El reproductor de literatura

(Publicado por La Voz del Interior en su suplemento de cultura, el 23/06/2008)


Ray Bradbury se equivocó. La televisión no aniquiló a los libros, como proponía Fahrenheit 451. Muy por el contrario, se apresta a ser una víctima más de internet. Al igual que aquella publicidad del SIDA, no se preocupaba cuando otros caían, y ahora “están golpeando a su puerta”. Se corroboró una baja de audiencia joven que responde al mayor tiempo que le dedican a navegar la web.

Pero en lo literario, la noticia es el Kindle, artefacto colocado en el mercado por Amazon. Se trata de un dispositivo electrónico de 18x13 centímetros, capaz de reemplazar a los libros impresos que hemos conocido hasta ahora. Sin ser el primero de su raza (Sony lanzó el sonyreader hace tiempo), y con otras firmas trabajando sobre el papel y la tinta digital, este aparato tan pequeño y amenazador se ha vendido masivamente en meses. Funciona a baterías recargables y permite almacenar hasta 200 obras, además de ofertar la lectura de los principales periódicos, blogs y webs como wikipedia. Cuenta con conexión inalámbrica gratuita para las descargas, cuesta unos 400 dólares, pesa 300 gramos, y cargarle un “libro” virtual cuesta unos 10 dólares por texto, casi la tercera parte del precio de tapa de una novela en EEUU.

Su aparición, difusión y rápida aceptación, ha despertado una violenta preocupación en toda la industria editorial. Los pesimistas temen el derrumbe de una extensa cadena de puestos de trabajo, profesiones y negocios, algo que la industria discográfica ya experimentó. Los optimistas hablan de la democratización de la información, y de zafarse del cepo de los grupos editoriales. También se espera una menor cantidad de intermediarios beneficiando a los escritores, que hoy perciben el 10% del precio de tapa, al poder colgar sus escritos on line de forma independiente.

Actualmente, ciertos tipos de publicaciones informativas, con datos, estadísticas o ensayos, abandonan el papel para alojarse en webs, blogs, o portales, mientras que la ficción se resiste a teletransportarse hacia la virtualidad.

El Kindle es antipático para las generaciones actuales, por la buena prensa (literalmente) del papel impreso. Pero, por un lado, surgirán nuevos consumidores que hoy son niños, mientras que muchos -hoy mayores- migrarán como lo hicieran al adquirir una agenda electrónica, o un reproductor mp3.

Un condicionante para la expansión del nuevo soporte de lectura es la diversidad de títulos disponibles para ser comprados. Hoy se dispone de unos 100.000 títulos, en un puñado de idiomas. Al multiplicar el stock e introducirse en otras regiones lingüísticas, el mercado se expandirá como un descontrolado virus de estanterías. Por otra parte, abaratándose la tecnología de este “reproductor literario”, con nuevas marcas o series de firmas como Apple, los componentes de la industria deberán encontrar nuevos formas de supervivencia. A ver qué hace Rubén Libros en ese entonces.

(Continua en En contra de la corriente)

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