domingo, 27 de abril de 2008

Especies en extinción: Correo, filatelia y arte postal

(Publicado por La Voz del interior en su suplemento dominical, el 27/04/2008)


En una extensa reunión de trabajo, que tuvo lugar hace unos días, uno de los presentes estaba totalmente abstraído. Abstraída y desconectada (vale señalar que era una chica). Al preguntarle si tenía algún problema, la sincera respuesta fue que sí: espera noticias urgentes de su pareja, y estas llegaría en “un correo”. Uno de los presentes tuvo el buen tino de ofrecerle su dispositivo blackberry -aparato que reúne teléfono celular e internet- y la chica suspiró aliviada aunque los otros nunca nos enteramos de su problema.

Una anécdota similar, pero menos reciente, tuvo lugar cuando Sir Rowland Hill descansaba en una posada escocesa (hay diferentes versiones de esta -casi- leyenda) y pudo observar como una de las dependientas del lugar rechazaba una carta de su novio, después de haber escrutado el sobre con detenimiento. Dijo no contar con dinero para afrontar el envío, que en aquella época desembolsaba el destinatario. Dado que en 1835 no había blackberrys, Sir Hill también hizo gala de su generosidad, pero en este caso pagando el coste que reclamaba el cartero. Sin embargo, asombrado, fue informado por la interesada que el sobre no contenía carta alguna y que mediante un ingenioso sistema, en el exterior, su enamorado le había hecho saber de unas pocas novedades, burlando el correo semanalmente.

Como el profesor Hill no era cordobés sino inglés, en lugar de imitar el sistema para ahorrarse un par de peniques mensuales, propuso cambiar el correo, consiguiendo que el 6 de Mayo de 1840 se pusiera en circulación la primera estampilla de la historia de la humanidad. El Penny Black, cuyo debut lanzó el sistema contemporáneo de pago remitente y el cálculo del costo según un coeficiente de peso y distancia.

Hill, por su parte, se acaba de ganar una enemiga poco importante y un pase a la inmortalidad pues el nuevo correo triplicó inmediatamente la cantidad de cartas en circulación, popularizándose.

La historia de la actividad de correos y mensajería es antiquísima. Se remonta al 2400 ADC, en Egipto. Cuando los mensajeros distribuían los decretos. Augusto, emperador romano, dispuso un sistema similar al que tenían los incas, de este lado del mapamundi. Carlomagno, en Francia del siglo IX impuso los mensajes escritos que fueron potenciando la comunicación hasta que el ferrocarril, diez siglos después, propulsó y agilizó por todos los rincones del globo la costumbre de la correspondencia.

En las décadas que siguieron, los correos crecieron en su volumen sin conocer crisis. Si había guerra, se mandaban más cartas, si había bonanza económica, había más cartas. Las fiestas siempre fueron la excusa para felicitaciones epistolares, y los períodos de vacaciones también tenían su correlato en postales.

Pero desde hace una década, como la chica preocupada de la reunión, al decir “un correo”, hablamos de “e-mail”.

Correo postal versus e-mail

El siglo XXI, con acento en estos últimos años, incrementó la virtualidad, hasta pasar a ensombrecer la antigua omnipresencia postal. Las comunicaciones entre particulares se han atomizado casi exclusivamente en la correspondencia electrónica, debido a la inmediatez, sólo comparable a telefonía. Otro factor ha sido lo multimedial (disponibilidad de varios medios como, texto, imágenes, sonido y audiovisual). Estas virtudes han seducido a personas de edades y condiciones sociales cada vez más disímiles, que abandonan la lamida de sobre para ir al confort inodoro, insaboro e insípido provisto por Gmail o Hotmail.

