domingo, 23 de noviembre de 2008

La triste historia de los teletrófonos, o de Como se desarrolló la telefonía

(Publicado por el suplemento dominical Temas, de La Voz del Interior, en su edición del 23/11/2008)


Recuerdo nítidamente cuando instalaron el teléfono en mi casa. Fue en los primeros 90s. Vivíamos en Argüello con toda la familia y debimos pagar una infinitas cuotas del plan Megatel. Empezamos con poco más de diez australes y terminando con varios cientos, tal vez ya existían los pesos. Como yo no pagaba, no podría precisar aspectos económicos de una adquisición que, por primera vez, me puso en un plano de igualdad con algunos amigos más afortunados. Desde ese día, y hasta la aparición del represivo candado estacionado en el “1” del disco, me independicé de los vecinos que generosamente habían prestado el aparato, o habían recibido algún mensaje. Vale decir que era una injusta víctima adolescente de la incomunicación. Inclusive, como si el cable que unía el poste con la “habitación del teléfono” no se viera, sopesé trasladar conmigo la guía hasta el almacén, para que todos en el barrio supieran que había un nuevo muchacho comunicado con la modernidad.

Este merecido acto de justicia que marcó mi vínculo con las telecomunicaciones y potenció mis relaciones sociales, guarda algún paralelismo con la propia historia de la telefonía mundial. Aunque en este caso la injusticia fue mayúscula.

Se dice casi al unísono que Graham Bell (1847-1922) inventó la telefonía, y parece una aseveración que viene corroborada por un prolongado riiiiinng! Viendo una foto de Bell, nadie discutiría con ese escocés de blanca barba sabía, e inapelable aspecto de inventor. De hecho, y tal vez gracias a su barba, Bell fue uno de los pocos inventores del SXIX que consiguió reunir una fortuna en vida con sus proyectos fundando su propia compañía.

Quien sufrió más que un abonado a Megatel fue Antonio Meucci. El verdadero inventor de lo que él llamó teletrófono, murió considerándose un perdedor.

Antonio Meucci (1808-1898) nació en Florencia y estudió ingeniería en la Escuela de Bellas Artes. Emigró a Cuba en 1835 debido a su comprometida posición ideológica. En la isla, además de trabajar en un gran teatro, desarrolló numerosas investigaciones entre las que se destacaba un tratamiento para el reuma (enfermedad que también aquejaba a su esposa) con pequeñas descargas eléctricas. Fue entonces cuando notó que la conductividad de los alambres permitía transmitir la voz. De Cuba pasó a EEUU en 1854, donde generó un sistema doméstico de comunicación entre la habitación de su postrada esposa y su estudio. Este invento fue la base de la telefonía. Por entonces, además de investigar esta tecnología, Meucci tenía una fábrica de velas y le daba cobijo a cuanto italiano estuviera en problemas. Hasta Garibaldi fue recibido solidariamente y ayudado por el inventor.

En 1871 hizo su primer patente para el invento que revolucionaría la humanidad, después de haber organizado varias demostraciones. Sin embargo, como no había podido reunir suficiente dinero, debió conformarse con un registro provisorio que renovó dos años sucesivamente. Ya en 1874 no pudo revalidar el registro. Mientras tanto, con la intención de difundir sus avances, había dejado demasiados antecedentes en manos equivocadas. Pareciera haber pruebas que algunas de esas manos le dieron la pista a Bell, quien en 1876 –ni lento, ni perezoso- hizo una patente definitiva del teléfono. Algo que el italiano nunca pudo darse el lujo de pagar. Meucci, desesperado, pobre y continuamente traicionado por sus propios abogados enfrentó al escocés en los tribunales todo lo que pudo, inclusive consiguiendo que el gobierno terciara a su favor. Pero no fue suficiente, moriría antes de obtener su reconocimiento y se llevaría a la tumba las pocas chances favorables del proceso legal. Durante el proceso legal, la el negocio de telefonía crecía a pasos agigantados.

Pasó un siglo y Bell era el papá, la mamá, y el abuelo de los teléfonos. Pero la justicia norteamericana es misteriosa y persistente: el 11 de junio de 2002 el Congreso de los Estados Unidos aprobó la resolución 269 donde se reconocía que Meucci, de barba menos prometedora que Bell, era el padre de la criatura.

