miércoles, 27 de febrero de 2008

La Feria de arte Arco y los euros institucionales

(Publicada por La Voz del Interior el Jueves 28 /02/07)


Hace sólo una semana que terminó ARCO, la feria de arte contemporáneo española. La más importante de habla hispana y una de las cinco grandes (cabría decir grandotas) del mundo. Se pueden sacar varias conclusiones sobre el tipo de obra que se ofreció, sobre el avance comercial de la fotografía, y en menor pero creciente medida, de la venta de video-arte. Inclusive cabe toda una reflexión sobre como el pentacampeón (Brasil, país invitado) se movió conjuntamente en la cancha europea.

Pero hay unanimidad en rescatar tres factores de esta edición, la número 27, de la feria.

Por un lado, han asistido 200.000 personas. Esto demuestra que las ferias de arte contemporáneo sí interesan al gran público. Los asistentes pagaban 30 euros. En segundo lugar, a pesar de la enorme crisis financiera que acompaña a este 2008, se sostuvieron iguales ventas que en 2007, año record con una suba del 15% histórico. Por último, un parte importante de lo facturado se vendió a instituciones.

Billetera mata galán

Lo cierto es que ARCO, mega feria de arte, estima cuanto va a vender mucho antes de inaugurar. Las instituciones garantizan un pozo de compra de manera más o menos explícita. Los directores de museos, o las comisiones de adquisición, presupuestan con tiempo la inversión a realizar, mucho está negociado antes del brindis inaugural.

Además, existe una compra que proviene de grandes coleccionistas, cada vez más internacionalizada y crecen –aparentemente- las adquisiciones de particulares (algo que los galeristas se esfuerzan en demostrar).

Pero veamos números institucionales: El Museo Reina Sofia hizo cheques por más de un millón de euros. Indican los diarios El Mundo y El País que la Fundación Pedro Barrié de la Maza invirtió otro medio millón, el MUSAC de León, más de trescientos mil. La propia Fundación Arco cuarto de millón, el Centro Gallego 230.000, las regiones de Cantabria 215.000, Madrid 169.000, Murcia 166.000, y así sucesivamente. La Fundación Coca Cola, que aparentemente ha vendido varias latitas este año, también desembolsó 120.000 euros. Nótese que entre un puñado de instituciones se compró 3 millones de euros.

Córdoba extraña su feria

Toda España defiende Arco. Guste o no, es la de ellos. Las instituciones lo hacen, y esta práctica se acopla a cierta cultura de compra extendida entre ciudadanos no necesariamente ricos. El arte es una inversión, un placer, y la feria es un motor de turismo de alto nivel, desarrollo del sector artístico, mano de obra, sponsors internacionales, y mucho más. Por cierto, el galerista no es el malo de la película. Muy por el contrario es a quien recurren las instituciones para comprar obra. Acá en La Docta, nunca defendimos nuestra feria, ni la sentimos propia, consideramos siempre a los dueños de galerías ruines por tomar un porcentaje de un trabajo artístico e intentamos (artistas, compradores, e instituciones) hacer la jugada individual, salvarnos sólos. Aunque creemos ser todos maradonas, sólo hemos generado un acostumbramiento a recibir migajas y dádivas, y a dejar que un grueso del mercado del arte cordobés funcione con sede en ARTEBA.-

Datos pata entender la Feria

En Arco participaron 297 galerías, de las cuales 222 no son españolas. Asistieron 200.000 personas. Es la edición 27. El país invitado fue Brasil, estuvo presente con más de treinta galerías. El año próximo será India. El mayor volumen de venta proviene de galerías españolas. Se inauguró un espacio dedico a la tecnología y el arte digital: Expanded Box. Una curiosidad: Su directora, Claudia Gianetti, estuvo en Córdoba hace pocos años. -

jueves, 21 de febrero de 2008

Dylan y los vientos de poesía

(Publicado por La Voz del Interior el Sábado 23 de febrero de 2008)


Bob Dylan. Un hombre cuya obra no cabe en ningún libro. Figura inabarcable y rey de las palabras y los sonidos. Músico cuyo arte se expande más allá de cualquier columna, en cualquier periódico. ¡Oh Ángel Stival! dame más espacio para este prócer inigualable que visitará Córdoba en un puñado de semanas. Será el momento de elevar un himno compuesto por el taconeo de todos los mocasines de esta ciudad. Una plegaria para el Papa (o papá, da lo mismo) de la contemporaneidad.