Esta nueva crisis en el negocio postal amenaza con depositar al buzón en el mismo limbo donde descansa la videocasetera, los pasacasetes y las máquinas de escribir. Pero, dice la Unión Postal Universal que también se presentan factores inesperadamente auspiciosos: el comercio electrónico se apoya, exclusivamente, en el correo postal para la distribución de los productos adquiridos vía web. Y el comercio electrónico ha crecido a razón del 100%, cada año desde 2000. Al comprar un libro en amazon.com, un disco en allmusic.com, o pescar algo en deremate.com, será un simple cartero (no necesariamente Yabrán) quien traiga las nuevas adquisiciones. Este servicio de paquetería y encomiendas, cada vez más sofisticado, representa una oportunidad de negocio creciente que viene a contrarrestar el efecto devastador de la correspondencia electrónica privada.

El buzón y la mailera: panzas llenas de lo mismo

Actualmente, al volver del trabajo, sólo encontramos debajo de nuestra puerta documentos de servicios (esencialmente cuentas) y publicidad. Lamentablemente no llegan más cartas de amor en el bolso del cartero. Por el lado la bandeja de entrada virtual, la situación es parecida: llega alguna noticia familiar y algún mensaje de amor, pero entre parvas de publicidad cada vez más agresivas y sofisticadas. Estudios recientes estiman que el 92 % de los emails recibidos son detestables spams. Nadie que nos quiera.

Otra similitud. La insoportable espera del empleado del Correo Argentino ha sido suplida por los trastornos psicológicos que sufren quienes controlan con excesiva frecuencia su mail. Y una variante tragicómica: recibir pocos e-mails genera angustia y ansiedad hasta enfermar seriamente.

Otro lazo que comparten es la sistematización de las direcciones: por el lado del antiguo, el código postal. Para el más joven (predecesor de la internet, con un primer envío que data de 1969) tenemos una arroba, desde 1972, separando al usuario del prestador, terminando con la indicación del país.

Como conclusión, ambas vías que nacieron para la comunicación interpersonal, siguiendo al sociólogo francés Abraham Moles, han terminado transformándose en canales de difusión donde emisores comerciales hegemónicos esparcen su mensaje masivamente, y los receptores individuales somos cada vez más consumidores.

Filatelia, una afición en caída libre

(Viene de Especies en extinción: Correo, filatelia y arte postal)


De las tradiciones vinculadas a la actividad postal, tal vez la más sufrida sea la filatelia. Y lo dice alguien que aun quiere heredarle a su hijo un álbum de estampillas valiosas.

La filatelia sufre una reducción propia de la acelerada desaparición de cartas entre personas, así como la simplificación que impusieron los matasellos al prescindir de las queridas dentadas y pegajosas estampillas. Los bancos, con toda su expeditividad no usan estampillas.

Esta actividad que consiste en coleccionar y clasificar sellos postales viene desde la impresión del Penny Balck de Hill. Un francés fue quien bautizó la actividad al hablar de filos amor y atelia pago anticipado. Eso fue en 1861, cuando salía a la luz el primer catálogo filatélico. Ya desde 1841 el museo británico coleccionaba los sellos. A partir de entonces la historia se complicó llegando a aparecer subgéneros como la aerofilatelia, especializada en sellos por vía aérea.

La historia de la filatelia está plagada de curiosidades y anécdotas, muchas de ellas cinematográficas. Tal vez la más famosa sea la de Louis Vermont Vaugn quien había encontrado una extraña y fea estampilla de un centavo, de la Guyana Británica impresa en color magenta en 1856 con el objeto de suplir la ausencia de sellos originales, en esa colonia africana. Vaugn vendió este hallazgo por un dólar y medio, multiplicando por 150 su valor. En poder de un misterioso conde, la estampilla pasó luego a remate, nos sin antes perderse varias veces. Luego de idas y vueltas novelescas, el misterioso sello de un centavo fue comprado por diversos fondos de inversión adquiriendo un valor superior al millón de dólares. Sus últimas apariciones en público fueron con escolta policial permanente.

Arte postal, una rareza con sede en Argentina

Otra actividad que se ha ido diluyendo es la de hacer correspondencia postal con fines artísticos. Su importancia ha sido reseñada en el libro “El arte postal en la Argentina” de Vortice y existe un día del arte postal: el 5 de diciembre.

