domingo, 17 de julio de 2011

Muestras de mierda. Una reflexión sobre el arte conceptual y las políticas culturales

(Publicado por la Revista Replicante de México)

El sistema educativo está lleno, fundamentalmente, de procesos de enseñanza cuya lógica es justamente la del docente y, en muchos casos, no guarda ninguna relación con la utilidad, o el sentido para quien aprende. El sistema se transformó en una razón en sí misma, y se enseña lo que dice el programa, como dice el programa, y por la sencilla razón que así cobrarán los docentes y pagarán los alumnos.

Como anécdota personal recuerdo haber rendido en condición de alumno libre (suena bonito pero es castigo) el último año del colegio secundario y, enfrentado al programa de física, descubrí que las últimas bolillas de la materia abordaban el (¿cómo llamarlo? ¿desactualizado?) tema de la “posible vida lunar”-. Aclaro que no era 1969, ni 1970, sino 1993. Pero al consultar cómo se abordaba el asunto se me informó que

debía estudiar estas hipótesis ya que el programa del colegio había sido escrito en 1965 y esas eran las reglas. Aprobé gracias a Galileo, Copérnico y Newton.

Así como uno las ve, las maestras -salvo mi abuelita, claro está- y las políticas educativas, han sido muy promiscuas con preferencia, para el ejercicio de esa promiscuidad, de los ámbitos culturales donde también puede observarse el mismo grado de cabezonería: “ingrese Ud. su pieza artística por esta política cultural y nosotros nos ocuparemos de devolverle un expediente. Nada tiene que ver con el arte, con las experiencias culturales, pero en sí mismo todo el proceso tendrá mucha lógica.

Incluso le podemos garantizar sellos en varios folios.”

En este contexto, el arte conceptual, aquel de las ideas hechas obras (y me hubiera gustad

o dejar un error tipográfico bonito “ideas hecha sobras”) gozará de cierto espacio en la medida que su envoltorio minimalista funcione adecuadamente como maquillaje para un museo. Pero ideas y política cultural parecieran ser una conjunción difícil.


En cierta medida

En cierta medida, el problema alrededor de un lugar genuino para estas experiencias artísticas, especialmente en el entorno latinoamericano, no viene del espacio que tienen, claro, algunos artistas bien rankeados, sino de la forma en que se aborda: se diseñan muestras de arte conceptual con las mismas herramientas metodológicas, museísticas, o de programación, que las utilizadas para presentar objetos, artesanías, música pop, diseño de indumentaria o piezas paleontológicas. Si no hay vida en la luna, da igual que si la hay porque ideas o jarrones, acá se muestras así.

Las políticas culturales herramentalizadas para funcionar como florituras de las otras acciones de un gobierno, son confeti y un estante ingenioso pero jamás llegan a la ciudadanía y, en todo caso, sólo consiguen profundizar la brecha entre aquellos pocos entendidos en arte y el enorme resto de asistentes que se auto-excluyen o se inventan verdaderos delirios lisérgicos frente a las propuestas conceptuales.

Dice José Texeira Coelho en el Diccionario crítico de política cultural (Gedisa / 2009) que la idea de que lo bello es patrimonio de la sociedad y la humanidad, aparece claramente en un decreto de la asamblea nacional francesa …. de 1792 y poco antes, el mismo autor dice que el objeto de las políticas culturales es que un número siempre mayor de personas tengan acceso a un número cada vez más grande de obras de arte.

Dado que aprobé física y conozco las teorías de los primeros sesenta sobre los habitantes de la Luna, me siento en condiciones de formular la siguiente pregunta del mismo lustro ¿Cuánto esfuerzo estatal se deberá destinar, entonces, a que los ciudadanos entiendan la mierda de Piero Manzoni? Porqué verla, la verán todos, además queda lindo y hasta es graciosa, descontando que conseguirá mucha prensa. Pero si el arte contemporáneo es aquel que cuestiona sus límites, el arte conceptual será el que cuestione los sistemas.

