viernes, 21 de septiembre de 2007

La "madeleinización" de las elecciones cordobesas

(Publicada por La Voz del Interior sábado 29/09/07)


Hace rato que todos destinamos bastante tiempo a seguir las controversias surgidas después del ajustado resultado de las elecciones en Córdoba. A pesar de la sensación de hartazgo que acompañó a las campañas, y cuando los ciudadanos de a pie ya esperábamos que se empiece a hablar del estado (y del Estado) de la ciudad y la provincia, la vorágine sigue, como una condena injusta. En el fondo, todos seguimos la noticia con la esperanza de que nos digan algo certero: hubo fraude; no hubo fraude. Tenemos gobernador e intendente; no tenemos nada, o si como en Carrera de mente, debemos volver a cero.

Mientras continua el desfile de urnas por la lupa de fiscales y magistrados, la otra gran noticia que vuelve a ocupar espacio en los medios es el caso de la desaparición de Madeleine McCann, de 3 años.

Mercadotecnia Global

Los padres de la pequeña niña inglesa extraviada en Portugal, montaron una mega campaña mediática sin precedentes en la historia, comprometiendo a numerosas personalidades, desde David Beckham y Benedicto XVI, hasta Laura Bush, para reclamar su aparición sana y salva. Son infinitos los medios internacionales que se hacen eco, día a día, de la ausencia del angelical rostro, uno de los más famosos de la breve historia del siglo XXI.

Pero despertar los buitres del amarillismo mediático, tiene un costo. Cuando empezaron a escasear las noticias y se dejó de hablar de un puñado de supuestos sospechosos, o de la ineficacia de la policía portuguesa, la sed de novedades necesitó refrescar su garguero y lo hizo sin miramientos: Aquella familia modélica de padres ingleses médicos, que se habían empeñado en tener hijos a fuerza de varios tratamientos, y que habían conseguido prosperar gracias a cientos de horas de perfeccionamiento y práctica de la medicina, víctimas de la atroz situación de perder su hijita, resultaron ser, también, otra cosa. Eran integrantes de una cena (el mismo 3 de mayo) donde rodaron 14 botellas de vino para ocho. Eran personas con ambiciones políticas, padres que sedaban a sus hijos, titulares de una Fundación que recaudó más de un millón de euros, usuarios de un jet privado, y (siempre según la prensa internacional apostada en la vereda de la casa de los McCann) sospechosos de la muerte accidental de su propia hija. Algunas versiones afirman que Sky Tv tuvo la noticia de la desaparición antes que la policía, y hasta que formalmente considerados sospechosos los padres de Maddie abandonaron Portugal, la cadena CNN tenía cuatro equipos en la ciudad donde se iniciaron los sucesos.

La prensa es un monstruo grande y pisa fuerte. Y se alimenta de noticias inmediatas, pues ninguna cadena tiene 8 años de paciencia (lo necesario para volver a ver a Natascha Kampusch, de 18 años, prisionera de su secuestrador la mitad de su vida).

Córdoba y la hipermediatización de las elecciones

Hoy, algunos políticos y sus apoderados, son más famosos que al término de las elecciones. Y la fama, demanda sostener un ritmo de declaraciones que no siempre se condice con las acciones judiciales. Desde entonces los medios quieren llenar sus páginas, las radios cubrir de minutos sobre el tema sus programas, y los lectores, radioescuchas y televidentes sólo quieren que se encuentre un culpable. Una jueza negligente, un tramposo, o una denuncia falsa para encubrir un crimen. Da lo mismo si encontramos al secuestrador de Maddie en Córdoba. Los usuarios de los medios quieren que sea rápido. Y en blanco o negro, como Bernardo Neustadt le exigía a Doña Rosa. Nada de grises, puesto que se está alimentando al bulldog mediático y, a la vez, sus ladridos deben informar a la opinión pública.

Sin embargo hay una diferencia, alguien se llevó a la pequeña McCann al cielo o a un sitio inexpugnable. Pero a la postcampaña postelectoral llegamos todos juntos, parapetados en los medios, y como ciudadanos rehenes, miembros de Estados (sin lugar a dudas, con mayúsculas) tambien rehenes.

¡Oh! ¡y ahora quien podrá defendernos!

jueves, 13 de septiembre de 2007

Los Derechos Humanos de la Clase Media

(Publicado por La Voz del Interior 15/09/07)


José Saramago, es un viejo que cumplirá 85 años en Noviembre. Todo un bagaje que según él mismo, le confiere máxima libertad. Tiene en un estante, arriba de la computadora, el premio Nobel de literatura, modelo 1998.

Con la edad, puede que le hayan salido pelos en las orejas, pero no en la lengua. Y ha quedado patente a partir diversos dichos recientes, donde cuestiona el respeto y la efectividad que muchos países le prodigan a la Declaración de los Derechos del Hombre, un documento que en Diciembre cumplirá 59 años de polvo sobre sus tapas. “…Y sin derechos humanos -todos ellos, uno por uno- la democracia nunca será más que un sarcasmo, una ofensa a la razón, una tomadura de pelo…” dice el portugués mientras aplica Brasso en su nobel.

