lunes, 25 de abril de 2011

Una mente en la que vivimos todos

(Publicado originalmente por La Voz del Interior en el Suplemento VOS el 24/4/11)

En la Boca los vientos hediondos arrastran a los turistas internacionales, los arrabaleros for export, y los vendedores que falsifican el portugués hacia su corazón, el nacimiento de calle Caminito. Allí, un atasco de buses con cientos de curiosos le sacan fotos a la gigante Maman (1999). Se trata de una araña de acero y bronce que pesa 22 toneladas y mide 8 metros. Es la emblemática obra de Louise Bourgeois que Fundación Proa instaló en el frente de su edificio. Todos pasan debajo de ella, entre sus patas, observando que su cuerpo esconde varios huevos. Nadie se resiste, en ningún idioma, a la fuerza colosal de este homenaje que evoca a la madre tejedora. La araña es buena, aunque matará silenciosamente a los invasores para proteger a sus criaturas en ese frágil mundo privado que es su red. Atrapados, ingresamos como los otros 2000 visitantes de un día no laborable, a una de las muestras más exitosas de la historia de Proa.

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La primera sala exhibe otra araña Spider (1997) que une el exterior con el interior. Es un ambiente lánguido y atardecido que invita a conocer desde una celda, el interior de la mente de la artista. El texto del ingreso lo advierte: ni siquiera los surrealistas llegaron a desarrollar equivalentes plásticos tan nítidos como Bourgeois simboliza el sexo, el miedo, el amor, la soledad, la familia o la muerte. Esta segunda gran araña tiene su cuerpo enrejado. Ese un nido, un hogar y trampa con un sillón listo para la sesión de terapia en su interior. El exterior está cubierto de tapices antiguos con ángeles castrados. Eran la labor que su madre hacía casi un siglo atrás, tejiendo, modificando paños para norteamericanos puritanos. Mutilaba penes y ponía flores. Vaya colección de retazos que quedo.

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La sala 2 es la más grande del edificio y exhibe casi 50 piezas. Vivimos una potente alucinación anatómica donde se suceden entrañas, falos, vaginas, glandes y úteros en materiales duros y fríos. Estos contrastan con las sensaciones cálidas provenientes del otro conjunto de piezas confeccionadas en materiales blandos y texturados. La maternidad, el amor y el sexo flotan conflictivamente en la psique femenina. La ternura de materiales como la toalla reconforta a los espectadores que, unos pasos más adelante, serán sacudidos como en un orgasmo, frente a piezas de orfebrería psicológica y pureza formal como Arch of hysteria (1993) erigida en emblema de la exposición. Se trata de la anatomía humana en estado poético, el brillo del cuerpo suspendido a la altura de nuestras ideas. Somos mentes recorriendo la arquitectura de otro pensamiento.

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Las salas restantes de la planta baja exhiben otra celda, la Red Room (parents) (1994). Un espiral de puertas iluminado silenciosamente que permite espiar su interior por las rendijas de las bisagras. Dentro encontramos la intimidad de todos nuestros padres. Es la vieja habitación de papá y mamá, austera, universal y doméstica exhibida como arte de las ideas, de los recuerdos. Más abstracto será el voluptuoso The destruction of the father (1974).

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En la planta alta del edificio hay trabajos pictóricos –seguramente las piezas menos potentes de la muestra- que ilustran sanguíneamente ciclos vitales (copulación, nacimiento, infancia, crecimiento y muerte). Lo mismo propone The reticent child (2003), una serie de objetos pequeños y simples que sintetizan un embarazo, el sueño infantil, o la tragedia de la muerte. Materiales tan disímiles como el mármol y el tul conviven con una naturalidad femenina, sencilla y poética. El fondo es una lámina de metal que integra al espectador en un juego macabro y lúdico hacia el interior de nuestros temores. Vivimos en el reflejo íntimo y frágil de una casa de muñecas regenteada por Freud. Este nivel del edificio tiene otras obras icónicas como Nature study (2002), un cuerpo de águila con varios pares de senos defendiendo un pene en una reflexión maternal y edípica. Salimos del útero de la artista, un poco exhaustos, sucios de sus fluidos mentales y nos recibe la librería de la casa donde también se exhiben más trabajos y los dos tomos del catálogo.