Esta práctica alternativa nace en los sesentas cuando los artistas comenzaron a usar los medios de comunicación como soporte y, como el Pop Art, se apropiaban de los objetos cotidianos “masificando las vanguardias”. La propuesta era canalizar unas obras cargadas de subversión a través de un medio oficial como el correo. Este arte de red se cargó de expresividad y libertad en plena década de los setenta, interconectando a una latinoamérica flagelada por las dictaduras.

Edgardo Antonio Vigo fue el más grande exponente de Argentina. También poeta, murió en 1997. Su obra se caracterizó por una fuerte denuncia política desde que desapareciera ilegalmente su hijo. Usó el sobrenombre del chico, desde entonces, como firma: Palomo.

Omar, otro creador local, llegó a distribuir sus obras de arte postal en bicicleta transformándose en un cartero artístico.-

miércoles, 23 de abril de 2008

Sobre el Día Mundial del Libro

(Publicado por La Voz del Interior, el 23/04/2008, en la sección de Opinión)

Si quien lee esta columna, como el autor en el momento de la redacción, tiene la intención de escribir un texto sobre el libro en su día mundial, es recomendable que no recurra a una cita proveniente de un best seller. Lo ideal es arrancar por la justificación, pues Unesco impuso el 23 de abril como Día Mundial del Libro y los Derechos de Autor, recordando la muerte de Cervantes, de Shakespeare y del inca Garcilaso de la Vega. Estos tres tótems de la literatura fallecieron ese día, hace 392 años, en 1616.

Por ese entonces, la humanidad llevaba más de un siglo imprimiendo con la imprenta de tipos, método que Johannes Gutenberg había perfeccionado hacia el año 1450, propiciando la reproducción que en la antigüedad se hiciera a mano.

La decisión de esta celebración, más allá de la efeméride, pretende reflexionar y poner en valor la lectura, así como la escritura. Por esto, la iniciativa también reivindica a los autores, y data de hace tan solo 13 años.

Es irónico que esta decisión se haya tomado en 1995, cuando la industria editorial, una de las peso pesado dentro del club de las industrias culturales, enfrentaba un desafío por el que ya han pasado todas sus pares.

La música, apresada en el fonógrafo patentado por Edison en 1877, y que circulara por el gramófono (con discos de 1888), fue al tocadiscos, al casete, a los discos láser y actualmente es sólo información que circula, por ejemplo en formato de mp3.

La música, en síntesis, es el ejemplo popular de la situación que también atraviesa la industria del audiovisual: cine, video, DVD y toda una familia de nuevas siglas que pronto pasarán a la obsolescencia.

Es un hecho que la lectura es cada vez más virtual, las cartas no se escriben para los sobres sino para el Outlook Express, los diarios apuestan por sus web y los libros, muy a nuestro pesar, están dejando de ser objetos para transformarse en información pura.

Cuestión de piel. Es frecuente leer sobre los e-books, ecolibros o libros-e refiriéndose, de manera indistinta, a textos para bajar en nuestras PC, dispositivos que tienen aspecto de un libro “tuneado” tecnológicamente, u obras planteadas en hipertextualidad. Relatos que pueden incluir acciones y recorridos que derivan de clics del lector. Con el conflicto de Botnia, parecía ser una buena noticia para Gualeguaychú.

Además del cybook y el sonyreader, Amazon.com lanzó el e-book Kindle, que inicialmente cuesta 400 dólares. Soporta hasta 200 libros (en una biblioteca, son dos estantes de metro y medio repletos de novelas), pesa 300 gramos y tiene tinta electrónica. Se le pueden cargar libros de un stock, también inicial, de 110 mil obras, a un costo estimado en 10 dólares por “libro”. Parece ciencia ficción, pero está en Wikipedia, ergo, debe ser cierto.

