martes, 18 de noviembre de 2014

Los memes o de cómo la ciencia invirtió 40 años en perfeccionar el ring-raje

Antes de todos estos mouse y pantallas táctiles, la diversión más popular de la siesta consistía en tocar el timbre de una casa –idealmente una en la que estuvieran durmiendo- e irse, no sin antes insistir, a un escondite seguro. El resto de los adherentes debían observar a la somnolienta víctima recorrer el vacío del pórtico con la mirada y reírse a un volumen moderado.
Dado que los countries, al menos en esta ciudad datan de los noventas, esta práctica no distinguía condiciones sociales, sexuales, ni geográficas. Aunque su auge fue en los setenta –quien suscribe llegó tarde (como siempre). Yo integré una de las últimas cofradías de los practicantes del ring-raje, allá por los ochenta. Dice el mito que un[i], lo que le permitió plantear la teoría de los memes allá por 1976, año de mi natalicio.
a de esas siestas de los setenta alguien sometió al científico Richard Dawkins a un ring-raje en su Inglaterra natal
Pero antes de desviar nuestra atención a temas de menor monta, como pueden ser las teorías evolutivas que revolucionaron la forma en que entendemos la ciencia y el conocimiento, reconozcamos que las tecnologías de la comunicación evolucionaron: el timbre fue reemplazado entre muchos vecinos por el teléfono, como elemento para sus comunicaciones. Si los últimos setentas fueron años de ring-raje (en adelante rr), los últimos ochentas fueron años de cachadas telefónicas luego tristemente parodiadas por Bart Simpson. Efectivamente el avance de la telefónica de la mano del plan Megatel trajo aparejado una nueva práctica consistente en llamar a algunas familias al azar para tomarlas por sorpresa o, idealmente antiguas víctimas del rr, o cuyos apellidos tuvieran relación con frutas “Familia Banana” de la calle Maestro Vidal, o verduras como el caso de Orlando Berenjena de barrio Suipacha. Todos estos vecinos eran sometidos a bruscos cambios de realidad. La brevedad, así como la búsqueda de la broma perfecta, venían de la mana de una emoción oculta o una referencia sociocultural. Y la sencillez. La sorpresa, idealmente la contundencia de un único concepto eran la base. Paradigmáticamente el humor ha de ser despojado en estos casos. No se trata aquí de demostrar, como en instancias de un espectáculo humorístico en un escenario, y hacia un público, cierta capacidad para la floritura del relato.
En el colegio, laboratorio de todo proceso cultural, las bromas no era orales sino fundamentalmente pictóricas: el parecido entre el peinado de nuestra compañera de banco y un little pony era  la base de un papel que podía circular por varias aulas y ser el murmullo de un recreo entero, aunque la característica de todos estos mecanismos siempre fue su evanescencia. Mañana nadie se parece a un Little pony y deberemos empezar de nuevo.  Y hay que insistir, entre pares (alumnos, vecinos, cibernautas) nada de adornos ¡Pum! referencia y listo.  Fuera de la escuela nuevamente, y poco después de haber mandado a desguace a todas las Drean Commodore, nos fueron enviaron correos, el primero con noticias, el segundo con publicidad y el tercero del amigo chistoso (sí, el que dibujaba en clase las caricaturas y cuyas cuentas familiares de teléfono era tan largas como graciosas sus cachadas). Corrían los noventas y estas cadenas de textos graciosos fueron rápidamente reemplazadas por powerpoints cuya falta de comicidad era exactamente igual a lo complejo que resultaba hacerlos atravesar una conexión dial up.