Si hay un bar donde se reúnen post-mortem los inventores, el mozo, con el inalámbrico en la mano se habrá acercado a la mesa de los inventores y, esquivando a Bell, habrá dicho en voz alta, “llamada desde el congreso de los EEUU”, “es por el invento del teléfono” y Meucci, con el mentón hacia arriba, habrá atendido diciendo “sí, sono io...

“sí, le escucho bien…”

“claro que recuerdo…”

“¡Oh! ¡Cuánto me alegro!...

“Por favor, ¡cuéntenle a Garibaldi!”

Por mi parte, en 2002, mis padres ya habían terminado de pagar el plan Megatel. Argentina era un mundo signado por números telefónicos que empiezan con 4 y yo tenía celular. Empezaba con 070.

El teléfono en la Argentina

En la Argentina, el teléfono número 1 fue instalado por el técnico Víctor Anden, el martes 4 de enero de 1881. El beneficiario fue el Doctor Bernardo de Irigoyen, Ministro de Relaciones Exteriores, que vivía en calle Florida casi Viamonte. El teléfono número 2 fue para la casa del presidente Roca. Cuando terminó ese año había veinte líneas conectadas. Al año siguiente había seiscientos abonados. Han pasado 127 años y en el país hay cerca de 9 millones de teléfonos fijos. En el mundo se cuentan cerca de 1.300 millones de usuarios. Según Digiworld 2007, el volumen del negocio alrededor de la telefonía tradicional se sostiene gracias a servicios añadidos, como el acceso a Internet, ya que la cantidad de líneas decrece. Sin embargo, los nuevos prestadores de Internet comienzan a prescindir de la línea y, como amenaza extra, ofrecen una nueva generación de comunicaciones telefónicas sobre plataformas IP. Éstas son súper-económicas, permiten enviar datos en simultáneo y desconocen el concepto de “larga distancia”.


(Continúa en 25 años de comunicaciones móviles)


25 años de la telefonía mó"vil"

(Viene de La triste historia de la telefonía)

Si es apasionante la génesis del teléfono, (lo que se cuenta en estas líneas es una mínima parte de las aventuras y desventuras de los protagonistas), la historia de los celulares no se queda atrás. Empecemos esta narración por el final: hoy se estima que coexisten casi 4.000 millones de líneas celulares, triplicando las líneas de tendido. Sólo en la Argentina hay 37 millones de celulares.
Una cifra muy importante si se considera que, comercializados desde el 13 de junio de 1983, los celulares recién cumplieron 25 años. Además de ser jóvenes, estos aparatitos han mejorado mucho: el primer Motorola pesaba 800 gramos, medía 33 centímetros, y usaba toda la batería en media hora de conversación. Estos primeros ladrillos costaban U$S 4.000. Actualmente, uno de los modelos más nuevos de la misma marca pesa cerca de 100 gramos, mide 10 centímetros, la batería dura 16 días, realiza videollamadas, accede a Internet, permite comunicarse en todo el mundo y cuenta con “gigas” de memoria. Se llama Z8 y cuesta U$S 600.
El creador de ese primer celular fue Rudy Krolopp, quien trabajaba con Martín Cooper, en la Motorola, empresa especializada en comunicaciones radiales, madre de los celulares. Los walkie-talkies completan la genealogía.
Cooper lideró un equipo que en 1973, mucho antes de comercializar los primeros móviles, consiguió hacer una llamada desde la calle. ¿Qué a quién llamó? ¿A Meucci? ¿A Megatel? No: llamó a su competidor. Un tal Engel, que también trabajaba a toda velocidad en la empresa AT & T para inventar un teléfono móvil. Volviendo a Cooper, que hoy tiene 79 años, al comunicarse le dijo ¿A que no sabés desde dónde te estoy llamando? Parado en la vereda, Cooper sonreía sabiendo que entraba a la historia de la humanidad, teléfono en mano, por la puerta grande.
En Córdoba, los negrasones ya se frotaban las manos pensando en todas las fundas para celulares que iban a vender en el área peatonal.-

sábado, 22 de noviembre de 2008

La carta magna de la humanidad

(Publicado por La Voz del Interior, en la sección de opinión, del día 22/11/2008)


Los primeros días de noviembre, durante el Festival de danza Pulso Urbano, unas personas, unos bailarines, contrastaron sus cuerpos en movimiento con el paisaje edilicio compuesto por la urbanidad que otras personas han ido erigiendo.

