jueves, 20 de junio de 2013

Nace una flor. Todos los días sale el sol

Sobre la incorporación del Genocidio Armenio y la Shoah a la agenda de la ciudad

Durante el mes de mayo del corriente año, el Honorable Concejo Deliberante de la Ciudad de Córdoba dispuso con fuerza de ordenanza, y con amplio respaldo de todas las fuerzas partidarias, la adhesión a las leyes provinciales 9585 y 9586 que proponen el recuerdo e incorporación a los programas educativos del "Día de Conmemoración del Genocidio contra el Pueblo Armenio" y el "Día de Conmemoración anual de las víctimas del  Holocausto" respectivamente.
El otoño cordobés que nos invita a recordar permanentemente, con la caída de las hojas, la fragilidad de la vida es propicio para detenernos a pensar en aquellas almas que no se cayeron a su debido tiempo sino que fueron arrancadas violentamente. Hombres como árbol, y retoños de corta edad que murieron en manos de totalitarismos. Vidas segadas por las formas más crueles de violencia estatal.
Ambas ordenanzas, entregadas inmediatamente a las representantes de la D A I A y el Embajador de Armenia no solamente fueron un acto político, cívico y de profundo sentimiento de todos los barrios de la ciudad representados en el recinto, sino que vienen a integrar un entramado de acciones que desde el poder ejecutivo municipal y el legislativo se vienen realizando en el marco del camino hacia los “30 años de Democracia”.
Este eje articulador de políticas municipales, cuyas acciones, foros y programas serían difíciles de enumerar en esta columna, es un eje ideológica que ha sido bandera del radicalismo desde siempre.
Más allá de lo dicho, el modo de incorporar al inconsciente colectivo de Córdoba dichos capítulos oscuros de la historia merece destacarse en la medida que en nombre del propio Concejo Deliberante se les entregó a ambas instituciones una obra de arte de la joven artista cordobesa María Florencia Gómez. Estos testimonios hablan del poder de la belleza y de nuestra creatividad como homenaje.
Casos como el de Primo Levi (enorme escritor italiano-judío que milagrosamente salvo su vida de Auschwitz), u Orham Pamuk (autor turco merecedor del premio Nobel 2006, hostigado por reconocer el genocidio que cometiera Turquía) nos imponen la necesidad de reconocer que la educación, la cultura, y el arte son los caminos más conducentes hacia el corazón de los pueblos. Son, en manos de una joven creadora y su obra, un punto sin retorno para la incorporación, reflexión y concientización de las tragedias, así como las deudas arrastradas en nuestras sociedades.

Por más opresivo que haya sido el pasado, recordándolo con vocación optimista –baste con leer la obra de Levi-; por más difícil que parezca la poética de las elegías -como hace Pamuk en “Estambul”-, siempre se repite el milagro a nuestro alrededor. Siempre celebramos la vida. Siempre recordamos la letra que García le pusiera a “Inconsciente Colectivo”. Siempre escuchamos a la Negra Sosa enarbolándola como una metáfora del fin de los tiempos oscuros y violentos. …Mamá la libertad, siempre la llevarás / dentro del corazón / te pueden corromper / te puedes olvidar / pero ella siempre está