sábado, 16 de mayo de 2009

La crisis global según Jorge Cuello

(Publicado por la Revista Ecléectica, en su Edición de Mayo de 2009)

Hoy busqué en un buen diccionario que mierda quiere decir “crisis”. La cosa viene por el lado de la inestabilidad, la imprevisibilidad de un cambio –probablemente inesperado- y la incertidumbre sobre su extensión. Ahí mismo se aclara que, de profundizarse la crisis, puede venir una revolución. Ésta es definida como un cambio más violento y drástico.
Sobre esta crisis, que muchos analistas coinciden en calificar de cultural, lo que estamos viendo es como lo grandes bancos se caen por causas exclusivamente propias (no ahorraron), aseguradoras inseguras, grandes compañías despidiendo gente o sea demostrando que no eran tan grandes, wall street en el psicoanalista y la city londiense sin ningún glamour. Pienso, en el acto, en una obra de Jorge Cuello, el artista de la intemperie, el rey de la inestabilidad. El mago de lo inesperado. Voy a la pieza de mi hijo y saco un cuadro que él mismo Cuello me regaló para el bebé: un tipo sin rostro y con un bonete empuja una locomotora en la oscuridad. Creo que Cuello, el mayor artista de Córdoba, es el único que predijo con eficacia lo que iba a pasar. Todos deberemos empujar esa locomotora parada que es el sistema en decadencia. Con un bonete, como los penitentes, deberemos arrastrar por una vía muerta (acá vale decir que toda metáfora ferroviaria duele más en un país sin tren) a esa economía sin maquinista a costa de un esfuerzo descomunal. Cuello no lo dice, pero yo me lo imagino perfectamente: ese penitente con algo de clown que empuja el sistema inservible a un abismo, somos nosotros. Y si perseveramos, vendrá la revolución cultural.
Del sonido que hará la locomotora capitalista con el motor apagado cayendo en picada por entre las sierras grandes, y los arreglos de percusión que el metal eleve al retorcerse en cada golpe del derrumbe, quedará una sinfonía. La música de un nuevo sistema. Sí, ese será el himno dodecafonista de un nuevo mundo post-crisis, con ciudadanos que hayan abandonado el bonete y una bandera –y ¡qué bandera!- lisérgica y multicolor diseñada por Jorge Cuello.
Sólo es cuestión de empujar un poco más.-

jueves, 14 de mayo de 2009

La pandemia se mira en el espejo global

(Publicado por la sección de Opinión de La Voz del Interior del 14 de Mayo de 2009)


Una característica de este momento histórico de teleconsumo mediático y digitalización es la mirada panóptica. A través de las pantallas de televisión, computadoras, o celulares, todo lo que sucede en cualquier sitio se nos informa en tiempo real. Somos unos vigilantes permanentes. Vimos “en vivo y en directo” como los aviones se estrellaban contra las Torres Gemelas, y desde ese abrazo de fuego en adelante, las noticias parecen danzar frente a nosotros, sin mucha intermediación o reflexión. Tal vez a un ritmo demasiado vertiginoso; de hecho, muchas veces no llegamos a analizarlas, e incorporarlas.

Generalmente no hay margen para creer o desconfiar. O tratando de ser positivo, la relación entre la información, el medio y su destinatario ha mutado significativamente a un ritmo impuesto por los avances tecnológicos. Además, el proceso desde la tele hasta la web y viceversa, ha perdido direccionalidad y ganado permeabilidad. Un tipo con un celular sube una imagen a una web, un canal la televisa, y otra persona a su lado, la ve casi al mismo tiempo. En cualquier caso, si está en la tele, si lo escupe Google, si se puede ver en Youtube o el noticiero, es verdad: debe ser grave y habrá que estar alerta.

Pero esa película fragmentada y a veces sensacionalista que todos vemos obsesivamente, consultando de forma permanente los portales informativos, no siempre es una creación colectiva, ingenua, formada por el conjunto de los productores de noticias. Eventualmente hay un guión, y este tiene intencionalidad. En los libros (ambos sobre epidemias) Ensayo sobre la Ceguera y fundamentalmente en su continuación, Ensayo sobre la lucidez Saramago reflexiona sobre el papel de los medios frente a situaciones de tanta gravedad social.