Volviendo al libro en abstracto, sin importar si hay papel de por medio, parece interesante detenerse a valorizar este vehículo de la cultura en un país donde, según un estudio de Gallup para el diario La Nación, la población deja de leer, ya que en 2000 era una actividad para el 52 por ciento de los entrevistados, y en 2007 incluyó sólo al 42 por ciento de los argentinos.

Otro dato alarmante de ese estudio es que la lectura en clases sociales medias y medias bajas (si es que estos segmentos siguen existiendo), históricamente grupos que sí leían en nuestro país, ha caído dramáticamente. Ojalá que en este caso se cumpla la máxima de René Descartes: “Los malos libros provocan malas costumbres y las malas costumbres provocan buenos libros”, de la misma manera que el asunto de las clases pudientes y la lectura se podría resolver siguiendo lo dicho por Wilde: “Detesto la vulgaridad del realismo en la literatura. Al que es capaz de llamarle pala a una pala, deberían obligarle a usar una. Es lo único para lo que sirve”.

La mágica conexión entre la creación de un autor y su lector, como en este caso usted lector y yo, desconocido que llego a su vista de la mano de La Voz del Interior, viene a ser el mejor ejemplo de la libertad.

Al crear, se expresan ideas y se las difunde, generando nuevas ideas a imprimir. Como receptor se trata de nutrirse de otros, para llegar a ser uno mismo. Reflexionar, ser un individuo en relación con el mundo de cada libro, de cada palabra, apasionadamente. Ya lo dijo Federico García Lorca: “La poesía no quiere adeptos, quiere amantes”.

La palabra escrita, la mejor arma que ha tenido el hombre para defenderse, cambia de piel, muta para seguir generando vínculos entre los humanos. Lo dijo Sartre: “El mundo podría existir muy bien sin la literatura, e incluso mejor sin el hombre”.

Al comienzo de la columna se recomienda no recurrir a un best seller en estos casos. Pero la literatura es subversión, así como la industria editorial ofrece horas de belleza a muy bajo costo. Por ello la referencia a La sombra del viento, novela enrollada en una novela, de Carlos Ruiz Zafón, con 10 millones de ejemplares vendidos y versiones en 30 idiomas.

Simplemente, al comienzo hay un Cementerio de Libros Olvidados. Allí el padre le dice al hijo: “Cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió, y el alma de quienes lo leyeron, y vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien desliza la mirada por sus páginas, su espíritu crece y se hace fuerte... Cada libro que ves aquí ha sido el mejor amigo de alguien. Ahora sólo nos tiene a nosotros, Daniel”.


(Dedicado a Ismael Rodríguez, fundador de Amerindia, quien atiende en la sección de arte en la librería del Cielo, desde que nos dejó).

Fuentes en la Web
http://portal.unesco.org/es
www.amazon.com
http://es.wikipedia.org
www.lasombradelviento.net/

martes, 22 de abril de 2008

El libro, especie en extinción

(publicado por el diario Puntal de Río IV, Córdoba)


El próximo 23 de abril UNESCO celebra el día mundial del libro y los derechos de autor. Se trata de una invitación a saludar y, porqué no, a comenzar a despedir uno de los últimos soportes culturales que ha dado batalla a la tecnología.

De la misma forma que el casete, el video, y la fotografía con película cayeron en desgracia -léase desuso-, el libro se apresta a transformarse en un dispositivo electrónico similar a una PDA. De Gutemberg a esta parte de la historia hemos sido concientes que la lectura no es igual si tenemos entre las manos un mouse, una pantalla táctil, o un buen ejemplar con olor a librería, hojas arrugadas por alguna flor seca, y tapas duras. Para las generaciones que hoy ostentan veinte años o menos, es igual dónde, y cómo, bailen las letras, fruto del cambio transgeneracional. Por consiguiente, hoy se puede aseverar que se lee igual o más que hace veinte años, pero desde el celular, la pc o cualquier otro aparatito. Lectura al fin, asumámoslo.