La arquitectura de la ciudad enmarcó el movimiento corporal en la calle, en una plaza, en la vereda de un bar. Todos los ciudadanos de a pié fuimos representados por individuos danzantes, por bailarines reclamando un momento de protagonismo en la cotidianeidad de la masa móvil constituida por la población. Un instante de disonancia para efectuar un señalamiento: ésta es una persona inmersa en la humanidad, y ésta ciudad, sus calles, autos y espacios públicos son una dinámica metáfora del progreso, de lo que podemos hacer juntos.

Dentro de una constante coreografía colectiva, los bailarines redujeron esa distancia entre un hombre y la humanidad, entre uno y todos. Se trataba de una hormiga, en un ejército de hormigas marchando rítmicamente, que comenzó a bailar su propia melodía.

Sobre las hormigas

Las ciudades y los hormigueros son exactamente lo mismo. Mientras cada uno de nosotros desconoce como un celular se conecta con el otro, desde donde atienden los empleados de los call centers, o cómo llegan las municiones del metrallista parapetado dentro de las cabinas de cospeles siga, como un croupier, abasteciendo de pasajeros a los colectivos, alguien sí sabe la fórmula secreta de un café bien tirado, pero no puede hacer una medialuna. Otro tipo sí conoce cuántas fetas de jamón hacen una buena mafalda, pero es incapaz de identificar la usina productora de los diarios que acompañan su desayuno. Por consiguiente, cada ciudadano sólo hace su parte y todas las partes establecen el pulso de este panal.

Al igual que las temitas, las abejas, u otros insectos sociales, las hormigas dominan el planeta –mirado en términos de la evolución- desde tiempos remotos. Con más de 10.000 especies, su éxito global (prácticamente están en todo el planeta) se basa en la inteligencia colectiva, o en la lógica de enjambre. Cada insecto interpreta una limitada cantidad de datos elementales, pero miles de trabajadores al unísono, consiguen calcular matemáticamente cuál es el camino más corto hacia el alimento. También, mediante un laborioso informe topográfico, detectarán cuál es la forma más accesible. Inclusive, a través de una compleja obra de ingeniería, almacenarán en cámaras subterráneas las hojas que han cosechado y, dichas hojas producirán un hongo que servirá para alimentar varias generaciones de la comunidad. El hormiguero tendrá defensas, sistemas de seguridad, cementerio y basurero, siempre en lugares estratégicos para que no afecten las condiciones de otras zonas de la polis. Ninguna hormiga sabe más que la otra, de hecho todas saben bastante poco, pero en conjunto progresan siguiendo una misteriosa partitura que todas parecen haber aprendido de memoria hace miles de millones años.

Es probable que estos insectos sólo sepan eso: interpretar la cadena secreta que describe derechos y obligaciones de las hormigas, la base de su funcionamiento comunitario, la invisible línea conectora entre la individualidad y lo colectivo.

Tal vez para nosotros sea cuestión de tiempo. Puede ser que durante los próximos miles de años, los humanos incorporemos profundamente la Declaración de los Derechos Humanos.

Esta “carta magna de la humanidad”, el guión de la película que protagoniza nuestra especie cumplirá 60 años dentro unas semanas, falgtan tan sólo unos días.

Como las grandes composiciones musicales, es una obra sexagenaria y aun se la lee joven y desafiante. Sin embargo, llegar a ser el código secreto oculto en el corazón de todos los hombres y mujeres exige renunciamientos. La declaración está para ser leída, así como nosotros los ciudadanos tenemos un bailarín individual dispuesto a dar lo mejor de sí, como lo hicieran los protagonistas del Festival de Danza local en su representación urbana. Tal vez leyendo y bailando entre todos, el hormiguero de la humanidad funcione un poco mejor.

La declaración está publicada en diversos sitios, entre ellos la página oficial de las Naciones Unidas: www.un.org. Allí se puede leer “Es nuestro deber garantizar que esos derechos se hagan efectivos en la realidad - que sean conocidos, comprendidos y disfrutados por todos, en todos los lugares del mundo. Con frecuencia, los que más necesitan que se protejan sus derechos humanos son los que también necesitan estar informados de la existencia de la Declaración - y de que existe para todos." Ban Ki-moon, Secretario General de las Naciones Unidas

[Tanta hormiga en esta columna tiene asidero en el libro “Sistemas Emergentes, o que tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software, de Steven Johnson]

viernes, 21 de noviembre de 2008

Noviembre negro en el mercado del arte

(Publicado por la sección de cultura de La Voz del interior, en su edición del 21/11/2008)

Desde comienzos de esta década, las industrias culturales protagonizaron una escalada en su volumen de actividad económica a tal punto que varios estudios, inclusive en la Argentina, las ubicaron entre los sectores más importantes de la economía. Año a año, la cultura y sus subcircuitos (como el editorial, el audiovisual y el propio mercado del arte) fueron ganando protagonismo en el mundo empresarial a tal punto que diversos grupos inversores generaron departamentos de arte para asesorar sus accionistas.