La Gripe A es la nueva protagonista del frenesí informativo, de esa película caótica, o muy por el contrario, estratégicamente redactada, que inunda la información de cada día. Hay un redactor anónimo de la cotidianeidad y lo noticiable que trabaja oculto en el corazón de la matrix de la sociedad de la información. Este ha conseguido capitalizar tantos años de películas catastróficas y epidemias descontroladas que Hollywood con mucho esmero ha ido manufacturando. Lo cierto es que esta gripe, la pandemia de influenza, la renombrada AN1H1 es un film de ciencia ficción al que asistimos todos, ya no como espectadores, sino en calidad de extras. Numerosos portales de la web ofrecen videos de personas preocupadísimas, con barbijos en autobuses o aeropuertos, y médicos ataviados como buzos dispuestos a bucear la profundidad de los males humanos muñidos de una tecnología cinematográfica.

Muchos líderes mundiales se han hecho eco tomando medidas impactantes, se montan hospitales de campaña, y los funcionarios de la Organización Mundial de la Salud dan conferencias de prensa, en salas empapeladas con mármol, con anuncios como “hemos subido el nivel de alerta”. Si en lugar de la OMS, estas emisiones pensadas para que los medios se hagan eco surgieran de la panza de la NASA, no nos extrañaría nada. La humanidad está amenazada, y esa es la noticia.

Inclusive deberemos esperar que el Papa -quien aun no se refirió a la utilización del barbijo, como sí lo hizo con los preservativos en el caso del VIH-, profundice sus bendiciones en español a las víctimas de este mal que aqueja a la humanidad.

La otra santidad, el dinero, a través de sus iglesias que son los mercados bursátiles, ya ha dado a conocer su parecer: todo será peor con el nuevo virus. Pero los billetes, aunque reciban el impacto maldito de un estornudo envenenado, seguirán siendo sanos, una vez que se seque el intento de atacar la moneda.

Hasta la diplomacia ha debido sentarse a solucionar problemas que parecieran fuera del siglo XXI, con fronteras cerradas y recomendaciones de no visitar países riesgosos, lanzadas y luego retractadas. El intríngulis de bodeville del concierto de las naciones empieza a abrir y cerrar puertas, mientras el turismo hace un aterrizaje forzoso en una pista que ya venía deteriorada por la escasa cantidad de viajeros.

Muy lejos de negar lo dramático de la situación, también vale hacer el análisis genealógico de esta gripe. La nueva “A” desciende de su abuela española nacida allá por 1918 cuando su ira virósica diezmó la población global en más de 50 millones. Es antipático, pero deberíamos reflexionar más sobre un siglo que pasó y un problema que vuelve.

Estrabismo mediático

Retomando la globalidad de esta potencial pandemia, una particularidad del caso es que ha conseguido cambiado la mirada colectiva. El ojo conjunto de la humanidad, ese órgano estrábico que lee la línea argumental de la información emergente, pero que a veces carece de la percepción de profundidad, ha desviado su interés. Ha cambiado su foco de atención. Por un momento, ese redactor oculto de los intereses del telespectador, consiguió que los ciudadanos ávidos de información abandonaran la lectura de los suplementos económicos, y la crisis económico-global perdió su espacio fijo en todos los medios.

La gran depresión que suponía aceptar que éramos más pobres y que deberíamos gastar menos, quedó eclipsada por la posibilidad de un mal mayor, de una alerta que cuestionaba ese ascetismo y pulcritud que nos había prometido la modernidad. Ha aparecido una nueva posibilidad informativa, y por cierto, de consumir algo. Algo que nos venden o venderán las industrias farmacéuticas. Mientras el conteo de los enfermos avanza en países muy desarrollados, particularmente en EEUU, y el virus demuestra cierta predilección por viajeros aéreos -dándole a la enfermedad un halo de clase media / media alta-, y de enfermedad primer-mundista- los noticieros señalan que saltamos la valla numérica de la fiebre aviar. Como todo mal mundial que se precie de tal, aún nos falta ver su capacidad destructiva en las poblaciones más pobres, o en el invierno de la parte sur del planeta. Recién entonces sabremos cuán serio es.

Cualquiera sea el cierre del rodaje de ciencia ficción de este mal mediático guionado para que parezca el fin de la humanidad, pareciera que se están respetando los nuevos criterios de las series televisivas más exitosas. Lost, Héroes y 24 tienen personajes y problemas contradictorios, ambiguos, con límites difusos entre los buenos y los malos, o mejor dicho entre “lo bueno y lo malo”. Ya en el caso de la nueva gripe, además de lo dicho, podemos asistir al espectáculo que ofrecen conceptos tan complejos, antagónicos, y complementarios como salud pública y negocios farmacéuticos nacionales interactuando entre si.-