Stickers virtuales sobre fotos interpelando con una idea simple una imagen y creando un nuevo sentido cuya apoyatura siempre es una referencia social y cultural. El ridículo, así como lo bizarro y lo paródico ganaron espacio y, gracias a la posibilidad de comparar en tiempo real lo original con la parodia en youtube, el humor cobró una nueva dimensión intratemporal, tal como propone Damian Fraticelli en “El arte de las parodias” (Colabor_arte Scolari, Carlón: 2012).
Los memes son ladrillos de humor sencillos, breves, inmediatos, desconcertantes que construyen una trama efímera pero que ganan espacio y hasta su propia historia, y que han dejado de ser patrimonio de los hardusers para democratizarse. ¿Tenés un meme? Conocé su historia en http://knowyourmeme.com/ donde miles y miles de memes están listado, analizados e indexados. Si lo tuyo no es la investigación académica, pues en Youtube buscá a slenderman u otros profetas virales de los memes.
Tetas desparejas, patinadas, caídas, gatos modificados burdamente que hablan, el chavo del ocho, skaters desafortunados, futbolistas, bebes ocurrentes y muchas otras piezas culturales vomitadas por el memegenerator componen una heterogénea trama semiótica que caracteriza lo cualitativo de muchas telecomunicaciones.
¿Y Dawkins? Richard Dawkins[ii] es un investigador y divulgador que editó en 1976 El gen egoísta proponiendo la idea de meme, como “el” elemento estructurante de la comunicación y la cultura. Mientras el paisaje de la naturaleza y el ecosistema están dominados por billones de genes que, mediante complejos mecanismos –como cada una de las formas de vida-, se entremezclan en busca de su propia supervivencia y continua adaptación, en tanto la menor medida de información viva, los memes son la unidad del conocimiento. Lo mínimo que una persona puede transferirle a otra, una idea en estado puro, un concepto, un ladrillo de la construcción cultural que inicia junto a su andadura, su madurez, su polenización telecomunicacional, y el riesgo inminente de ser fugaz.
Jorge tiene aliento a pedo. No mucho más.
Los genes escondidos en cada uno de los seres vivos dan su batalla por la continuidad del legado, mientras que los memes son casi un chiste que le han hecho al pobre Richard ¿Rajamos?


[i] En rigor nació en Malawi, pero el dato arruina el escaso humor del texto.
[ii] También tiene su parodia en South Park

viernes, 11 de julio de 2014

Emoción y entelequia en el pseudoambiente

Verdad y mentira; realidad y ficción. Emoción y entelequia. Psiquis. Todas formas tremendas de recortar la realidad, todas maneras más o menos justificadas de parafrasear a Herbert Spencer, con aquello del “Asesinato de una bella teoría por una pandilla de hechos brutales”.
Lo concreto es que Lippman[1] propone un interesante espacio entre el observador y lo observado que denomina pseudoambiente. Ese vasto territorio entre lo real y lo que el hombre cree ver es una oportunidad de construcción de una realidad interpretada, alimentada de subjetividades donde sucede –con mayor o menor grado- la ficción. Vale señalar que la ficción no es necesariamente unaa antípoda de la realidad sino sencillamente una variante.
Al mismo tiempo, ficción no es sinónimo de una realidad imposible, sino una zona que puede tener un grado mayor o menor de certeza pero que ha sido delineado por un hombre y no transcripto de la verdad, como William James (EEUU; 1842 / 1919) propone al referirse a la cultura.
Algo muy interesante en el texto de Lippman, saliéndose un poco del tema pseudoambiente y trasladándose a las reacciones de los hombres podría ser la siguiente hipótesis “El analista de la opinión pública debe comenzar por reconocer la relación triangular entre la escena de la acción, la representación humana de dicha escena y la respuesta del hombre a esa representación que se manifiesta en la escena de la acción”[2]. Esa reacción estaría alimentada, o por la emotividad, o la intelectualidad, y tal vez sería fruto de la ciencia, o de la opinión. En ese sentido difícilmente encontraríamos mejor parangón que en la obra “El rapto de psique”[3] relato en el que Eros, o Cupido, toma a Psique – el hálito, la mariposa, la vida misma. Al leer la historia de amor entre Psique y Cupido, o la entelequia y la emotividad, podríamos concluir que aquel combustible que subyace en el pseudoambiente y es la tinta de la ficción está en permanente tensión, como dos amantes voraces que lo fueron.-



[1] Lippman, Walter, La opinión pública, capítulo El mundo exterior y nuestras imágenes mentales (1964), Compañía general Fabril Editora, Argentina.
[2] Ibídem página 22
[3] Apuleyo, Asinus aureus, SII DC.