Brujo. Hechicero. Hipnotizador de cuatro generaciones. Así es el hombre que empuña la armónica. Y él que dispara poesía desde la guitarra a millones y millones personas. Víctimas sin edad definida. Dylan ha sido, y es, la leyenda viviente. Un autor complejo y ecléctico con obras como Like a Rolling Stone (considerada la mejor canción de todos los tiempos). Un chamán que acallará a todas las motos de esta ciudad y paralizará las aguas del Suquía. Nacido bajo el nombre de Robert Allen Zimmerman, es el geminiano más famoso. El hombre cuya basura codician sus fans. El único yanqui que habla de lo que pasa en nuestras esquinas Nunca te volviste para ver / los ceños fruncidos de los / malabaristas / y los payasos / que hacían sus trucos para ti. El lector frenético de la Biblia. Concretamente, quien mejor reza Golpeando las puertas del cielo. Él, que golpeó esas puertas como judío, como católico, y nuevamente como judío. Aunque su verdadera religión o revolución fue el folk. Dylan es todo a la vez: música, poesía, compromiso social. Compromiso estético. Quien parió cerca de medio centenar de discos. Ese, sí, él que sacó su primer LP en el 62 y un grandes éxitos, allá por el 67. Un tipo que fabrica números uno hace cuarenta años. Supremo fundamento de la web www.goddylan.com. El mismo que se pregunta ¿y cuántos años deben vivir algunos antes de que se les conceda ser libres?. El huésped del hotel que se cruzó de cuarto y le dijo a John, Paul, George y Ringo, que tenían que probar esos cigarrillos. Propietario de la única, increíble y nasal voz capaz de llenar de poesía el viento. Y viceversa. El tipo que compró su primer viola por correo. Desde entonces no paró hasta que Sinatra le admirara. Y Marlon Brando. Y Patty Smith. Y Leonard Cohen ¡Dios mio! Es más, Clapton dijo es lo más viejo que puede ser un hombre joven, y lo más negro que puede ser un hombre blanco. Sean Penn, ni más ni menos, le puso voz a su primer volumen de memorias.

Eso no es nada, Todd Haynes, le dedica I m not there una película misteriosa, esquiva y cubista. Una película sobre los personajes que viven dentro de Dylan. Y el maestro no está ahí. Pero su idilio cinematográfico tiene larga data: Scorsese ya le había buscado s, god bobu mejor perfil. En rigor de verdad, Sam Peckinpah fue el primero en subirlo al 35 milímetros. Sin embrago, un tipo que reune a Neil Diamond, Eric Clapton, Ringo Starr, Neil Young, y muchos otros, para cantar I Shall Be Released no cabe en ninguna pantalla. Cualquier día de estos / cualquier día de estos / seré liberado. Y tocó con Santana. Y con Keith Richards y Ron Wood. Y con Roy Orbison, o Tom Petty. Y escribió con Sam Shepard. Y viene al Chateau. Seguro que habrá sillas hasta la FICO. Y almas hasta La Calera. Las suficientes para alentar a un corazón que debe aguantar otra gira.

¿Qué más? Por ejemplo, que en 1990 Jack Lang le hizo Caballero de las Artes y las Letras. ¿Quién sino Lang? Y que los españoles le dieron el Premio Príncipe de Asturias. O que lleva diez años en lista de espera para un nobel de Literatura. Propuesto nada menos que por Allen Ginsberg. Hasta Nicanor Parra cantó su voto por el poeta del rock.

Ahora vamos, escuchemos, leamos en el viento. En las estrellas. Volemos. Como él mismo dijo Nadie es libre. Hasta los pájaros están encadenados al cielo. Y nosotros lo estaremos a nuestras butacas, God Bob.-

domingo, 17 de febrero de 2008

Límites y extremos del arte

(Publicado por La Revista Ecléctica N 11, Abril 2008)

Están quienes aun debaten sobre el fondo del arte. Mejor dicho: una parte de la sociedad se niega a reconocerle estatus artístico a manifestaciones cuyos soportes se salen de los medianamente reconocidos.

Por otro lado hay obras con recursos o técnicas tradicionales pero que abordan temáticas escandalosas, o ridiculizan instituciones, generando tensiones y polémicas.

La moral por debajo o por encima del arte.

Ya Duchamp, hace 91 años, con La Fuente, refundo la plástica señalando el camino contemporáneo y la expansión de sus límites.

Pero cuando el límite, deja de recorrer posibilidades externas y se vuelve sobre el artista, sobre los cuerpos, aparece una endo-intro-antropo-nosequé desafiando el nivel de tolerancia social. En 2007 hubo un debate muy potente sobre la obra de Habacuc, quien aparentemente habría matado un perro como parte de su exposición. Los defensores de los derechos animales contra los librexpresionsitas libraron una batalla bloguera de dos posturas políticamente correctas.

Volviendo al cuerpo, ya décadas atrás Marina Abramovic se había infringido grandes lesiones en el vientre para luego acostarse sobre barras de hielo hasta que el público decidió intervenir evitando su muerte.

La cosa se pone –literalmente- peluda o fea (depende de como se la mire) si hablamos de Rudolf Schwarzkogler miembro del grupo de accionistas vieneses, quien podría (no hay acuerdo sobre la cuestión) haberse cortado el pene en una performance. De todo, menos pajero.

Acelerando la máquina del tiempo, todos los limites se vieron superados después de que algunos artistas que utilizaron cadáveres en sus acciones quedaran opacados por los miembros del grupo de shock art chino.