El autor de esta columna no está feliz por estas novedades editoriales y el cataclismo que ellas conllevan, pero parece ser un hecho corroborado por los grandes diarios del mundo, como el Washington post y el New York Times que han informado a sus lectores la siguiente novedad: no editaran su versión en papel mucho más allá de los diez próximos años. Ya se dedican a vender anuncios en sus webs.

Pretexto tardío

En cualquier caso, más allá de estar velando al libro en este preciso momento, es interesante destacar como, a través suyo, se ejemplifica el valor de la cultura como un derecho humano, con su doble entrada.

Por un lado los creadores, vía la escritura, ejercen su derecho a la libertad de expresión y el goce íntimo de la creación se revaloriza multiplicándose en cada receptor. Una magia que, con un poco de suerte, se repetirá y multiplicará de la misma manera que lo ha hecho Moby Dick con cada uno de quienes la tuvimos entre manos, y entre las cejas.

Por otro lado, el libro es el ejercicio del derecho de los lectores a acceder a la cultura y la información. Cada vez que elegimos un libro, para vivir el éxtasis imaginativo que representa procesar cada una de las palabras, adjudicándole nuestra propia e imaginativa descripción, o simplemente para estudiar, estamos dándole sentido a toda la industria editorial, a cada gesto creativo, y en última instancia (tal vez la primera, por cierto) a nosotros como seres humanos. Es el pensamiento, la producción intelectual, la que se mantiene en circulación, y como en un organismo, mientras haya circulación habrá vida, crecimiento y madurez.

Antes de terminar de celebrar otro día del libro más (rememorando la muerte de Garcilaso de la Vega, Cervantes y Shakespeare), acercándonos, quien sabe cuanto, a la propia muerte del libro tal como lo conocíamos, compremos, salvemos, otro ejemplar de esta especie en extinción.

jueves, 17 de abril de 2008

Megamuseos del Siglo XXI

(Publicado por La Voz del Interior el 17.04.07)

En ¿Quien le teme al Bauhaus feroz? el autor Tom Wolfe se pregunta, cómo fue posible que movimientos arquitectónicos despojados y elementalistas, exportados de la devastación europea, triunfaran en un país como Norteamérica, cuna del exhibicionismo fanfarrón, la opulencia y la desmesura.

Wolfe no sabía que el nuevo siglo traía una venganza yanqui, nada menos que de la mano de los megamuseos. Aquellas cucharadas de arquitectura impersonal digeridas por el pueblo estadounidense, y pagadas por la burguesía hasta mediados del SXX, se revertirían con la exportación de un modelo museístico exuberante que signaría a cualquier ciudad con pretensiones de destacarse.

Con ancestros como el Museo Guggenheim del arquitecto Frank Lloyd Wright en New York (1943), o el Centro de Arte Contemporáneo Pompidou de Renzo Piano y Richard Rogers (1977), los museos y centros de arte contemporáneo han ido cobrando protagonismo, hasta convertirse en las nuevas catedrales del siglo XXI. Ya no está claro si la función del museo “adquirir, conservar, investigar, y exhibir”, en este caso arte, es una prioridad. Tal vez el valor turístico sea una marca emblema para ciudades envueltas en una crisis de personalidad, que se regeneran, buscando una identidad acorde con los tiempos que corren.

El referente por excelencia es el Guggenheim de Bilbao. Se trata de un delirante y potente edificio del arquitecto Frank Gehry terminado en 1997. Esta obra disparó el concepto de ciudades refundadas desde el turismo cultural, (antes era una ciudad industrial) y dio comienzo a la saga de grandes envoltorios arquitectónicos donde las obras exhibidas en el interior quedan en un segundo plano. Inclusive, son las arcas que financian (y luego deben sostener) el emprendimiento las más resentidas. Tal vez estos nuevos museos sean la caja de resonancia de una industria de fuerte valor agregado, como son los viajeros de las bellas artes, lógicamente con un billetera que “mata galán”. El museo de Bilbao costó cerca de 150 millones de euros entre puesta en funcionamiento y obra. Pero en menos de ocho años hizo facturar a la ciudad 1300 millones. Y levantó el nivel y flujo de asistentes del museo de Bellas Artes local.