Orham Pamuk, en el Museo de la Inocencia dice los objetos que nos quedan de los momentos felices guardan con mucha más fidelidad que las personas que nos hicieron vivir esa dicha el placer de su recuerdo, sus olores, sus impresiones táctiles y visuales. Y aunque pareciera contradictoria la cita, o demasiado certera en el caso de Manzoni, la tomo para ilustrar mi frustración si se reemplaza el termino objeto por la palabra idea. -


viernes, 8 de julio de 2011

Un flâneur en bondi

(publicado por Ciudad X, Julio de 2011)

Tratándose de una crónica, este texto comienza con un hecho real en una librería de nuestra ciudad.

El lugar no es otro que Rubén, de calle Colón, el anaquel de saldos más diverso del centro; allí donde los libros de arte y los de porno conviven en promiscuidad. En una tarde de los primeros años del dosmil descubrí ahí un ejemplar de Arte, prosperidad y alienación, de Roy Mc Mullen. Rodeado de onanistas leí que la modernidad “mina la vitalidad de los viejos estilos para comunicarles, luego, una nueva vida difundiéndoles más ampliamente que lo que nunca lo estuvieron en el pasado. Aliena e integra, deshace y rehace...”. Valía, seguro, los diez pesos que cotizaba. En el colectivo lo empecé a hojear más detenidamente y, en detrimento de su posible integración a mi biblioteca, descubrí que había tenido un dueño anterior: la página de cortesía, arriba a la derecha decía “De Lorenzi”. Yo conocía a Cachoito por algunos libros en los que habíamos trabajado juntos, sobre todo en los de Daniel Salzano, pero no había mucha confianza entre nosotros, así que le mandé un mail. Todavía conservo, gentileza de hotmail, unas frases diciéndole que tenía su libro y que se lo devolvería a cambio de un café, siempre suponiendo un robo entre el dueño y el compraventa. Pero Cachoito había vendido el libro porque no le gustaba el diseño de tapa, aunque accedía a un café para hablar de eso. Leí el libro, probablemente de forma febril porque me pareció una mezcla lisérgica entre Canclini y Danto (referencias que jamás volví a encontrar) y, tratando de agradecerle a Cachoito la bibliografía, le compré Postproducción de Nicolás Bourrriaud. Se suponía que era lo mismo que McMullen, pero actualizado. Él entendió el mimo y se extendió en la charla. Debemos haber tomado unos nueve cafés y, como todavía se fumaba en los bares, el cenicero hirvió de Colorados como si se tratara de un antecesor del Puyehué. Llegué varias horas tarde a donde debía ir después, pero con la cabeza igual que el cenicero, hermosamente quemada.

Todavía Cacho era el alma gráfica de La Voz y trabajaba en muchos lugares más. Era como 10 hombres, sin embargo toda esa actividad no le había vaciado el corazón sino que lo mantenía lleno de ideas. Recuerdo que en otra fumarola de esos días le pregunté por la ciudad y me dijo que le entraba por la ventana del colectivo, porque De Lorenzi recorría en bondi las calles de corderoy. Él, como la ciudad, vestía esa tela en pantalones, sacos y gorras. Y siempre los remataba con unos timbos un poco fusilados pero muy grandes, y nunca negros. Only Marrones. ¿Qué habrá significado?


Había nacido en el 40, así que lo conocí con más de 60 años pero no se le notaba ninguno. Era, de hecho, el tipo más joven que me visitaba, al igual que su coetáneo, el Negro Carlos Narvaja, para el que no se me ocurre un calificativo mejor que negro culiado. Los dos tenían un amigo en común, el gran Jorge Bonino, quizás el artista más interesante que dio esta provincia. Los tres habían pasado por donde se debía: la Facultad de Arquitectura en los 60, cuando se suponía que ahí estaba el punto de fuga. Pero nuestro protagonista se bajó rápido de los moldes de la enseñanza y se dedicó al diseño, primero en la agencia de Borioli y Pont Vergés, por gentileza del primero -y a pesar del segundo-, dice la leyenda.

