “el Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía, en su colección permanente de pintura, cuenta con 140 pintores, de los que 12 son pintoras”. Estos datos son de otra mujer, Lourdes Méndez, catedrática de Antropología del Arte, Universidad del País Vasco.

El largo camino que han recorrido las muchachas (dicho sea de paso, el célebre slogan parece ser una frase de Sigmund Freud) que comenzaron las chicas inmóviles, modelando para el escultor, lo continuaron tomando el cincel de su marido, y más tarde accediendo al pincel propio. Un camino que siguieron con la docencia en las academias, para luego pasar a las galerías y ahora a puestos de máxima jerarquía en las administraciones. Un recorrido que sintetiza la reivindicación de todos los oficios y la acumulación, como una suerte de evolución amalgamada, de una reciente y acelerada búsqueda del lugar que les corresponde.

Si el lector no le cree a quien preparó esta columna, hoy cuando doble el diario y hable con ellas, cierre los ojos y dígame si algo de su maestra, su profesora, la modelo, o su mamá no flota en el aire.-

martes, 6 de junio de 2006

Gestores Culturales: mecánicos de las urbes

(Publicado Por la Revista Entra. 2006)

Mi mecánico es un señor grandote. Nos une una relación de mutuo aprecio desde 1996. Me lo gané ese año, cuando tenía un Ramblert modelo 1969, contándole anécdotas de mi trabajo como proyectorista del cineclub El Ángel Azul.

Hace dos semanas acompañé a un amigo que tiene una camioneta ford modelo 2002 a este taller. En lugar del gordo engrasado y portador del un palillo perenne adherido a su boca, que estaba acostumbrado a encontrar dentro del mameluco, apareció un tipo que bien podría ser médico, contador o ingeniero. Aparentemente, a mi amigo lo atendería el hijo del gordo. Íntimamente pensé en las cantidad de bujías reemplazadas que me vinculaban a mi querido y grasoso mecánico padre, y en cómo mi amigo se enamoraría de su joven mecánico.

El tipo de mi amigo (que también es continuador de la costumbre de exponer museográficamente varias chicas vestidas solamente con unos pupilent celeste) escuchó atentamente los lamentos del propietario de la camioneta. Luego, en lugar de auscultar el capot, utilizó una computadora conectada con un cable al tablero, para determinar la dolencia del vehículo. Dictaminó una incomprensible sucesión de sondas lambdas, inyectores y válvulas, con su nefasta consecuencia para la billetera del caballero o la cartera de la dama.


Muchas de las culturas inmersas en las ciudades, con sus actores -los ciudadanos- están viviendo el mismo tránsito de las camionetas: se sienten más a gusto con la pc, que en la fosa. Hoy los fenómenos culturales están cambiado y las cabezas, con sus hábitos de consumo de artes y espectáculos, también.

De hecho el concepto de civilidad ya se ha modificado, y la tecnología está impactando en la cultura y su hermanita la comunicación, más que en cualquier otro ámbito.

Va un ejemplo mientras afinan el motor en gas

El especialista catalán en economía de la cultura, Lluís Bonet (que estuvo en Córdoba a finales de Julio) coincide como el periódico español El País, edición del 29 de Julio del 2006. Ambos señalan que la digitalización de la exhibición cinematográfica supondrá importantes cambios en la arquitectura de la industria del cine. Este mes Hollywood vomita tres estrenos, Superman, Poseidón y Miami Vice, todos una vez rodados, se digitalizaron y postprodujeron en ese formato. Como conclusión, el gerente de Kodak España (sí, la fábrica de películas) dice que “la calidad de exhibición es mejor en digital” y que “el paso a la proyección digital supondrá un ahorro tremendo para productores y distribuidores”.

Efectivamente el negocio cinematográfico dará un tumbo de 180 grados en estos próximos años, y antes que termine la década veremos películas que llegarán por satélite a los proyectores. En el cine, o en lo que antes se conocía como cine, casi todas las compañías estarán diciendo adiós a las bobinas de 35 milímetros.

Suena bárbaro en términos de distribución, pues ya no será necesario contar con las copias, y cada sala de exhibición, inclusive una pequeña en Morteros, podrá exhibir el estreno de la semana simultáneamente con New York o París.

La digitalización es buena noticia para los distribuidores, pero siempre pierde alguien: en este caso, la circulación de ideas, la creación de símbolos, y la construcción de ideologías.

Que sea mamá publicidad o papá distribuidor quienes dispongan ofrecernos los estrenos más recientes, es una condena a optar, siempre e inexorablemente, por lo mismo. Alguien nos venderá lo que compraremos felices como un muñequito del messenger conectándose, y sólo elegiremos lo que nos imponga el marketing, como unos fuckings autómatas replicantes extraídos de un libro de Bradbury.

En ese futuro kraftwercaniano, los cineclubes también tendrán serias dificultades para poder subirse al tren digital. Por los costos y porque los proyectores digitales no serán de las salas, sino que habrán sido colocados por los distribuidores. Los mismos que ya dictan la sentencia sobre qué se ve y qué no.

Con este panorama es probable que le cuente a mi hijo que vi Blue, Blanc y Rouge de Kieslowski, una tarde de anécdotas, junto con la historia de la carpa de 10 kilos que sacamos del Suquia con mi hermano. (Ambas anécdotas son verídicas, palabra de proyectorista).

Este tipo de problemas de lo audiovisual, se replica en la práctica del museo, en las puestas de teatro, en la organización de conferencias o en ciclos de pensamiento y, con sus matices, hace al trabajo diario de los gestores culturales en todos los niveles. Desde quienes trazan las políticas de actuación de los estados, hasta quien defiende con las armas más elementales, como Rambo -y disculpe el americanismo señor lector -, la labor de un colectivo independiente o una sala alternativa. A su manera, todos están en la misma faena: potenciar el crecimiento y defender el sostenimiento de una producción y circulación de obras e ideas.

Pero actuar sobre este tipo de contexto, incidir para modificar el escenario, complementar la oferta comercial o defender los derechos de los ciudadanos a una vida cultural heterogénea y de calidad es una tarea que cada vez requiere herramientas más complejas y conocimientos técnicos.

Es un hecho: cuando cambie el auto, tomaré mate con mi mecánico gordo -que me ha salvado la vida y fiado siempre-, pero ojalá que el pibe haga lo suyo.-