Dándole la razón a Wolfe, Thomas Krens, el polémico director general de la Fundación Solomon Guggenheim, tambien responsable de su política de expansión, dice que el nuevo edificio, a construirse en Abu Dhabi será “faraónico” y considera que “es importante impresionar”. ¿Qué debe tener un museo de su fundación? “tecnología, cosmología, ciencia y religión, todo en uno. Impresionante”. Por momentos, parecen los dichos de un entrenador de football americano.

Colosos que se multiplican y exhiben

De estos nuevos colosos encargados de defender la imagen de sus ciudades en la globalidad, se puede hacer una lista internacional extensa, que seguramente terminará con el Nuevo Louvre de Abu Dhabi, obra que emplazará Jean Nouvel en Al Saadiyat, ciudad de los Emiratos Árabes Unidos. El proyecto cuenta con un acuerdo de mil millones de euros y no pocas protestas en Francia. Nouvel, su arquitecto, medirá fuerzas con Frank Gehry (encargado del Guggenheim mencionado por Krens) y la radical Zaha Hadid, a cargo de un complejo teatral.

Tal vez España sea uno de los países que más uso y abuso hizo de “las catedrales del Siglo XXI”. Tiene al flamante MUSAC, (2005) que se define como un espacio “de actitud optimista”, para albergar “una diversidad de experiencias artísticas”. Caracterizado por una arquitectura de vidrios coloridos y hormigón generoso, fue diseñado por el estudio Mansilla & Tuñón. Contó con una inversión de 35 millones de euros. Su director es el famoso curador Rafael Doctor, y sus catálogos son exquisitos. Otra enormidad de difícil digestión es la Ciudad de las Artes de Valencia, obra de Calatrava. Una perlita es el MARCO de Vigo (2002) ubicado en Galicia, de carácter más modesto y ortodoxo. Está emplazado en una vieja cárcel y ha conservado su carácter panóptico. Otros súper-espacios de exposición (entendidos en el doble sentido, de salas, y de vitrina mundial) son el remodelado Prado de Moneo (más de 150 millones de euros en mejoras y 20.000 mts2), y el update del Reina Sofía, de 2004, con 15.000 mts2. Ambos integran un circuito que recibe 5 millones de turistas, con entradas de 6 euros cada museo.

Además de España, con el título “Museos del Siglo XXI / Conceptos, Proyectos, Edificios” se ha generado una exposición que dará la vuelta al mundo en varios años exhibiendo obras de, los hoy llamados, starchitects. Estos, por cierto, sienten debilidad por mojones urbanos como puede ser un centro contemporáneo. Entre los autores están Tadao Aando, Shigeru Ban, Peter Cook, Colin Fournier, Zaha Hadid, Daniel Libeskind, Renzo Piano, y Frank Ghery. Cada proyecto, sin importar la nacionalidad, pareciera superar los límites de la ciencia ficción, la modernidad y la sofisticación de los materiales.

Los curators también miran con entusiasmo la caja y el contenido de la Tate Modern, situada en el corazón de Londres es una referencia ineludible por su colección (moderna, desde 1900 a esta parte), su edificio (una vieja central eléctrica reciclada) y sus exposiciones temporales en la sala de las turbinas por donde han pasado los grandes contemporáneos y ahora cuenta con una intervención de Doris Salcedo. Recibe 4 millones de visitantes al año, lo que la coloca entre los museos modernos más visitados del mundo. Actualmente se espera que entre en remodelación, de la mano de los arquitectos suizos Herzog & de Meuron con un presupuesto de 300 millones de euros, o más.