El contexto mundial

Superado el mal trago que generara la guerra del Golfo en 1991, cuando los precios del arte describieron una picada descendente, las diferentes esferas del mundo simbólico habían conseguido fortalecerse contra los vaivenes bursátiles e inclusive, hasta mediados de este año, todo parecía indicar que la cultura se mantendría a flote, en la superficie, como las burbujas del champán.

Además de las obvias consecuencias que supone la falta de liquidez entre los bolsillos más altos del planeta, el mundo de lo cultural, que históricamente estuvo arropado por el ámbito público, comenzó a trastabillar y, borracho de éxito, no notó como la crisis global también le afectaría.

Los grandes museos de este siglo, las megainversiones y los subsidios millonarios que estaban dándole un protagonismo singular a la creatividad en todo el mundo, provenían de presupuestos regionales, nacionales y supranacionales que ahora están jadeando. Con la recesión escrita en letras de molde, todas las áreas públicas están ajustando sus iniciativas: menos envíos a las bienales, proyectos más modestos, o pocos artistas circulando por el mundo, son el resultado esperado para un 2009 donde la iniciativa privada no consigue clientes y lo público no cuenta con recursos suficientes para sostener el ritmo de antaño.

Los grandes festivales de rock, la música de cámara, así como las puestas escénicas importantes de todo el globo ven como los fondos de financiación para 2009 no permitirán iniciativas de envergadura. Los únicos que parecen leer un futuro menos trágico integran la industria editorial, pues en esa cadena de producción existe una máxima que dice “a menos ocio recreativo fuera, más lecturas en casa”.

Hoy, en el mundo del arte coinciden tres circunstancias: presupuesto públicos reducidos con una consecuente menor visibilidad, coleccionistas más preocupados por ver el comportamiento de wallstreet que por incrementar sus colecciones, y un mercado que se había inflado con dinero de especuladores que diversificaron sus ganancias, de quienes no se puede esperar ninguna lealtad.

Los primeros síntomas aparecieron el 16 de septiembre. Entonces parecía una fantasía ver al mercado londinense despedirse del banco Lehman Brothers y, en la otra cuadra, Demian Hirst cerraba ventas por mucho más de 100 millones dólares con su mediática y manoseada subasta sin intermediarios. La casa Sotheby’s se prestaba a otra confusa artimaña del artista conceptual de 43 años y, aunque sólo se oían aplausos, muchas de las operaciones fueron transacciones fantasmas del propio Hirst, o su círculo de negocios. Aunque las cifras son obscenas si se las compara con medias históricas, algo raro estaba pasando...

Poco después, a principios de noviembre, se corroboró que el mercado se había desplomado, pues la subasta neoyorkina de Christie's, hizo una pésima performance. Obras de Rothko, Renoir, Cézanne, Manet, y Klee se quedaron sin comprador. Cabe señalar que al mismo tiempo que se realizaba el remate, la Modern Tate Gallery de Londres tenía colgada una muestra de Rothko (una coincidencia que suele contribuir a que el martillo “baje más alto”) y el mismo Rothko, al igual que Renoir, cuentan con obras en la famosa lista de los diez cuadros más caros del mudo.

El revés de Christie´s vino inmediatamente después que Sotheby’s hiciera la peor subasta de la década. En esa ocasión los mozos sacaron a relucir trabajos de Van Gogh Monet, y Picasso, pero volvieron a guardarse sin conseguir candidatos para el precio base. Si quien lee esta nota tiene un puñado de millones de dólares, aproveche y compre ahora.

Los vivos sufren más que los muertos.

Los precios record alcanzados en los últimos años por creadores en vida como Jasper Johns, Lucian Freud (que con sus ochenta y seis años ya casi cambia de categoría), Hirst y Jeff Koons quedarán en el limbo de la excentricidad por un tiempo, hasta que el mercado vuelva a erguirse.

Sin apoyo estatal, con fondos especulativos en franca retirada, y una mecánica de construcción de precios que, lejos de ser snob, es caprichosa y de una lógica ilógica que nada tiene que ver con la oferta y la demanda, es probable que vengan tiempos austeros para las ferias. Menos champán y más sidra.