Su vanguardismo hizo que se acercara después a la televisión de los SRT, donde trabajó hasta el 79. Mientras de noche vibraba acompañando a Bonino rumbo al Instituto Di Tella, de día creaba “la cebollita” de Canal 10. A la siesta, para no dormirse, le daba a los cimientos de la escuela de Cine de la UNC.

Fue becario en Italia, curador de las bienales de humor e historieta, pintor, diseñador, ilustrador y animador (se dice que Norman McLaren le regaló una tijera, la única que entregó en el Cono Sur, al pasar por Córdoba). Pero nada de eso describe a Miguel De Lorenzi, una de las piezas claves de la cultura de Córdoba, cuya humildad era lo suficientemente grande para incluir la comunicación de todas las proezas del épico siglo pasado mediterráneo.


Siempre con fuego

Una tarde salíamos de ver un ensayo y le invité una cerveza, pero no quiso. Me dijo que se había tomado todas las que le tocaban antes de los 40. Me lo dijo hablando con las manos, esas herramientas gigantes que interponía entre él y la vida. Hablaba con los dedos muy separados y demasiado largos. Detrás, el único poseedor de la fórmula secreta para la identidad gráfica cordobesa, bajaba la cabeza y miraba desde abajo y hacia arriba con las cejas más grossas del interior, deletreando las vocales de esa tonada muy acentuada que le caracterizaba. Casi seguro, después de esa mueca te mostraba algo, una tapa de un libro, y te preguntaba ¿te gusta, nene? Nunca lo vi sin gafas o sin camisa. Desconozco si tenía torso, pero sé lo que sí tenía: tiempo para los amigos. Y fuego.

Bordeaba la sabiduría debido a una doble ración de una curiosidad que traía de fábrica, pero desde una sencillez de bar, llana, cercana, sincera. Y ese merodear urbano, con la mirada atenta y el velocímetro del paisaje puesto al ritmo de un puchito, le llevó a cazar instantáneas mágicas que luego nos enviaba por e-mail hasta que, por goleada, se ganó un espacio exclusivo en el diario que llevaría el nombre de sus envíos cartiebresonianos “Andurrreando la ciudad”.


Esa boquita

Nunca habrá suficiente espacio en una nota periodística para iluminar la oscuridad de los cuadros del Parque Sarmiento, las geometrías de las torres donde vivía y el amor de las parejas pintadas. No hay como mencionar las piezas comunicacionales de la FICO, Canal 10, La Voz, Día a Día, Epec, LW1, sin quedarse corto, y eso se notó en la muestra Recácholis que monto el CCEC. La magnitud del artista sonriente se evidenciaba cuando frotaba su calva para hacer surgir otra argentinita genial. Pero de todas sus obras, desde el colectivo como él hubiera querido, yo me quedo con el cartel de la Soppelsa hecho en 1975. Seguro. Un lunar de la ciudad, ese que tanto te atrae en la cara de ella. Una marca urbana pequeña pero muy presente, juguetona y contemporánea que, como el de los labios de la Monroe, te hace perder la cabeza cada vez que recordás lo sexy que era tu ciudad cuando el Cacho la dibujaba.-


Perfil

Miguel De Lorenzi, alías Cachoito nació en Villa María en 1940 y falleció trabajando en la computadora, el 24 de Junio de 2010. Artista, diseñador, sabio, se desempeñó en Canal 10, La Voz del Interior, el Emporio ediciones y Sudamericana, entre muchos otros laburos. Era un referente indiscutido del arte gráfico nacional y varios trabajos suyos están reunidos en “Miguel De Lorenzi / Pinturas, ilustraciones periodísticas y diseño gráfico”. La plaza de fumadores de La Voz, a la vuelta del Bar, lleva su nombre. Un justo homenaje, como los dos blogs que le tienen presente: El concurso “me falta un cacho” http://mefaltauncacho.posterous.com del CFE y el CCE.C y Andurreando la ciudad, de La Voz http://www.lavoz.com.ar/andurreando.

domingo, 3 de julio de 2011

Revoluciones e-reales

(Publicado por La Voz del Interior, en su suplemento Temas del 2/7/2011)