(Continua en Vacas gordas y Museos nuevos en Argentina)


Vacas gordas y museos nuevos en Argentina

(Continua de Megamuseos del Siglo XXI)
Argentina también vive la fiebre de equipamientos culturales potentes. Un primer caso puede ser el MNBA de Neuquen (2004) cuya arquitectura es más austera que los casos reseñados en el exterior, pero se emplaza en pleno centro de la ciudad. La continuidad de su director, le ha vuelto un icono entre los habitantes de toda la región patagónica. Un proyecto de Mario Roberto Álvarez, quien ahora remodela el C.C. San Martín de la Capital.

Otra obra de carácter privado es el Malba (2001) de Buenos Aires. Se trata de proyecto multipremiado, perteneciente al estudio cordobés AFT (Atelman, Fourcade y Tapia), quienes ganaron un concurso internacional. Una particularidad es que la colección Constantini precedía al edificio, imponiéndole condiciones a la estructura.

En Rosario también han estrenado museo de arte contemporáneo. Se trata del MACRO (2004) emplazado en los viejos Silos Davis que descansaban sobre la margen del Paraná. Su primer director fue el reconocido Fernando Farina, hoy secretario de cultura de la ciudad, y su porte no es estrambótico aunque sí colorido.

“Deme dos” cordobés

En 2007, la Ciudad vivió una revolución cuando la anterior gestión provincial inauguró al nuevo Museo Caraffa, y el Palacio Ferreyra. Estos espacios pusieron a la provincia, nuevamente, en el circuito museístico nacional. Hubo voces críticas, como las del blog medialeguadeoro. Aunque los proyectos de cada museo son diferentes entre sí, comparten la zona de irradiación, y se erigen en edificaciones preexistentes. El Ferreyra (que parece no soportar el nombre Evita) tiene como objetivo principal la exhibición de la colección provincial, mientras que el Caraffa promete muestras temporales de diversa índole. Las instalaciones, sobre todo las entrañas que no son de acceso público, ponen en evidencia que la ciudad y provincia no estaban en condiciones de recibir muestras internacionales por carecer de espacios con las necesidades mínimas exigidas. Finalmente, son espacios que obsequiarán a los cordobeses la posibilidad de exposiciones que los porteños, santafecinos y neuquinos, sí podían ver.

Aunque la trilogía arte, arquitectura y turismo se caracterice por la inequidad, estos equipamientos son una decisión de mirar para adelante, algo inusual en una ciudad que ha sido conducida con el espejo retrovisor como única referencia.

Para estrenar dentro de unos años

Si Abu Dhabi, la ciudad más rica del planeta, planea ser la capital del mundo petrolero sumando entre otros chiches, nuevos museos, Buenos Aires utiliza como pretexto al bicentenario de 2010 para transformar el viejo Palacio de Correos y Telecomunicaciones, en lo que será el Centro Cultural del Bicentenario. Según dice la comunicación oficial, el CCB oficiará de faro para iluminar a las nuevas generaciones. Pero en la fundamentación, quienes ganaron el concurso, sostienen un discurso más preocupado en conectar con Puerto Madero, que por el tipo de arte a contener. Se espera que tenga 80.000 mts2 de superficie.

Poder, tecnología y arte

Los museos con olor a cero kilómetro, a nivel global, son cada vez más arte por fuera y menos por dentro y no plantean la competencia con colecciones o muestras temporales, sino con armazones cada vez más tecnológicos y desmesurados.

Caminar temprano por Bilbao, rumbo al Guggenheim, que surge entre los edificios barriales que le rodean, deja estupefacto al turista, y es muy probable que el visitante sienta cortársele la respiración, cuando el gigante de titanio vaya cobrando su dimensión real. Una vez en su ingreso, el asistente será consciente de su propia insignificancia, frente a tamaño gesto de poder.

Nadie recuerda que exposición estaba en la panza del monstruo. Pero… ¡vaya monstruo!

Un museo según el ICOM

Un museo es una institución sin fines de lucro, un mecanismo cultural dinámico, evolutivo y permanentemente al servicio de la sociedad urbana y a su desarrollo, abierto al público en forma permanente que coordina, adquiere, conserva, investiga, da a conocer y presenta, con fines de estudio, educación, reconciliación de las comunidades y esparcimiento, el patrimonio material e inmaterial, mueble e inmueble de diversos grupos y su entorno.