Mercantilización e interior de los lectores multitask

Me ha interesado especialmente la nota de Natalia Blanc para el Suplemento ADN de la Nación, publicado el día Viernes 17 de Mayo de 2013 denominada “Leer en un mundo de pantallas”[1]. Y no deja de ser cómico que se comente desde un soporte no físico, aunque sea tal vez esto mismo, una forma de darle mayor sentido a la reflexión. Casi una ironía epistemológica.
Su texto, muy interesante por cierto (y conviene decirlo a principio cosa que no quede la menor duda), me ha invitado a pensar en el planteo que hace Vincent Mosco[2] al desarrollar su “mapa sustancial de la economía política” y sus tres procesos: mercantilización; espacialización; y estructuración. En cuanto al primero, la mercantilización, es especialmente rica la idea de su doble significado como sustantivo (proceso que incorpora bienes y los sitúa en el mercado) y como adjetivo ya que las industrias culturales o al menos mediáticas, para caracterizar como se modifican procesos y contenidos en tanto necesidad de ofrecerle a los anunciantes un vínculo con sus audiencias.
Teniendo el antecedente de que la invención de la imprenta cambio la forma en la que se escribía la biblia para popularizarla, esto es democratizarla, pero a la vez para ampliar su audiencia cabe perfectamente preguntarnos cuales van a ser los cambios fruto de los procesos de mercantilización en sus dos variantes, frente a esta lectura mulpantalla. Y más allá del soporte, como propone Canclini en la nota, esta nueva “paraliteratura” ¿qué extrañas estrategias de mercantilización estará desarrollando para los lectores multitask de textualidades diferentes de Quevedo?-



[2]  Mosco, Vincent, (2006) La Economía Política de la Comunicación: una actualización diez años después, CIC Cuadernos de Información y Comunicación, vol. 11 (57-79)

domingo, 4 de mayo de 2014

Andrea en el país de las pesadillas

Sobre la muestra de Pat Andrea en el Museo Provincial Caraffa
Córdoba, Argentina. Del 12 de diciembre al 6 de marzo de 2014

(Publicado por Arte al Día Internacional Abril 2014)  

- ¿Cómo sabes que yo estoy loca? / - Tienes que estarlo, o no habrías venido aquí.” La cita de Alicia en el país de las maravillas (Lewis Carroll, 1865), es casi una contraseña  para ingresar a la sala número 2 del Museo Caraffa, tal vez la más importante del edificio.
 Allí nos sumergiremos en el mágico mundo de una nueva versión ilustrada para el clásico de la literatura onírica. En este caso penetramos al recinto de exposiciones de la mano del artista Pat Andrea (Holanda, 1942) quien recibió el encargo de ponerle imágenes a la biblia del SXIX por parte de la editora Diane de Selliers.
Se trata de un sueño que le demandó de 5 años de insomnio.
A diferencia de versiones como la de Tim Burton (2010), los personajes de este artista radicado -según el sol- entre París y Buenos Aires guardan familiaridad con clásicos como Bacon y Dalí, al mismo tiempo que son parientes de autores argentinos como Carlos Alonso y sus personajes atormentados, o Antonio Seguí y sus hombres urbanos caminantes.
El dibujo, el trazo, las proporciones antropomorfas cambiadas de escala y el ridículo enamoramiento que nos embriaga, son los protagonistas de este relato de grandes dimensiones y mayores puentes hacia nuestro inconsciente que sacude sin elegancia pero con visceralidad nuestra psiquis.
Las obras exhibidas, incluyendo una intervención a muro realizada en vivo y que fuera donada al emergente proyecto de Museo MACU (pronto a estrenarse en la serranía cordobesa), tienen una sutileza subjetiva y un erotismo objetivo que toma a los visitantes del corazón, o de los testículos, dependiendo de su edad. Alicia es una deforme hermosa cuyo coño promete el más bizarro deseo de cada uno, ante la atenta mirada de un conejo, un gato elegante, el propio Carroll, personal de seguridad de sala y algún asistente incomprensivo del museo.
Subimos por los peldaños del misterioso mazo de cartas que baraja el artista hacia una reducción de nosotros mismos que habita en una cabeza enorme, de blondos cabellos y, entre dibujos mitad comic, mitad pictóricos, nos emborrachamos de colores y obras aparentemente inacabadas.
Es que Andrea es hijo de un pintor y una ilustradora.

Es que Andrea (quien fuera ilustrador de Playboy en los 80s), y con él todos, tiene síndrome de Estocolmo y nos empuja a ser rehenes de este relato, nuestro propio viaje a la perversidad y candidez de Alicia.  Junto a Dylan y Joyce, cada visitante está condenado a la concreción de sueños y pesadillas que persistirán en la sala siguiente, en el día siguiente, porque se incorporaron a nuestro país de las maravillas, aquel cuya existencia es nuestra única certeza.-