Los ciudadanos
pretenden reconquistar el poder ¿un sueño vuelto realidad o una utopía virtual? No hay dudas del enfrentamiento entre la forma tradicional de hacer política y el nuevo civismo activo de Internet y las acampadas.
El comienzo de esta nueva década está atravesado por una serie de movimientos políticos emergentes que se caracterizan por una horizontalidad en su estructuras y una apropiación de espacios comunicacionales como las redes sociales. Parece un escenario remoto, localizado en Islandia, Túnez, o Europa, pero tal vez las tomas de las Escuelas Provinciales durante el año pasado son un síntoma local de un fenómeno global. Algunos votantes toman las calles en busca de un espacio diferente al de los partidos, pero con resultados diversos. Argentina y los cacerolazos del 2001, las protestas contra la ley de educación cordobesa, Islandia 2010, la primavera árabe, y las protestas en Europa de este año visibilizan la potencia comunicacional de las redes, desde los sms hasta twitter. Pero las autoridades, y tal vez los medios de información tradicionales, no están capacitadas para dialogar con estos colectivos.

Política emergente de ciudadanos sumergidos

Córdoba, 18 de diciembre de 2010. Todavía hay personas detenidas y hospitalizadas después de la jornada del 15, cuando se sancionó la nueva ley de educación en la legislatura cordobesa y su corolario fuera un enfrentamiento entre los manifestantes y las fuerzas policiales. Uno de los hospitalizados coloca una ficha y enciende el televisor de su pieza. Ya le darán el alta. En las noticias internacionales que filtra el TV hay un dato que pasa, casi desapercibido. Mohamed Bouazizi, un joven tunecino de 26 años acababa de inmolarse como protesta por la confiscación de su puesto ambulante de frutas. Tenía esa actividad para alimentar a su madre, sus dos hermanos y cuatro hermanastros. Formaba parte del 20% de desempleados de su país, situación que se ampliaba al 60%, en el caso entre los menores de 30 años. El día anterior, además de ser víctima de la incautación de su único capital, y de la violencia policíal, no tuvo suerte con una presentación solicitando la restitución de su mercadería. Es que las autoridades no saben escuchar.

Mohamed falleció el 4 de Enero y pasó a ser considerado El Padre de la Revolución Tunecina, pero su muerte sirvió como detonador para hacer estallar 24 años de dictadura conducida por Zayn al-`Abidin Ben Ali.

Con una genealogía difusa, tal vez descendiente de los cacerolazos veraniegos de 2001, y remotamente Islandia 2010, la denominada Primavera árabe se extendería de Tunez a Argelia, Libia, Jordania, Mauritania, Omán, Sudán, Yemen, Egipto, Líbano, y Marruecos con diferentes grados de incidencia en la política: acampadas, manifestaciones, cambios en el gobierno o revoluciones; y una realidad que no deberíamos olvidar, más de 10.000 muertos. Muchos mensajes enviados desde el celular, mucha red social en Internet y los gobiernos bloqueando el acceso a la información. Pero la inestabilidad sísmica de la red y el volcán social ya estaban activos, eran imparables y cruzaron al viejo continente. Grecia, Portugal, España, pero también Francia comenzarían a experimentar, con mayor intensidad este año, un descontento entre los jóvenes y los desempleados (lamentablemente sinónimos en demasiados casos).

El cordobés, estudiante de la ciudad de las artes y artesano, ve entrar al médico que le enviará a casa y mira al tunecino agonizar. Piensa “Podría ser yo”.


El silencio oficial y los alaridos virtuales

Hay cierto acuerdo en distinguir estas nuevas formas de hacer política del Mayo del 68, cuando diversos grupos (la izquierda estudiantil, los sindicatos, el partido comunista) unieron fuerzas para hacerse oír. Las acampadas y manifestaciones de este 2011 se caracterizan por reunir gente común, “ciudadanos de a pie” en espacios públicos con una fuerte sensación de civismo y una arquitectura organizacional horizontal. De alguna manera, los grupos de estudiantes cordobeses que se opusieron a la reforma de la ley de educación el año pasado, también compartían esas señas, tal vez con menos cuidado por algunas formas de democracia como la discidencia, o el cuidado de los muebles e inmuebles de las instituciones que defendínan. Pero el caso es que estaban vivos y manejan sus utopías fórmula uno contra el poder, y eso está bien.