Crisis.cor.ar

En Argentina, donde no abundan los coleccionistas y las obras más costosas (Berni ostenta el record) nunca pasan del millón de dólares, aun es difícil aventurar un diagnóstico. Está claro que la crisis aun no ha golpeado tan duro como en Europa o EEUU (aquí, históricamente todo lo bueno demoró y lo malo llegó con forma de maremoto) pero el nefasto estado de lo público en materia de gestión de la cultura y promoción de las artes, seguramente hará mella de forma negativa.

El últmo ArteBA, y a título de opinión personal, no lució excitante como los anteriores. Sobre todo para Córdoba.

En la supuestamente docta, este año los espectáculos cortan una alarmante cantidad menos de entradas –según un productor local-, se cancelan muestras o actividades en los espacios públicos, lo independiente pierde la batalla de la subsistencia diaria, y en las secretarias de cultura de los municipios o de la provincia, hay un clima de velorio presupuestario que pareciera dirigirse a un entierro previsto en 2009.

Las artes visuales y su ínfimo mercado local ven cerrar o replegarse a las galerías, mientras los artistas –dado que no tenemos ningún Hirst- deberán seguir sobreviviendo de la docencia, ya que ventas y premios son un milagro para el que cada vez hay que rezar con más insistencia al Dios del mercado.

Qué dicen los que vende:

Al ser consultada sobre la situación local, Daniela Lamanuzzi (Corazón Corobés ) indicó que su termómetro es el mercado porteño. En su reciente paso por South Limit y Buenos Aires Foto pudo observar una gran preocupación entre las galerías “grandes” por la falta de operaciones. Un parate reflejado, inclusive, en una menor afluencia de público. Más optimista, Victor Marchiaro, siente que el achique todavía no llegó a su local de calle Belgrano. También en Buenos Aires, el galerista concretó una suculenta cantidad de operaciones y en el local se defiende con obras pequeñas, ferias y rebajas. Al mal tiempo, buenos precios.

sábado, 8 de noviembre de 2008

Gastronomía, el octavo arte

(Publicado por La Voz del Interior el Viernes 7 de Noviembre en su suplemento de cultura)

“La nueva cocina es a la gastronomía lo que el arte conceptual fue a la plástica” dice el periodista español Vicente Verdú, en una nota reciente, al detallar la escisión que sufre el creciente mundo de la cocina actual. Sucede que, si a las viejas seis bellas artes se les suma el cine (sin dudas el séptimo arte), no faltará mucho para que la gastronomía –considerada un arte menor por exigir para su disfrute contacto con “la obra”-, entre en octavo lugar. Pero todo acceso al podio acarrea desplantes.

La creciente demanda de espectacularidad, abstracción y búsqueda de los límites, que ha caracterizado estos últimos años de la historia del arte tiene un correlato culinario. Sucede que la cocina abandonó su funcionalidad, comer, para transformarse en un terreno de pura experiencia hedonista. Para alimentar está la heladera, dice Andoni Luis Aduriz, quien le asigna a la nueva cocina un valor exclusivamente creativo y expresivo. En un comienzo, el cocinar, una de las prácticas más antiguas de la humanidad, fue la causa del nomadismo humano. La tribu prehistórica se movía para comer, probaba por curiosidad, y cocinaba para conservar y así sobrevivir. Tal vez, de todos los componentes del patrimonio cultural de un pueblo, sea el que más exprese su diversidad. O su identidad.
Además de un grado importante de experimentalidad, existen muchas más similitudes entre la cocina y sus hermanas mayores, por ejemplo, cada vez hay una relación más simbiótica con el desarrollo económico. Efectivamente los museos traccionan el turismo cultural, pero la gastronomía seguramente está segunda en la lista de recomendaciones para el futuro turista. Además, un telespectador de tv por cable encontrará un canal artístico, pero tal vez haga zapping entre varios dedicados a darle con “el gusto”.
Luego está el asunto interdisciplinario. Carina Perticone, cocinera, y egresada de historia y antropología alimentaria, decía en una entrevista publicada por Ñ.40 que “hoy, la cocina es considerada objeto de estudio por químicos y físicos, antropólogos, sociólogos y psicólogos sociales”. Lo mismo enorgullece a la música, la plástica, o el teatro.
De la cocina su puede decir de todo, hasta que ilustra o remeda a los grandes maestros, como el menú Modigliani, que se ofrecía en el Paradís Thyssen, comedor del Museo Thyssen-Bornemisza, en Madrid.