Yuan Cai y Jian Ji Xi han hecho proyectos corriendo desnudos por Londres con un oso de peluche, o permaneciendo desnudos a bajas temperaturas. Parece una frivolidad, pero Cai pasó 3 años preso por escuchar Simon & Garfunkel. De ahí su posición política.

De las imágenes de este grupo, las más horrorosas pertenecen a Zhu Yu un artista chino que en una bienal se comió un feto humano, cocinado, en su intervención. Hoy vende cuadros versionando esas acciones que recorrieron el mundo en un informe de la BBC y puede presumir con haber empujado los límites del arte hasta sacarlos fuera. O dentro. Muy dentro.-

martes, 12 de febrero de 2008

El pibe verde del 68


(Publicado por La Voz del Interior 8/02/2008)

Este 2008 promete ser un año nostálgico. Particularmente para todos aquellos jóvenes activistas que acompañaron el Mayo de 1968, e hicieron propias sus consignas. O su bohemia.

Quienes hace cuarenta años revoleaban banderas y corpiños, con la intención de desplazar al establishment y la burguesía acomodada de aquel mundo injusto, actualmente analizan a esa movida de manera más lejana y difusa.

En cualquier caso no caben dudas que fue un potente chaparrón de lágrimas, poesía, sexo y otras sustancias utópicas que embarraron la cancha político-cultural. Un anhelo revolucionario comunicado con estéticas vanguardistas de los sesenta como el arte pop, los graffitis y las intervenciones urbanas. Un movimiento conjunto, con efecto global y dinámica geopolítica centro - periferia, que no detentó el poder (lo que hubiera sido una falacia) pero, eventualmente, sí consiguió provocar una mutación en el capitalismo severo, ahorrativo, puritano, y obsesionado por la producción. Éste evolucionó a otro capitalismo, pero de consumo. Un consumo al ritmo de la banda de sonido de esa época, un consumo sexy, de ideales bizarros y bien lookeado.

Los Rolling Stones y Mao fueron canonizados en un mismo olimpo, y desde ese edén se influyó el gusto por una moda anti-moda que hoy, nuevamente, está muy de moda.

Además de los estudiantes del Mayo Francés, que imprimían en los muros “sean realistas, pidan lo imposible”, en EEUU, aparecen el hippismo. Los hippies, que eran descendientes directos de la generación Beat y pasados los setentas, devendrían en yuppies (en inglés, jóvenes urbanos triunfadores), y cuyos hijos ahora son gossips (profesionales locos por los símbolos de status: ipods, sushi, minicelulares y café caro), agregaron más conceptos emblemáticos. Desde el gran país del norte se agregó a la canasta del 68, el archimercadeado “peace man”, la psicodelia, los peinados afros, los vw (mantequera o escarabajo) y un primer impulso ecológico (que iría más allá del cultivo de cosas raras).

Del dicho al hecho, y del hecho al tacho

Estos ideales atravesaron el paso del tiempo, o bien transformándose en reliquias conceptuales y bastiones generacionales, o bien convirtiéndose en un puñado de predicciones descabelladas.

Sin embargo, un punto disonante, increíblemente premonitorio e injustamente relegado sucedió en Venecia. No fue París, ni Vietnam, ni Woodstock. La ciudad flotante, la de las arterias tapadas de góndolas, fue la que albergó una pequeña revolución que tuvo lugar el 19 de Junio de 1968. Ese día el artista argentino Nicolás García Uriburu intervino tres kilómetros del Gran Canal de Venecia tiñéndolo de verde fluorescente. A tal efecto, el creador porteño utilizaría un colorante aprobado por los ecologistas para llamar la atención sobre el deterioro medioambiental, con la Bienal de Venecia como marco, pero sin haber sido invitado a ella. El gesto, subversivo, anarquista y de calado ciudadano, que luego caracterizaría toda una producción signada por la lucha contra la contaminación, obnubiló a la crítica y los medios reunidos en el evento más paquete del arte. Un rango que aun detenta.

Al Gore aun no se había recibido de receptor del Premio Nobel de la paz, y sólo tenía veinte años, cuando el joven García Uriburu dio lo que el enorme crítico de arte, Pierre Restany definiría como “un golpe maestro, una esplendida demostración de higiene moral del arte”.

Recién hoy se dimensiona esa acción precursora del movimiento land art, y de carácter artístico-medioambiental. Lo que García Uriburu considera “el antagonismo entre la naturaleza y la civilización” lo llevó a intervenir diversos ríos y espacios, así como organizar enormes plantaciones de árboles y simultáneamente, pintar obras cuyas cotizaciones superan los veinte mil dólares.

Un artista de obras visionarias, que también soplarán cuarenta velitas, gozando de una actualidad que hoy ya no podrían enarbolar algunas de las consignas parisinas que sí se transformaron en remeras.

(En imágenes Nicolás García Uriburu en Córdoba al cumplirse los 40 años de Venecia)