Todas las webs

www.guggenheim.org

www.centrepompidou.fr

www.musac.org.es

www.marcovigo.com

www.macba.es

www.malba.org.ar

www.macromuseo.org.ar

www.mnbaneuquen.com.ar

www.medialeguadeoro.blogspot.com

www.proyectoccb.com.ar

www.bicentenario.gov.ar

domingo, 6 de abril de 2008

Un espacio para ejercer el derecho a la cultura

(Publicado por el Suplemento Temas de La Voz del Interior. 6/04/2008)

Aunque subdirector desde 2002, quien suscribe esta columna trabaja en el Centro Cultural España Córdoba (CCEC) desde su inauguración, en 1998. En realidad, desde antes, preparando lo que sería la programación junto a las autoridades.

Se pueden encontrar algunos méritos en el trabajo que se hace en (como nos gusta llamarla) "La Casa". Pero es justo empezar diciendo que la mayoría de los méritos están fuera: muchas de las personas que construyeron y le dieron su perfil, hoy no están en su plantel estable y otras, aunque han colaborado desde siempre, no son personal del centro sino afectos permanentes: curadores, coordinadores de programas, técnicos, administradores, proveedores, periodistas, funcionarios, mozos de bares, etcétera, etcétera. Todos ellos hicieron y hacen día a día el centro, tanto o más que quienes tenemos silla.

Esta permeabilidad se combina con el lema "La cultura es un derecho". Un derecho que compromete a todo hombre como tal y que demanda trabajar muy duro. Profesionalmente. Un primer paso de ese trabajo fue convencer de la importancia de la tarea a los beneficiarios. Se consiguió comunicando de manera muy persuasiva todo lo concerniente al CCEC. Primero de la mano maestra de Octavio Martino y, después, con toda una serie de brillantes trabajadores del diseño, los textos y la web que dan identidad y desenfado a la casa.

Por lo antes dicho, el España Córdoba fue pionero en la articulación de la gestión cultural y sus modelos de trabajo, como una estrategia medular. Sobre ese diseño institucional surgió, desde un primer momento, el compromiso formal con el ámbito independiente, las manifestaciones novedosas, lo joven y contemporáneo. Un mandato fundante que le otorgara el gobierno de la Municipalidad de Córdoba, coincidiendo con las aspiraciones de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo, asociadas a las nuevas tendencias y la tecnología.

Pero más que el personal, los colaboradores, las líneas de profesionalización de la gestión cultural y el sentido de oportunidad de los fundadores, el Centro Cultural España Córdoba contó con el apoyo de una mina difícil, a la que sedujo en plena vida universitaria: la ciudad de Córdoba.

Cuando en el ’98 se inauguraba la casa, muchos cordobeses vivían una explosión creativa que se desangraba en pequeños bares, fiestas clandestinas, exposiciones tangenciales, teatros ignotos, intermitentes espacios alternativos y un mundillo artístico de ensueño. Y el Centro convocó a todos los que estaban viviendo esa ebullición, un hervidero de nuevas generaciones. Una convocatoria que aún sostiene hoy, en una ciudad que hierve distinto. Eso sí, con creadores y público joven y universitario.

El ejercicio del derecho a la creación, así como la participación en la vida cultural ha variado con el tiempo y hoy, además de la militancia que representa asistir a cualquier actividad artística, los cordobeses presentes bloguean sus opiniones, graban con celulares lo vivido y participan más, como impone el año 2008. De toda esta actividad actual no libre de debates (que incluyen la programación y tantas otras decisiones que se toman a diario) surge la construcción de este valor social para los ciudadanos que es un centro cultural.

La cultura es, entre otras cuestiones, heterogeneidad, identidad y diversidad, alternativas y alegría. Pero, por sobre todas las cosas, es un instante de seducción con la ciudad, una relación que cambia y se transforma. Como los romances que perduran.