domingo, 23 de marzo de 2014

Selfies, Zings! y grafitis

Los selfies son autoretratos tomados por el mismo prosumidor que tienen la particularidad de dejar explícito que se trata de una toma autoproducida debido a que el autor/ protagonista sostiene la cámara o teléfono. Esta práctica es tan habitual que muchas celebridades son verdaderos selfionautas. A entender de Julieta Fantini en La Voz del Interior del 29/12/14, “el 2013 fue el año de las selfies” aclarando que normalmente se trata de una práctica individual –aunque los Oscars, Samsung de por medio nos indicaran lo contrario-, a veces con espejo de por medio, mediante una celucámara y bajo la toffleriana idea de hacerlo uno mismo. Milley Cirus, James Franco y hasta el Papa Francisco han pasado y posado.
Los Zing! Por su parte homenajean la canción de Travis (Sing, 2001, que llegó al tercer lugar de la UK singles chart list e integra el LP Invisble band), pero son un fenómeno más alternativo. También son autofotos pero con la particularidad que incluyen una dedicatoria, un mensaje, una firma. De allí su nombre que es una variación de sing, firma en inglés. Son tomas muy teenager destinadas a redes más visuales coomo fotolog e incluyen cierta pertenencia, como si ese cuerpo fuera del homenajeado. Los hay de diversos tipos, más elaborados, o menos; y sobre todo más atrevidos o no tanto. En este campo no escasean traseros turgentes, senos y penes firmados con el nombre del homenajeado, también llamados sexoxo. Lo explica bien el filósofo Byung-Chul Han (1959) en la Babelia del 23/3/14 “La existencia de cualquier cosa depende de que sea previamente expuesta, de su valor de exposición en el mercado. Y con ello la sociedad expuesta se convierte también en pornográfica. La exposición hasta el exceso lo convierte todo en mercancía. Lo invisible no existe, de modo que todo es entregado desnudo, sin secreto, para ser devorado de inmediato, como decía Baudrillard.

Siempre en materia de identidad en la globalidad, la práctica del Grafiti y sus firmas, tachaduras y señales no deja de ser, paradigmáticamente, una experiencia artística que publicar en muros (a lo facebook) un mensaje desde el individuo y hacia su red. Hacia la red urbana.

lunes, 10 de febrero de 2014

38

El martes 11 de febrero se cumplen treinta años de la primera vez me dieron una buena paliza. Mi papá nos hizo choripanes y después nos fuimos a jugar a la pelota a un baldío que hoy es un barrio cerrado. Debemos haber sido cerca de diez, y jugamos contra los que estaban en la canchita. Ganamos el partido y varios ojos morados. Dejé el futbol.
Hace 24 hice un asalto. Primero y último. Un fracaso como tarjetero de mi propia fiesta porque, cuando jugamos al semáforo, debimos dar varios besos del mismo sexo. Y no estaba vigente, era un mal cálculo. Hace 23, creo, fuimos con mi gran amigo a matar palomas con el revólver de su papá -sacado sin permiso-. 6 balazos y ninguna paloma. Creo que empezamos a fumar ese día. Y a comer mandarinas para tapar la evidencia. Un cura nos corrió a escopetazos. Feliz pum-pleaños.
Hace 20 años festejé por última vez mi cumpleaños en casa de mi mamá. Fiesta brava. Yo me propuse dejar de fumar. Cada año.
El resto de las anécdotas son levemente frustrantes.

Sin embargo, desde hace un tiempo cuya métrica pertenece al jazmín de mi vecino, fundamos una familia con Laura y la cosa volvió a ponerse buena. Somos cuatro invencibles. O casi.
Por mi parte, bajé, subí, aplaudí y lloré.

Tengo más de cien puntos conquistados en una bicicleta yincia; nariz rota; botellazo en una ceja y pedrada en la otra; mandíbula desecha por mi mismo en una posterior bicicross; una pecera con 27 años de complicidad; peso variable y pocos cariños estables, a más de los míos más cercanos.
Entonces brindemos, brindemos por estar juntos.
De nuevo.
Escuchemos música y levantemos hacia las campanas una carcajada con forma de abrazo.  

sábado, 18 de enero de 2014

Dioses. De la música

No se sabe cuál fue el día que Dios destinó a la creación de la música (si es que está en manos de un Dios crear otros), pero sí hay certezas que trabajó con mucha alegría, y que desde entonces tuvo competencia. Como fuera, con el ritmo descubierto, los primeros músicos interpretaban sus instrumentos en una caverna, y la danza fue la respuesta por parte de los primeros asistentes al show prehistórico. En ese momento el paralelismo entre música y religión se confunde en un acto donde lo místico y lo musical son una sola ceremonia.