Artista y Gurú
Con un reconocimiento que lo puso al nivel de “otros españoles como los pintores Salvador Dalí, Pablo Picasso y Joan Miró, o con el director de Cine Luis Buñuel” la Universidad escocesa de Aberdeen, fundada en el siglo XV, le otorgó al cocinero catalán Ferran Adrià (1962) el doctorado honoris causa. Pero este mérito llegó después que Adrià fuera centro de un extenso debate al ser invitado a la Documenta 12 de Kassel (2007), el evento más influyente del arte. Una genialidad de Roger Buergel, el director. Inclusive este reconocimiento del mundo de la cultura es posterior a que Times le identificara en 2004 como uno de los hombres más influyentes del mundo. ¿Un simple cocinero? Nada de eso. Se trata del fundador y dueño del ultrafamoso El Bulli, tres años consecutivos elegido el mejor espacio culinario del mundo. Una catedral del paladar que atiende sólo seis meses al año, con más empleados que comensales por noche y un solo turno. Aunque el restorán, por sí mismo no arroja grandes ganancias, su servicio de cattering, junto a la venta de libros, contratos de asesoramiento con empresas como la cadena hotelera NH, han hecho de Adrià, un multimillonario. Su clave es la conjunción de gastronomía y química, que se traduce en propuestas como la "esferificación" (empleo de alginatos para formar pequeñas bolas de contenido líquido) o el uso del nitrógeno líquido en diversas preparaciones.
Esta corriente le ha confrontado con otros cocineros más clásicos, como Santi Santamaría, chef catalán de 51 años que duda de la cocina vanguardista, considerándola un globo comercial. Hace meses acusó a sus colegas modernos de usar sustancias como la metilcelulosa, que goza de pésima prensa.
El mote de conceptual para la nueva gastronomía tiene mucho sentido. Casualmente, el fundador del arte conceptual, Sol Lewitt, (1928-2007), que tiene un trabajo en el subsuelo del Museo Palacio Ferreyra, hacía obras, que eran “recetas” para que terceros ejecuten, a partir de sus instrucciones. Y aunque muchas fueron inolvidables (llegó a concebir unos 1.200 murales efímeros), estos debían ser limpiados una vez finalizada su exhibición temporal. Como un plato que gustó mucho.

En Córdoba tambien se cuecen habas

Si hay algo elemental, es la alimentación. A su vez, podría considerarse a la alta gastronomía como un reino snob, efímero y banal. En esa dicotomía estaba Córdoba, que acusaba el puñetazo al estómago de la crisis de 2001, pero contaba cinco mil inscriptos en carreras de gastronomía, en 2002, según el director de la Escuela Provincial Montes Pacheco.
Hoy, la ciudad tiene varias concurridas opciones de formación para el asunto: Celia, Mariano Moreno, Montes Pacheco, Azafrán, IGA, e Interchef, entre otros.
Además de escuelas, en Córdoba tenemos nuestros propios artistas de la sartén. El gremio reconoce unánimemente a Marcelo Taverna, chef de Juan Griego. Un lugar que se abstiene del glamour y abre sólo al mediodía, de Lunes a Viernes. Otro autor poco publicitado es Martín Flores, del restorán DOC, que tuvo la posibilidad de trabajar cerca de Martín Berasategui . Ricardo Ariel Spertino, es el comandante de la multipremiada cocina de San Honorato, pioneros locales de la cocina de autor. Ya fuera de la ciudad, y entre un sinfín de reconocidos referentes, vale reconocer a Roal Zuzulich, quien dirige la batuta en el restorán del golf de Alta Gracia.-

Webs relacionadas:
www.elbulli.com
www.abdn.ac.uk (University of Aberdeen)
www.documenta12.de
www.paradis.es
www.celiagastronomia.com.ar
www.mariano-moreno.com
www.azafran.com.ar
www.interchef.com.ar
www.docvinosycocina.com.ar
www.sanhonorato.com.ar

La ciudad de la ceguera

(Publicada por La Voz del Interior, el Sábado 08 de Noviembre en su sección de opinión)

José Saramago, portugués de profesión y escritor de nacionalidad, escribió “Ensayo sobre la ceguera”. Una obra ideal para comprender la ideología que apuntala su literatura. Este libro narra la situación de un pueblo inmerso en una fulminante epidemia de ceguera blanca.