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“He estado en el infierno y he vuelto. Y les digo una cosa: fue fantástico”, lo dijo la autora y lo dice el visitante al abandonar el edificio, medio mareado y con la incestuosa sensación de haber estado ahí, dentro de un recinto demasiado familiar, frente a lo que proyecta su propia cabeza.-


Hija, madre, esposa. Artista

Louise Joséphine Bourgeois, nacida francesa y naturalizada norteamericana, descansa en el cementerio de las y los más grandes artistas contemporáneos. Su producción está atravesada de forma radical por un abordaje psicoanalítico del universo femenino. Nació en París, el 25 de diciembre de 1911, para llevar desde entonces el nombre y la fuerte carga de su padre, quien junto a su madre restauraba y arreglaba tapices antiguos. Capaz para el dibujo, colaboró desde muy pequeña en el negocio familiar. Douglas Coupland dice “todas las familias son psicóticas” y los Bourgeois no eran la excepción: el padre enrollado con la profesora de inglés (que enseñaba cama adentro) ignoró la agonía de su esposa. Infidelidad paterna y muerte materna marcaron una práctica artística cargada de referencias vivenciales. Con su obra en circulación, al fallecer su padre, inicia un proceso psicoanalítico que sostendría toda su vida. Entrados los sesenta, explora materiales como el plástico, el látex, y las telas. Ya viuda, en 1982 es la primera mujer que tiene una retrospectiva en el MOMA. Protagonizando grandes muestras, en 2000 inaugura la emblemática Sala de las turbinas de la Tate Modern con una intervención y la gigantesca araña de metal Maman –adquirida luego por el Guggenheim de Bilbao-. Muere en mayo de 2010, con 99 años en el DNI y la medalla de la Legión de honor en la mesita de luz.


Información:

Louise Bourgeois: el retorno de lo reprimido. Curador: Philip Larratt-Smith (fue el responsable, en 2010, de Warhol en el MALBA). Fundación Proa. Av. Pedro de Mendoza 1929. Martes a Domingo de 11 a 19 ($10). Los catálogos con reproducciones y textos inéditos en español de la artista -una estudiosa de la psicología- son imperdibles e impagables.-

lunes, 4 de abril de 2011

El diseño en primera persona

(Prólogo de Las cosas del Quehacer, Colección La lengua de las mariposas, CCE.C, 2011)

En Una casa para siempre de Enrique Vila-Matas, un viajero termina su visita a una isla remota y habitada por personas tan misteriosas como hospitalarias, saludando a todo el pueblo. Recibe, como contrapartida, una calurosa despedida de los lugareños que lo acompañan hasta la playa donde retoma su destino. Sin embargo, su barco no puede zarpar durante tres días por problemas de navegabilidad. Durante la espera, los nativos deciden quedarse escondidos detrás de los árboles, pues “los saludos ya habían tenido lugar”. Con varios libros en la emergente colección de ediciones del Centro, desde la dirección del CCE.C estoy en la misma situación que esos sabios isleños, siendo una suerte de anfitrión permanente ante la celebración de la lectura de unos nuevos textos que resaltan, en este caso, la labor y reflexiones de los noveles creadores del diseño argentino.

Particularmente en Las cosas del quehacer la alegría es doble, no sólo por haber conseguido reunir a una interesante comunidad de productores provenientes de todos los países que son la Argentina, sino por haber podido concretar este proyecto trabajando conjuntamente con el INTI. Aquí vale resaltar la dedicación, tanto de Laureano Mon (el verdadero conductor del proyecto), como de Natalia Spollansky, coordinadora del CCE.C, quien hizo de interlocutora, gestora, fotógrafa y guía nocturna del ciclo de reuniones de trabajo que devinieron en este material.

Reflexionando sobre los textos en cuestión, es imposible presentarlos sin caer en la metáfora de la red que se va tejiendo entre los diferentes diseñadores del país, uniendo puntos con su merecido protagonismo, trazando un sello distintivo y único, a la vez que se aclaran diversas identidades. Una costura que consigue producir una trama conjunta, heterogénea, tensa pero realista, y evidentemente bonita.

Conocer los trabajos y propuestas de los participantes fue un acercamiento tan estimulante y seductor, como esperamos que sea este material para los destinatarios. Estímulos y seducción que trasluce las ideas que sostienen esos diseños, donde se integran las dificultades externas y propias de la actividad con su contexto, así como las similitudes y diferencias que muchos autores manifiestan en sus ponencias.

Si hay un hilo conductor, una referencia permanente, es el hecho que todos decidieron mirar más allá de la globalización unidirecciónal de los noventas y, levantando la vista para ver su propio horizonte, divisaron su entorno más inmediato, la paleta de colores de su región, su flora y fauna, sus montañas, ríos y personas. Dice Villa-Matas en el mismo libro -y perdón por reiterarlo-, que la lengua de los viajeros es la primera persona, y me ayuda a rematar el prólogo reforzando la idea de que los nuevos emisarios del diseño argentino son, como se puede leer, aquellos referentes que encontraron su propio discurso, estos autores que aquí se presentan. En primera persona.

Tenga usted un buen viaje en este coro de voces.