Steven Johnson, autor del libro Sistemas emergentes O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software destaca las similitudes entre el crecimiento del moho, las redes del cerebro humano y la autoorganización de grupos que se dan, naturalmente, en Internet. Son “sistemas ascendentes, no descendentes. Extraen su inteligencia de la base” y agrega “la evolución de reglas simples a complejas es lo que llamamos emergencia”, y lo demuestra con las hormigas cuya individualidad es incapaz de volver hasta su hormiguero si pierde la huella de sus compañeras. De hecho, una hormiga sola no conseguiría subsistir unas horas, pero muchas harán complejas obras de ingeniería, con basureros, cementerios y estructuras muy avanzadas. Lo hacen, misteriosamente, gracias a las relaciones dinámicas que trazan entre sí, porque no hay una jerarquía que dirija. Pero, a diferencia de los sistemas virtuales para recomendar libros, encontrar a nuestros amigos del colegio, o hacer de wikipedia el diccionario infinito y colaborativo que es, la política emergente tiene dificultades para hacer oír su voz. Se considera erróneamente que la mecha de las nuevas protestas se enciende en Internet, pero el sociólogo catalán Manuel Castells, que denominó a la revolución de Túnez la wikirevolución del jazmín señala “la miseria, la exclusión social, la falsa democracia...” son la causa, y la sociedad ha usado las plataformas para congregarse y construir de forma conjunta y colaborativa su discurso. Son, tal vez seamos, hormigas con una voz casi imperceptible. Pero somos muchas. Somos un apabullante coro de hormigas.

Las relaciones entre mensaje y canal, entre medio y soporte, se mezclan y en España se convoca a un #15M , o un #19J porque la presencia del signo numeral, lejos de ser una excentricidad, es una referencia o etiqueta para encontrar temas en la red social Twitter. En eso sí que la virtualidad se materializó. Sin embargo, aunque todo político que se precie de tal tiene su cuenta en Twitter, Facebook y otras redes, esos dirigentes no pueden sumarse a la lógica de las conversaciones, el pensamiento colaborativo y la emergencia. Sólo levantan la voz. Y a las hormigas no se les grita.


Los indignados se han empoderado en las redes de comunicación. Europa, y seguramente en todo el mundo de forma latente, pareciera que asistimos a un momento histórico y vertiginoso. Pero frente a los parlamentos de, cada vez más ciudades en Europa, hay un bullicio que no llega a escucharse dentro de los recintos, donde nadie se da por aludido. Inclusive muchos medios de información comulgan con la vieja verticalidad de la sociedad, desde arriba y para abajo.

Hasta el momento las acampadas y protestas no han conseguido mucho. O por el contrario, el recetario de la economía ortodoxa se impone en la cocina de Portugal, con el triunfo de la derecha, mientras Grecia y España no pueden contener su socialismo y ven propuestas liberales servidas en bandeja que nada tienen que ver con las proclamas que se reclaman justo al lado, en la acampada.

En Córdoba, volviendo a la ley de educación, después de semanas de toma, tampoco se consiguió incidir en el tradicional hermetismo de la dirigencia, ni en lo que se conoce como “la opinión pública”. José Luis Sampedro, escritor y economista español, analiza lo que se denomina #spanishrevoluction al decir que el sistema socio-económico atraviesa “una crisis brutal de valores” y que “cuando esto se hunda, y se está hundiendo” vendrán alternativas. Por ahora, la gente todavía opina y vota “por lo que ve en la televisión”. Pero, mientras en la calles de muchas ciudades de Europa, la gente dice ¡basta! Sampedro dice “otro mundo no es posible... ¡otro mundo es seguro!”.-