Córdoba sufre el mismo mal.

Nadie ve, o por lo menos nadie señala, como el espacio colectivo tiene una metástasis de emprendimientos inmobiliarios. Estas obras, independientemente de una valoración estética, demuestran que el poder de la industria de la construcción empequeñece las posibilidades de circulación para quienes vivimos en la ciudad de la ceguera.

Arte urbano y nuevos atractivos turísticos

Caminemos por Duarte Quiros al 900. Allí se construye un edificio sobre la mano opuesta a tribunales. Éste se apropió de la vereda desde hace meses. Varias toneladas de arena hacen de la acera una playa caribeña en pleno centro. Estas playas artificiales no orillan con ningún mar, sino con contenedores depositados unilateralmente por señores conductores camiones. Hasta tanto coloquemos sombrillas en esta nueva playa local, será fácil corroborar –para quienes no sufrimos la ceguera saramaguiana- como los vehículos hormigoneros gozan de extraordinarias exenciones de tránsito. Para esta clase privilegiada de vehículos no existe la señalización de los sentidos de las calles. Prerrogativa que se acrecienta proporcionalmente al tamaño del vehículo. Esta casta privilegiada de conductores que transportan materiales de la construcción puede estacionar en (debería decir sobre) cualquier vereda, y a cualquier hora. En estas condiciones podremos apreciar como los transeúntes deben caminar por el medio de la calle rodeando al camión, entre los colectivos. Está teatralización no-ficcional se representa en la obra que se hace sobre calle Caseros al 200, en pleno centro, a diario, y con mucho tráfico.

Sin embargo, esta situación que pareciera ser adversa, trae sus lados positivos pues la ciudad tiene potenciales atractivos turísticos. Además de las playas artifícales, contamos con la nevada eterna de calle Chacabuco al 800, al lado del Consulado de España. Allí se puede asistir a un fenómeno único en el mundo pues llueve ininterrumpidamente piedras, ladrillos y cemento. Esta rareza ha sido incorporada con naturalidad por los vecinos del barrio Nueva Córdoba quienes aparentemente han sido los primeros infectados con el virus de la ceguera.

Otro atractivo del maravilloso mundo de la construcción son diversos monumentos contemporáneos que empresas y constructores independientes nos regalan en espacios supuestamente públicos. Toda plaza puede ser destinataria de varias toneladas de “hierros del ocho”, camionadas de bloques, o lo que el responsable de la construcción considere oportuno. A comienzos del SXX, Marcel Duchamp revolucionó el arte contemporáneo enviando a un concurso un mingitorio, dando comienzo al dadaísmo. Seguramente la historia del urbanismo mundial reconocerá el carácter precursor y artístico de varias decenas de inodoros que una empresa colocó recientemente en una plaza de Barrio General Paz. Una intervención que transformó la plaza donde los vecinitos deberían jugar al subi-baja, en un depósito.

Un último fenómeno atractivo, es la petrificación de vehículos. Es una pena que los habitantes enceguecidos no alcancen a disfrutar como, cualquier auto estacionado en un parquímetro cercano a una obra, puede ser decorado de forma similar a los ploteados opacos que tanto furor hacen, pero con cemento. Las permanentes salpicaduras de mezcla recubren vehículos en cuestión de horas.

Si hay una comunidad particularmente sensible a la deconstrucción de un futuro conjunto, y a la imposibilidad de una convivencia armónica, son quienes usan ruedas pequeñas. Aquí no sólo vale reconocer los esfuerzos que deben hacer quienes se trasladan en sillas de ruedas entre las ruinas, sino también el heroico transitar de madres que, cochecito en mano (literalmente), atraviesan las zonas en conflicto. Esta expedición por las veredas en construcción se hace ante la sugestiva mirada del plantel de la obra, como si los transeúntes hubieran violado algún territorio sagrado.

En el relato de Saramago, el autor coloca una persona -la mujer del médico- quien misteriosamente conserva la visión e intenta ayudar a los ciegos cercanos. Algo que en Córdoba podría atribuírsele a la Fundación Acceso Ya! (www.accesoya.org.ar), dedicada a temas de accesibilidad, una institución concientizadora y poco beligerante.