Aunque el escritor se refiere a los grandes crímenes que impunemente emprenden los estados señalando, fundamentalmente a EEUU, estos derechos tambien son atropellados día a día, en Córdoba. No sólo se trata de cárceles, asentamientos marginales, y otras situaciones extremas. En la cotidianeidad de los clase media, se presentan muchos casos, donde existen prerrogativas más grandes que los propios derechos.

Discriminación

Nadie consigue desplazarse por muchos sitios de esta ciudad dado que gran cantidad de calles de Nueva Córdoba están taponadas por camiones mezcladores que construyen edificios. Estos circulan en contramano, con todo su peso y volumen, con total alegría a plena luz del día, impidiendo la circulación de trabajadores (o pachangueros, en realidad debería dar igual) y ni hablar de discapacitados. Antes circulaban de noche, para minimizar las molestias, pero es más barato de día. La empresa que construye un edificio para generar utilidades, está en su derecho de hacerse mucho más rica a costa de la posibilidad de llegar al trabajo, y la de circular de las personas con dificultades para trasladarse. Lo leemos a diario, pero casi no importa.

Tampoco es cierto que todos seamos iguales ante la ley. Un problema judicial de cualquier índole demanda de dos años mínimo, para su sentencia. Al tratarse de un asunto que incluya a un político, o algo urticante para el tribunal, este recibirá el tratamiento de celeridad (podría decirse celebridad) que los medios demanden. Los famosos tienen una justicia más veloz.

Las empresas de telefonía celular, las de cable, los bancos, o las de medicina prepaga, por mencionar algunas de las más desconocedoras de esta Declaración, también tienen más derechos que un simple ciudadano. Cada una de ellas dice, en sus contratos que en caso de divergencia se tendrá por cierta la documentación de la empresa y no la de cliente: estas mismas empresas dicen que por la seguridad del consumidor grabaran las conversaciones entre las partes. Los consumidores estamos muy agradecidos, pero ya debería ser hora de que nos las faciliten, por nuestra seguridad.

En un mundo, Walt-martizado (el neologismo es del New York Times, y está presente en el libro Monopolios Artificiales sobre Bienes Intangibles, una perlita editada en Córdoba) el número de teléfono que uno compró, puede pasar a mejor vida por decisión de una empresa o un simple empleado enojado, y no habrá derecho a pataleo. De la misma manera, en el supermercado sólo venderán las marcas de leche que ese día estuvieron de acuerdo a mover sus precios y si Ud., su hijito de cuatro meses, o su abuelita de noventa, ya estaba tomando otra marca, deberán cambiar en familia. Si compró la nueva marca de leche y, al llegar a la caja, el postnet para su tarjeta no funciona, porque las líneas están cargadas (o lo mismo, sin la r) ud. deberá sacar dinero para pagar. De donde sea, es su responsabilidad.

Si Ud. firmó un contrato en que pagaba por un nuevo aparato, o fue a aprovechar una oferta promocionada, estos se le entregarán si hay stock, pero nadie le perdonará a ud. una falta de stock de dinero en su cuenta, si la situación se invirtiera.

Pero, por último, si Usted (con mayúsculas) -pero uno de millones- está frente a una diferencia con una de estas empresas, tenga en cuenta que muchas de ellas tienen un capital más grande que el PBI de decenas de países, obviamente incluyendo a la Argentina, y en esa proporción de fuerzas se medirá quien tiene razón.

Así están las cosas: todos son más fuertes que nosotros los individuos: viajar desde el aeropuerto a casa, en taxi, implicará pagar una tarifa demencial, aceptando una estafa inédita en el país y el mundo, impuesta por las empresas de taxi. Circular por Nueva Córdoba (ya va siendo hora de hablar de Nueva Nueva Córdoba, como en Futurama) dependerá del pedazo de la calle que nos regalen las constructoras. Y cuando llegue a casa, los canales del cable decidirán que veré a través de la empresa que monopoliza mi barrio. Eso no es todo, si mando una carta para quejarme, pagaré lo que me corresponde, pero el correo la remitirá administrando los plazos según su buen criterio. Si llega. Y deberé servicios e impuestos que se me reclamen, si yo no tengo los comprobantes de pago, porque es mi responsabilidad.

Saramago –que es un gran pesimista- dijo, “Ya es hora de que las razones de la fuerza dejen de prevalecer sobre la fuerza de la razón”, y en otra ocasión señaló “los que estamos aquí somos una parte de la nueva potencia mundial”.

Estrenando potencialidad, me pregunto ¿cuándo empezaremos a ganar?

(La declaración de los derechos del hombre está publicada en www.un.org )