El futuro ya está escrito

Si dejáramos el final de esta columna en manos del nobel portugués, las palabras caen solas: los personajes del libro “Ensayo sobre la ceguera” (1996) luego protagonizan el relato “Ensayo sobre la Lucidez” (2004). Este libro relata como, años después de la epidemia de ciegos, el mismo pueblo comienza a votar compulsivamente en blanco leche, de forma misteriosa. Una lluvia de protestas pacíficas, como el propio blanco, tapona los desagües del poder vaciando de sentido a todo el sistema político y ahogando a los funcionarios que se interponen.

Tal vez la historia cordobesa de la próxima década esté disponible, para quien quiera enterarse, a $ 32 en los estantes de la librería Rubén Libros.-

martes, 4 de noviembre de 2008

Lluvia de Noviembre

(Publicada por la Revista Ocio en Córdoba, en su número de Noviembre)

Ya lo dijo Axel Rose en November rain “por que nada dura por siempre / hasta la fría lluvia de noviembre…” este mes tiene una copiosa cantidad de actividades de artes visuales, y hay que aprovecharlas antes que terminen.

De la abundante programación de las galerías, vale rescatar la exposición de Ana Luisa Bondone en Praxis. Esta artista goza de un gran prestigio, inclusive en Buenos Aires. En su trayectoria se mixtura su obra con el rol de directora de la Escuela Provincial de Artes Dr. Figueroa Alcorta. Formadora y autora, Bondone expone un conjunto de pinturas bajo el título de “Vistas”. Sus obras, como su propia persona, transmiten esa mirada serena, dulce y dominante que, como si buscara el horizonte, suele estar presente en sus trabajos.
El gran Carlos Crespo también muestra en Noviembre. Se trata de una serie de trabajos bautizada Dominó. La producción de Crespo se caracteriza por pequeños seres humanos capaces de transmitir grandes dosis de ternura, sufrimiento y desprotección. Son Crespo, somos todos. La obra y persona de Crespo han marcado toda una generación de artistas que le veneran. Un gesto al que muchos podríamos sumarnos adquiriendo uno de lo ídolos que el cordobés hace con sus manos y nos ofrece para nuestra salvación.

+ Data. Praxis: Bv. Illia 130 / 4245931. Artis: (después de haber estado en Argüello se mudó recientemente) Lima 909 – 4290750.

Los regios premios roggio

(Publicada por la Revista Ocio en Córdoba, en su número de Noviembre y PlanoAzul.com)

Quienes consideraban que el Museo Caraffa programaba poco arte local, han recibido dos señales claras de parte de la programación. La sobresaliente exposición que se exhibió como resultado del concurso de fotografía, y ahora el Premio Roggio 100 años de Artes Visuales, que también tuvo una cuota de cordobesitud importante: 14 de los 36 seleccionados son locales, aunque alguno sea adoptivo.
Con una primera distinción de $ 40.000, la gran empresa familiar ha conseguido volver a situar la marca Córdoba en el mapa de las artes nacionales. Pero además de eso, el Premio Roggio se lanzó con un evento potente, elegante y austero donde los artistas seleccionados brindaban con los very vips de la sociedad cordobesa.
Sin lugar a dudas la vedette de la exposición, que toma gran parte del museo, fue la fotografía. En la muestra hay una gran variedad de soportes, las esculturas blandas en tela, de Peisino, obras con neón –casi una marca registrada- de Dolores Caceres, pintura, objetos, videoproyecciones y el trabajo de Celeste Martínez quien se vale de varias estrategias para potenciar sus “fragancias de enfermedad”.
Algunos de los trabajos son verdaderamente ingeniosos, como la pieza de Gerardo Repetto quien genera imágenes pseudo-fotográficas que derivan –técnicamente- de la llamada que recibió del museo confirmándole que estaba seleccionado en esta muestra.
Sin dudas el trabajo al que hubiera premio yo, de haber estado en ese jurado.
El tercer premio se quedó en la ciudad, y más precisamente en las manos de Adriana Bustos, quien presenta una nueva serie donde las mulas –como antes fueran los caballos de carros- le permiten a la artista disparar imágenes y reflexiones de carácter social.
La heterogeneidad de abordajes, todos de calidad, en los trabajos locales dejó claro que la producción actual joven merece estar en el museo frecuentemente. Obras como la de Aveta, un espacio arquitectónico de onda soledad, o la teen pop de Dolores Esteve no tenían nada que envidiarle a los nombres nacionales de trayectoria como Nicola Constantino.
El primer premio, también foto, es una referencia a la guerra, la ciencia, y la destrucción. El resultado es una superposición monocromática de grandes proporciones y estética abstracta. Sin restarle méritos, había locales en condiciones de hacerle frente.-